Contra las tendencias o la rabia que te dan los bares cerrados

Buenos Aires, 31 de marzo (MaremotoM).- Me encantan las notas de tendencias.

A ver si se entiende mejor: no las de twitter, que tanto te mezcla el hash con una expresión de buenos deseos (#BuenPresábado, digamos, aunque desear un buen presábado me suena tan exótico como aplaudir un atardecer) como el nombre de un juez corruptocorruptísimo, de ésos de los que la mitad de los followers pide linchamiento público y la otra, que le pongan su nombre a una calle.

Tampoco la de los noticieros de radio: ya sabemos que el dólar va a subir (no importa cuando leas esto) y que cada vez que llueve hay alerta de granizo.

Me encantan las otras notas de tendencias. Las que te cuentan que sos un gil (eres un bobo) porque puedes vivir mejor pero no aprendiste a soltar. Las que te enseñan los periodistas vivenciales, ponele.

Tal vez porque ahora se usan los cafés de especialidad (nunca me atreví a preguntarles qué quieren decir). Foto: Norberto Chab, cortesía

Me encanta saber que comer barro es una práctica de moda entre las famosas para perder peso. No es tendencia, en cambio, meterse en un volquete para revolver barrio y mierda con tal de sacar restos podridos de alimento.

O que hay que seguir los consejos Kakebo, el arte japonés de ahorrar dinero que inventó una mujer principios del siglo 20 y que ayuda a las familias a ahorrar hasta un 35% de sus ingresos. ¿Cómo no me avivé antes de usar las tarjetas de promociones para ir al spa o a un fin de semana al campo? Esta señora ilumina caminos. Como esa otra señora, Marie Kondo, que promueve tirar todo lo material. Mi límite es el carné de All Boys, doña. Todo no se puede.

Tendencias como el coworking, esos espacios compartidos por un equipo de trabajo para desarrollar sus proyectos. Espacios que generalmente son bares: una cosa es la tendencia y otra, el consumo. A propósito, tendencia también es tomar cerveza artesanal. Dicen que la que está de moda es la neipa.

Rabia, mucha rabia. Foto: Norberto Chab

Lo que es yo, qué quieren que les diga, sigo todas las tendencias de un suplemento sabatino que combina sabiamente gastronomía con fitness. Tómate una neipa. ¡Cinco neipas seguidas! Pide tragos exóticos, come thai, elige postres con maracuyá. ¡Revienta comiendo! Y después madrugas y haces rockcycle. Porque nada como el gym para saber si sigues o no una tendencia.

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¿El poliamor digital? Es tendencia.

¿La vuelta del casete? Es tendencia.

¿Sos o no sos un caresumer? Fíjate de qué lado de la mecha te pones.

Todo es tendencia.

Si yo tuviera la capacidad de detectar una tendencia (sería un influencer, claro, y marcaría tendencia), diría que en mi barrio se murieron los bares. ¡Esa sí es una tendencia!

Tal vez porque ahora se usan los cafés de especialidad (nunca me atreví a preguntarles qué quieren decir). O las cadenas de cafés, incluyendo esa célebre marca estadounidense en la que te anotan el nombre en un vaso de cartón para que no te sientas un NN. O los cafés de cápsula o los de máquina: te das cuenta fácilmente que es tendencia porque la gente los toma mientras entra a la facultad, toma el subte o pasea al gato.

Lo cierto es que desaparecieron los bares en mi barrio, que es Monserrat. Foto: Norberto Chab, cortesía

Lo cierto es que desaparecieron los bares en mi barrio, que es Monserrat. Y un poco más allá también. ¡Esa tendencia sí que se nota!

Se marchitaron. Cerraron. Emigraron. Murieron los benditos gallegos (o tanos o turcos, lo mismo da) que hicieron grande este suelo, cuando no existían persecuciones impositivas, cortes compulsivos de calles, costos surrealistas.

(Alguno que otro se reconvirtió en un local de otro rubro, con un destino previsible. A otro le terminaron de arruinar su modesta fachada con jaulas para estacionar bicicletas. Como se sabe, la bicicleta es tendencia).

No están más los bares con minutas, los que tenían un plato caliente a toda hora, los que te prestaban un periódico manoseado por decenas de parroquianos más interesados en el crucigrama o en las carreras que en las presuntuosas portadas donde los funcionarios te dan las buenas noticias.

A otro le terminaron de arruinar su modesta fachada con jaulas para estacionar bicicletas. Foto: Norberto Chab, cortesía

Los que le daban identidad al barrio.

No están más y aunque el cierre sistemático es una tendencia creciente, nunca lo voy a ver reflejado en una nota.

Aunque ahora que lo pienso, tal vez no sea una tendencia, sino algo distinto. Una tristeza contenida. Un espasmo de irritación. Un fastidio existencial al límite de convertirse en rabia.

De mucha rabia.

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