Daniel Auster

Daniel Auster y el pasaje final de La noche del oráculo

Trágico es el destino de los hijos de grandes creadores, una mórbida torcedura en el engranaje constelar. Durante muchos años, principalmente en mis treinta, navegué por la vida con un libro de Paul Auster como compañero de viaje. ¿Fatal destino o jugarreta de la austeriana aleatoriedad?

Hoy, que la pequeña nieta de Paul Auster ha muerto por una accidental sobredosis de heroína y fentanilo, resurge el desenlace de La noche del oráculo, una de las novelas más complejas del de Brooklyn.

El personaje de Jacob,  el hijo drogadicto y delincuencial del consagrado escritor John Trause que irrumpe en forma trágica al final de la novela, es la encarnación de mi malogrado tocayo Daniel Auster, el hijo mayor de Paul y de Lydia Davis, cuya errática vida de heroinómano ha sido un desbarrancadero tras otro.

Ruby Auster, la hijita de Daniel,  de apenas diez meses de edad, falleció por el consumo de los opioides. Su padre admitió que guardaba heroína en el hogar y que ese día estaba drogado. Imagino la escena: el padre despatarrado en la alfombra, la jeringa tirada, el polvo sobre la mesa, la bebé gateando y llevándose el veneno a la boca. El desenlace fatal. Jodido camino de vida el de Dany Auster.

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Mientras su media hermana menor, Sophie, es la princesa de su padre, la actriz, cantante y activista que cosecha estrellitas en la frente, él estuvo condenado a ser el delincuente, el tecato en eterno tratamiento psiquiátrico que llegó a estar involucrado en un homicidio.

Pau Auster
La noche del oráculo. Foto: Cortesía

Releo el pasaje final de La noche del oráculo y me es imposible creer que Jacob no sea la representación del  primogénito de Paul. Esta novela es un complejo juego metaliterario en donde la narrativa tiene esencia de caja china o  muñeca rusa mientras el escritor Sidney Orr, escribe, sobreviviente de una terrible enfermedad, escribe en su  cuaderno azul y va brotando una historia dentro de otra y una novela alterna en pies de página.

Trágico es el destino de los hijos de grandes creadores, una mórbida torcedura en el engranaje constelar. Durante muchos años, principalmente en mis treinta, navegué por la vida con un libro de Paul Auster como compañero de viaje. ¿Fatal destino o jugarreta de la austeriana aleatoriedad? Brooklyn sigue siendo un cofre de mil y una historias y la de la pequeña Ruby Auster es la más desgarradora de todas. Historia triste, diría Eskorbuto.

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