Los mamíferos

Cosas que nos distinguen de otros mamíferos

Nuestras miradas. Esquivas, deseantes, aturdidas, reveladoras de toda clase de deseos, engaños e intensidades. Revela tanto de nosotros que, en estos momentos, es la mejor aliada de tu algoritmo.

Ciudad de México, 16 de agosto (MaremotoM).- Cosas que nos distinguen de otros mamíferos, pero que no tomamos en cuenta:

Esa rara insistencia por ser bípedos. Digo, hasta los osos tienen el suficiente sentido común de mantenerse erguidos sólo por unos momentos.

Si bien ellos saben contar y tienen una noción del cero, nosotros logramos tener conciencia del infinito. Por lo tanto, nosotros sí somos proclives a tener experiencias sublimes.

Los mamíferos
¿En qué nos diferenciamos de los mamíferos? Foto: Cortesía

Predomina sobre ellos nuestra muy elegante capacidad para generar calvicie.

Amamos las extensiones y/o variaciones a nuestro cuerpo, desde implantes y cirugías estéticas hasta celulares con selfie sticks y la inquietante variedad de tintes de color para el cabello. Esta necesidad podemos atribuirla tanto al lenguaje como al capitalismo. El rinoceronte no tiene estas preocupaciones. Simplemente es, está en su cuerpo y se acabó. Envidiemos esa proeza suya.

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Nuestras miradas. Esquivas, deseantes, aturdidas, reveladoras de toda clase de deseos, engaños e intensidades. Revela tanto de nosotros que, en estos momentos, es la mejor aliada de tu algoritmo.

Hemos reemplazado los niveles de atención periférica multisensorial por la unívoca atención de la vista. Podemos estar atentos a las docenas de imágenes plantadas en un lugar (logos de tiendas, vallas con fotos de médicos o carros, anuncios de especiales y ofertas y “comedores abiertos”), pero no advertimos aquel camión que se acaba de pasar el semáforo en rojo.

Tenemos una noción errónea de la manada. La usamos peyorativamente, porque esa otra distinción arrogante, la idea de ser individuos, odia sentirse “acarreada”. Olvidamos que las manadas se cuidan a sí mismas, definen orgánicamente sus jerarquías, caminan juntas los senderos migratorios con sus propias fronteras definidas instintivamente y, sobre todo, se protegen del enemigo que vulnera su existencia.

Ya no nos gusta subirnos a los árboles ni gritar cuando estamos contentos. Bueno… eso último sí.

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