Emiliano Monge

“Creo en la literatura, pero más creo en el lenguaje”: Emiliano Monge

Leer a Emiliano es también tratar de entender su literatura. Los libros se enlazan unos con otros y él, tan enemigo de la autoficción, obliga a ponerse en el lugar donde sus historias marcan para tratar de hacer alguna reflexión y, por supuesto, disfrutar de la lectura.

Ciudad de México, 23 de septiembre (MaremotoM).- Con algunos desperfectos técnicos, con su jardín inmenso detrás, discutiendo si su libro Tejer la oscuridad (Literatura Random House) es distopía o no, entrevistamos a Emiliano Monge.

Nacido en 1978 en Ciudad de México, luego de Las tierras arrasadas y No contar todo, el escritor lanza una novela donde son los niños del hospicio de Mamá Rosa los que se salvan, un poco prediciendo el futuro, pero otro poco dando por muerto el neoliberalismo que nos ha condenado a esta vida.

Leer a Emiliano es también tratar de entender su literatura. Los libros se enlazan unos con otros y él, tan enemigo de la autoficción, obliga a ponerse en el lugar donde sus historias marcan para tratar de hacer alguna reflexión y, por supuesto, disfrutar de la lectura.

A veces su novela es como una distopía, pero hace mucho centro en el pasado.

“Yo ni siquiera sé si usaría la palabra distopía. Esto de tener que ponerle apellidos a la literatura, tiene elementos de la ciencia ficción, pero son disparadores. Igual pasa con la idea de la distopía, yo pensaría más bien en utopía, en una utopía mitológica porque tiene cosas del pasado”, explica Emiliano Monge.

“Es una novela que va avanzando hacia el futuro, sino a la construcción de algo nuevo y mejor”, agrega.

“Para estar mejor tenemos que avanzar y avanzar, ha dicho el neoliberalismo. Es una novela que habla del futuro con herramientas que buscan libros del pasado”, afirma.

¿Será que Emiliano Monge dice en Tejer la oscuridad que vivimos en el pasado mucho mejor que ahora?

–No lo creo. Nunca se hace referencia a situaciones del pasado, se hace referencia con las ideas del pasado. Eso hace como quitarle temporalidad a las ideas mismas. Las ideas son ideas y uno las puede utilizar en cualquier momento. La ciencia descarta leyes o principios nuevos y luego regresa a esos conceptos, porque se da cuenta de que ahí había algo nuevo y potable. Como ha pasado con las ideas de Albert Einstein. La novela es de lo que se trata es del lenguaje y del tiempo. Descarta las ideas de temporalidad.

Emiliano Monge
Tejer la oscuridad, de Emiliano Monge. Foto: Cortesía

–Ayer haciendo una nota sobre Padura vi que había juntado sus novelas negras y pensaba yo como sería leer Las tierras arrasadas, No contar todo y Tejer la oscuridad

–Mmm, no sé. Yo las que juntaría son El cielo árido que es el México del pasado, Las tierras arrasadas, que es el del presente y Tejer la oscuridad, el futuro. No contar todo tiene eso sí el asunto de discutir o de tratar de pensar desde otro lugar la familia. La idea del narrador se me transformó con No contar todo, había como un tono de una masculinidad desbordada, esa idea del narrador monolítico, como una gran estatua, y lo quise destrozar. Todos los pedacitos que quedaron podrían contar una parte de la historia y por eso hay 80 narradores en la novela.

–Sí, 80 narradores, pero todos parecieran que son un solo narrador, no sé si destruiste la idea del narrador

–Es que no se trata de destruir al narrador, sino la manera de contar. El lugar desde donde el narrador cuenta. Todas esas voces, aunque sean individuales comparten, son la voz de la comunidad. La novela busca una voz que hable con todos y por eso tiene una cosa sobre la escritura. Tiene un nuevo sentido de buscar otras formas de escritura. Mi idea no es no narrar, sino que ese alguien pudiera ser distinto a aquellos con los que yo había narrado antes.

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–Los niños del hogar se salvan, son como el futuro, son como la prosecución de la literatura ¿Crees mucho en la literatura, verdad?

–Sí, por supuesto, creo en la literatura, pero más creo en el lenguaje. Si lo rompemos y vemos qué hay adentro, para usarlo de otra forma. Eso del futuro y de los niños me parece fundamental, los únicos personajes reales son los niños de los que hablo, son al final a los que todos de manera cotidiana asumimos que no tiene futuro ninguno. Son los niños que crecen en un hospicio y tienen un cancelado en el futuro. ¿Por qué pensamos el futuro como algo que va a pasar y no pensamos que nuestra idea, el progreso, nos hace meternos en un bucle sin que podamos salir? Los niños tienen esa inocencia.

Emiliano Monge
Creo en la literatura, pero más creo en el lenguaje. Foto: Cortesía Facebook

–Ese bucle deja afuera la experiencia del incendio de la guardería… ¿Hay referencias a la realidad mexicana? Creo que es una novela de acá…

–Siempre he pensado en México como un tema de fondo, aunque en esta novela donde el lenguaje es importante, mi país no tenía que ser México, sino todo Latinoamérica y España misma. Al ser la lengua el viaje de reconquista de España, en la tercera parte, tiene que ver con el aquí es mi idioma y mi lengua, más que el territorio llamado México.

–También es cierto que el lenguaje está negado a casi todos los niños, no sólo a los que viven en el hospicio

–Sí, estoy de acuerdo. Un poco la idea es que al final de cuenta se nos olvida que el lenguaje es una herramienta. El problema además es que no es sólo una herramienta y el neoliberalismo nos convenció de que era sólo una herramienta. Se lo negamos a los niños. Estoy hablando de una reducción del lenguaje, lo hemos metido en un embudo.

–¿Qué va a pasar con el neoliberalismo?

–Creo que lo que está pasando es que se está yendo demasiado lento. Un poco lo que me decías al principio, la frase de Julián (Herbert), todos estamos cansados de la palabra distopía, es resultado es que la verdadera distopía es la que hemos ido habitando en los últimos años. Lo que pasó con la pandemia es todo lo que esa distopía nos había impuesto. No es casual que hemos estado encerrados, de pronto me di cuenta de que éramos mucho los latinoamericanos que estábamos escribiendo sobre el fin de un momento y la posibilidad del comienzo otro. Fernanda Trías con Mugre rosa, los cuentos que leí de Yuri Herrera, Juan Álvarez en Colombia, son muchos escritores que tienen que ver con eso. El solo hecho de que digamos que se está acabando o no, es un síntoma de que se está acabando.

–La literatura siempre predice

–Los escritores que han sido brutales en eso. El otro día leí un artículo que Orwell publicó en 1942 sobre cómo podría ser el mundo tras la derrota de los nazis y es desolador. La clavó pero enterita.

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