José Manuel Vacah

“Creo que hay un mundo de la poesía, un submundo de la poesía y una cloaca de la poesía”: José Manuel Vacah

“Me siento como un perro hambriento, no en un mal sentido, de ser caníbal; sino del mundo, de las ideas, de la esencia de la poesía, de mis propias emociones”. José Manuel Vacah

Ciudad de México, 31 de mayo (MaremotoM).- En 1952 Pedro Ocadiz Guadarrama compuso una canción que se grabó hasta 1983 y salió a la venta en 1984: “Los luchadores”. En ella exhorta a “los cuatro rudos/ ídolos de la afición” a pelear con llaves y acrobacias propias de ese deporte: “Métele la Wilson, métele la Nelson/ la quebradora y el tirabuzón/ quítale el candado, pícale los ojos,/ jálale los pelos, sácalo del ring”. A la gente le gustaba oírla y abarrotar la Arena México y la Arena Coliseo para alentar a sus ídolos, Rudos o Técnicos.

No obstante, la Lucha Libre ha tenido que ir librando obstáculos, irse adaptando a la constante modernidad, pero conserva seguidores que ven en esa contienda una teatralidad que los hace emocionarse en cada combate. Uno de ellos es el poeta José Manuel Vacah, nacido en Ecatepec de Morelos en 1990. Desde muy temprano comenzó a escribir, al mismo tiempo que abrevaba de tradiciones como la del “caminante” o de la misma Lucha Libre, que está presente también en películas como las de El Huracán Ramírez o El Santo, consiguiendo que más gente se relacione con las aventuras de sus ídolos en el cuadrilátero.

José Manuel Vacah
El trabajo de Vacah no sólo se queda en los versos, también ha escrito cuentos y realizado periodismo cultural. Foto: Roberto Feregrino

El trabajo de Vacah no sólo se queda en los versos, también ha escrito cuentos y realizado periodismo cultural porque “le interesa el arte y la cultura en todas sus manifestaciones”. Pero también escribe sobre su deporte favorito, un sueño que cumplió gracias a la revista Superluchas.com; tanto le gusta este espectáculo que en 2018 ingresó al Torneo de poesía Adversario en el cuadriláteroque promueve la editorial Destierroierro y obtuvo el primer lugar. Es un escritor muy activo, ha realizado sus propias ediciones: Los perros tras de mío su más reciente “EP”—como él llama a su plaquette— Demasiada luz en esta noche, que incluye 8 poemas, los cuales nos remiten a la soledad, a lo sórdido de la noche, a la cerveza y la rabia incesante del yo lírico.

Sobre esto platicamos con él, que no dista de ser lo que es en sus versos: transparente. Quisimos desenmascarar a José Manuel, y esto sucedió.

—¿Qué te atrae de la Lucha Libre?

—Me gusta que es una especie de juego en el sentido más teatral posible, una representación de diversos personajes. Cuando me involucré con la poesía pensaba que ésta podría compartir ciertos elementos con la Lucha Libre, pero ahora me doy cuenta de que eso es difícil. En la Lucha Libre destaca la forma en la que el luchador se involucra con su máscara, cómo crea el personaje, cómo tiene que representarlo, ya sea de rudo (o muy rudo), de técnico, (o muy técnico) o exótico. Pensé que en el mundo de la poesía el poeta podía representar esos personajes, pero no. Porque el poeta, si algo tiene que representar es todo lo contrario a una máscara; es decir, el poeta tiene que desenmascararse para ser;y el que se enmascara para ser poeta no lo es. Mientras más desnudo esté el poeta ante su escritura, como ante si mismo, de alguna manera se puede acercar a lo poético. Otra de las cosas que pensaba era que la poesía podía funcionar como una especie de confrontación amigable, como la Lucha Libre, pero después de participar en el Torneo de poesía Adversario en el cuadriláterome di cuenta que tampoco, porque la poesía es todo menos confrontación, dos poemas no pueden ponerse a pelear, ni compararse uno con otro, no existe punto de comparación. Quizá lo único que se puede comparar son las habilidades de un poeta con el otro.

—¿En la Lucha Libre y la poesía se puede triunfar sin recursos técnicos?

—Puede ser que el luchador no tenga recursos técnicos, pero tenga mucha simpatía, entonces la gente le aplaude. ¿Eso es ser luchador, que la gente te quiera aunque carezcas de un despliegue técnico? Lo es. Así podemos preguntarnos, ¿el poeta se puede subir a una palestra, tomar un micrófono aunque no tenga recursos técnicos y ser aplaudido por su simpatía? Hay muchos que sí son aplaudidos por ser simpáticos, pero, ¿eso es ser poeta? Esa es la verdadera pregunta.

José Manuel Vacah
¿El poeta se puede subir a una palestra, tomar un micrófono aunque no tenga recursos técnicos y ser aplaudido por su simpatía?. Foto: Roberto Feregrino

—¿Eres un poeta Rudo o Técnico, siguiendo la idea de poesía y Lucha Libre?

—Mi ídolo fue el Villano III, igual que lo es L.A Park. Cuando participé en el torneo de poesía me inspiré en ellos para hacer algunas cosas, como por ejemplo, dar todo de mí, a pesar de mí mismo. Puedo decir que en algún sentido mi poesía es Ruda, un poco pensando en ciertas características que tiene ese bando. Mi poesía habla mucho de la violencia, la tristeza, la desolación, el dolor, en ese sentido podríamos decir que hay rudeza, pero también en el sentido de que mi poesía no busca el despliegue técnico, hablando en sentido luchístico. En mi apariencia, en mi modo de recitar, soy rudo, mi voz a veces es hasta agresiva, (y la voz es una parte importante del poeta); es algo que no puedo evitar.

—¿Crees que la poesía esté sobrevalorada por alguna élite?

—Es un poco complicado valorar la poesía, porque muchas veces es una materia tan extraña que realmente como creador ni tú mismo sabes cuando la encuentras. Si uno mismo a veces no sabe distinguir lo poético de lo que no es, el lector ocasional la tiene más difícil. La sobrevaloración se da cuando el lector no tiene herramientas suficientes para distinguir la poesía, entonces, el lector se confunde. Sí, hay poetas sobrevalorados, pero qué bueno por ellos, ojalá los lectores puedan llegar a otros poetas más destacados o más interesantes a través de ellos.

—¿Cómo llegas al enorme mundo de la poesía, qué te lleva a escribir versos?

–De pronto se abren las puertas. Así fue con la poesía, estuve enfrente de la puerta de la poesía y la abrí, pero no era un camino, era un tobogán. Desde la prepa empecé a escribir, pero nunca me pregunté nada hasta ahora que me doy plena cuenta de que lo que he hecho es poesía. Me sorprendí porque no se puede vivir de esto, entonces me pregunté qué iba a hacer, porque llevaba más de años haciéndolo, ya no me podía regresar… Algo activó las cosas, normalmente si siento que debo de hacer algo lo hago y con la poesía me pasa eso, siento que tengo que hacerla, no sé si algún día voy a dejar de sentirlo, pero por ahora la hago. Intento recuperar el tiempo y escribo dos o tres horas al día, siento que perdí mucho tiempo porque comencé a publicar (y a involucrarme con el medio) muy tarde. Me siento como un perro hambriento, pero no en un mal sentido, de ser caníbal; sino  del mundo, de las ideas, de la esencia de la poesía, de mis propias emociones.

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José Manuel Vacah
Me resulta más importante hablar de lo que escribo que de mí. Foto: Roberto Feregrino

—¿Qué ventajas o desventajas trajo consigo haber ganado el torneo Adversario en el cuadrilátero?

—Fue una plataforma para mi obra, no para mí. Me resulta más importante hablar de lo que escribo que de mí, por eso creo que ese concurso ayudó. Pensé que no pasaría nada, pero sí pasó: la gente se interesó en conocer mi obra. Los primeros libros que hice fueron autoediciones porque no veía cómo llamar la atención de una editorial. Me harté y decidí hacerlo solo. Mis propios libros, mis propias plataformas. Entonces hice una especie de demos como Los perros tras de míen 2017. Lo empecé a mover, fue una plaquette de 7 u 8 poemas, igual que Demasiada luz en esta noche,al que también veo como una especie de EP.

—Eres periodista cultural, narrador y poeta, ¿qué diferencia encuentras en las tres disciplinas?

—En el periodismo es más fácil reconocer cuando te estás equivocando, en la literatura es complicado. En el periodismo sabes que te estás equivocando y lo corriges, pero en la literatura no es tan sencillo. En la poesía mucho menos, ¿cómo corregir un error si casi siempre el error es lo poético?En la poesía tienes que entrar en trance, en el cuento también, pero son diferentes tipos aunque tienen puntos de comunión. Si eres narrador y poeta conoces los dos. Si eres periodista también entras en trance, pero uno más light. En la poesía, y me lo dice mucho mi maestro Ricardo Yáñez, debes dejar que el lenguaje te diga qué es el poema, tú no puedes imponerte al lenguaje, tienes que dejar que la poesía te hable y estar muy abierto a ello, muy en trance. Si la poesía te contradice tienes que dejar que te contradiga. Mi objetivo es el poema, si lo logro, mi objetivo está cumplido. Tiene que ver mucho que no impongo lo que quiero decir, trato de escuchar lo que el poema me está diciendo.

—Entonces, ¿el poema se escribe a sí mismo?

—Siempre somos ideología de nosotros mismos, lo que nos han dicho que son las ideas en el mundo. Pero cuando estás frente al poema tienes que deshacerte de eso, dejar de ser, entonces ¿qué o quién diablos eres? Recordemos algún poema o poemas que nos gusten y si hay una comunión entre ellos, no es el poeta hablando, la que habla es la poesía. Hay una despersonalización en algún sentido. Identificamos a Efraín Huerta, a García Lorca a Pablo Neruda, pero lees sus mejores poemas y encuentras en ellos una voz que no es la persona hablando, es la poesía a través del poeta. Paz decía en El arco y la Lira, que la única forma de imponerse al trabajo sistemático del mundo capitalista —incluso artístico—, es la inspiración, y que el poeta siempre debe recurrir a la inspiración para oponerse a eso. La inspiración es el trance en algún sentido, pero no está peleado con el oficio, es un trabajo en conjunto como cuando hacemos el amor, las cosas fluyen a un mismo tiempo, entre la intuición y la experiencia de lo erótico.

—¿Qué lecturas o autores han influenciado tu escritura?

—Hubo un momento en que me influenciaba mucho la narrativa de Rubem Fonseca, pues encontraba en él muchos recursos que me interesaban, como el lenguaje llano, el cual tiene que ver con elementos de la tradición anglosajona de la literatura. Ese lenguaje siempre me interesó, porque encontraba mi voz poética en ese canal. Entonces mi poesía y mi narrativa son de lenguaje llano. Es decir, son muy poco ornamentadas. Otro poeta que me ha influenciado mucho es Efraín Huerta. Toda mi poesía está contaminada por él, aún lo leo y me dan ganas de morderlo, quiero hacer un poema mejor que él, me inspiro… pierdo la batalla. Miroslava Szymborska y Ricardo Yáñez también me parecen interesantes, a él lo veo como mi maestro porque su poesía siempre es un lenguaje coloquial. A mí me interesa el lenguaje cotidiano, corriente, áspero.

José Manuel Vacah
Creo que hay un mundo de la poesía, un submundo de la poesía y una cloaca de la poesía. Foto: Roberto Feregrino

—¿Qué movimientos interesantes percibes que están sucediendo en el mundo de la poesía?

—Creo que hay un mundo de la poesía, un submundo de la poesía y una cloaca de la poesía. Un mismo poeta puede transitar por ellos, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Lo que veo es que mucho del interés de los cafés de la Roma, por ejemplo, por atraer gente, no es realmente una oleada o movimiento poético. Lo que sí está sucediendo, es un movimiento hecho por mujeres, el cual tiene que ver con la solidaridad de las propias mujeres, con lo que están publicando y con el desarrollo de esa poesía. Ese movimiento me parece interesante. Tal vez por el contexto es más visible en los medios, quizá sea una ilusión exponenciada por las redes sociales, eso sólo el tiempo lo dirá.

—¿Qué significa Demasiada luz en esta noche, qué pretendes con el poemario?

—Es como un EP de un LP que está a punto de salir. Tomé 8 poemas y los puse como demo, Esos poemas nacieron en una etapa muy oscura de mi vida; en la cual incluso estuve a punto de morir. En esa etapa me fui enfermando a pesar de ir al médico, hasta parecía que me enfermaba más con la medicina que me daba. La depresión era la que me decía que no valía nada de lo que hacía. Era una depresión muy fuerte. También hay mucha influencia del ambiente de Ecatepec, que tiene una belleza muy escondida y que muchas veces reluce en la noche, eso me inspiraba; también la música o pintura como la de Noctámbulos, de Edward Hopper. Por esa razón mis poemas retratan pequeñas cosas como dos amantes que salen de una fiesta o un tipo que va al baño a inyectarse pensando en su exnovia, cosas por el estilo.

—El poema de “Cicatriz” tiene tintes lorquianos…

—Me gusta reescribir los poemas de los poetas que me fascinan. Tengo las reescrituras de “Pequeño vals vienés”, de Federico García Lorca y de “La canción de amor de J. Alfred Prufrock” de T. S. Eliot. La noche es un elemento muy simbólico, el cual tiene que ver con la noche en Ecatepec. Es un sentido de revelación, debe haber grietas para que entre la luz. Ese poema ha gustado y los lectores se sienten involucrados, tiene más que ver con el Cántico cósmico de Ernesto Cardenal, por la multiplicidad de dimensiones, de temporalidades, de algo qué pasó, de algo que es y algo que será.

—¿Qué inspira a tu poesía?

—Me gusta caminar mucho por la ciudad a todas horas y eso se ve reflejado en mis poemas. Es una canción de amor propio. Me interesa mucho caminar, me gustaría que me pagaran por caminar en la ciudad. Antonio Calera indaga en esa experiencia en su libro El paseante. Hay una tradición de escritores paseantes y soy de esa tradición, me inspira caminar y extraviarme.

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