Dar o no dar propinas no es la cuestión

Guanajuato, 16 de mayo (MaremotoM).- La semana pasada salí a cenar con una querida amiga ecuatoriana, al recibir la cuenta ella preguntó que si en México dejamos propina, ya que en algunos países no es costumbre. Yo le respondí que si era un buen servicio se dejaba, pero que si no consideraba dejarla no pasaba nada.

Existen muchos establecimientos a lo largo del país que incluyen en la cuenta una cantidad del 10% al 15 % como propina sugerida. En alguna ocasión he visto enfurecidos meseros exigiendo propina a sus comensales, incluso establecimientos que no permiten salir a sus clientes si no pagan dicha propina. He acudido a lugares que ameritan un reconocimiento al servicio bien prestado, así como otros lugares que honestamente pareciera que les hacen un favor a los clientes al atenderles.

De acuerdo con la Ley Federal del Consumidor, consultada el 10 de mayo de 2019, en su artículo 10: “Queda prohibido a cualquier proveedor de bienes o servicios llevar a cabo acciones que atenten contra la libertad o seguridad o integridad personales de los consumidores bajo pretexto de registro o averiguación”. Por lo que incluir propinas dentro de las cuentas, es atentar contra los derechos del consumidor.

Yo fui mesera por varios años y no siempre fue sencillo, hay todo tipo de clientes. A quienes hay que explicarles detalladamente todo lo que viene en el menú varias veces; los que dejan la mesa hecha un asco; las parejas que siempre se pelean a media cena; clientes a quienes nos turnamos para atender (porque nadie quiere atender); los que acosan; los que humillan; los que llevan niños (y nunca están al pendiente de ellos) y por último los que dejan excelentes propinas (y todos queremos atender).

Sin duda realizar cualquier trabajo no es fácil, sobre todo cuando se trata de prestar servicios. En muchos supermercados se encuentran personas de la tercera edad guardando bolsas de mandado, niños cuidando autos afuera de los estacionamientos en horarios escolares, adolescentes acarreando pesadas mercancías en los mercados y mujeres cuidando las entradas de los baños en bares y discotecas a altas horas en la madrugada.

En el caso de los adultos mayores, “para que les den permiso” de trabajar como empacadores voluntarios en las cadenas de supermercados (muchas de esas, abusivas), el INAPAM (Instituto Nacional para las Personas Mayores) exige que como requisitos: contar con una pensión, identificación oficial con fotografía, CURP, carta de vinculación al Inapam y seguro médico.

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Por otra parte, los dueños de estas cadenas y negocios no les reconocen como trabajadores, a pesar de que se encuentren prestando un servicio dentro de sus instalaciones en beneficio de sus clientes. El Inapam por su parte nombra los beneficios de incluir dentro de sus empresas a las personas adultas mayores como lo son:

–Mayor valoración del empleo ¿Y qué es esto?

–Estabilidad laboral ¿Para quienes? Porque para los empacadores voluntarios claramente no

–Disminución de la rotación del personal

–Puntualidad Limosneros y con garrote

–Ambiente laboral agradable ¿Porque los abuelos no tienen fuerzas para quejarse?

–Experiencia y desarrollo humano

Muchos de estos establecimientos incluso tienen letreros para recordar a sus clientes que sus empacadores son voluntarios y sólo viven de las propinas. Lo peor es que se alzan el cuello muchas de estas corporaciones con la insignia de Empresa Socialmente Responsable. En consecuencia, la ESR termina siendo un gesto políticamente correcto que nada tiene que ver ni con los derechos humanos, el medio ambiente ni la economía justa. En resumen, una mofa para los adultos mayores.

Esto me genera una indignación muy grande, en principio porque los establecimientos piden a sus clientes que subsidien una responsabilidad que es por ley del patrón, un sueldo no es una caridad. Tan simple, tener coaccionados a un grupo de personas vulnerables soportando jornadas esclavizantes, propinas paupérrimas, humillaciones, sin lugares dónde sentarse y malos tratos. En otros países no se otorga propina ya que sus empleados tienen sueldos más dignos, evidentemente también es más caro cualquier producto o servicio.

Mientras tanto, en México tenemos 10,055,379 personas mayores de 60 años, de las cuales muchas de ellas trabajan mendigando propinas. A costa de estos mal pagados trabajadores, se encuentran unos cuantos millonarios patrones beneficiándose de su coacción y sufrimiento.

Yo no pido uniformes, descuentos de supermercado ni banquitos para todos ellos, exijo que se reconozcan sus derechos como trabajadores, ya que trabajar no es ningún derecho.

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