Karl Ove Knausgård

DE LIBRO ALBEDRÍO | Knausgård: El encanto de la cotidianidad.

Le pregunté a Sondergaard cómo debía pronunciar el nombre de un escritor con el que pronto comenzaría a trabajar y sus ojos grises se abrieron como platos. Uno de cada cinco noruegos han leído su libro, dijo. Y una buena parte de ellos desearía no haberlo leído, no por malo, sino porque se encontró entre sus páginas. Está bien, pero dime cómo debo pronunciarlo, no quiero quedar como una idiota, insistí. “Karl Uve Nausgord”

Ciudad de México, 27 de agosto (MaremotoM).- Hace unos años, cuando se anunció en México la traducción de Mi lucha, se hablaba erróneamente de un fenómeno literario por tratarse de un escritor primerizo que se había convertido en un hit de ventas en Noruega. No tan novato, diría.

Karl Ove Knausgård publicó su primera novela en 1998, Fuera del mundo, entonces un exitoso hallazgo y un suceso de ventas, además de haber recibido críticas positivas a su trabajo, lo que no siempre va de la mano.

Sin prisa alguna escribió su siguiente novela, que se publicó siete años más tarde, Un tiempo para todo, y volvió a contar con el favor de los lectores y críticos escandinavos. Después de este libro se tomó de nuevo su tiempo, pero según palabras del autor, esta vez no se trataba de escribir sin apuros sino de una crisis creativa en la que no encontraba salida para siguiente proyecto literario.

Así, en medio de algo que resultó a ratos autobiografía  literaria y a ratos una vergonzante confesión de todo cuanto había vivido, surgió el primer tomo de Mi lucha, el resultado de dos años de escritura frenética y tres mil seiscientas páginas que culminó en esta serie de seis libros que pueden leerse de manera independiente pero que juntos forman su vida hasta los cuarenta años, un momento que Knausgård describe como infeliz.

Karl Ove Knausgård.
El fin. Karl Ove Knausgård. Foto: Cortesía

Su entonces reciente matrimonio (el segundo) y sus dos pequeños hijos no eran motivo suficiente para salir de tal crisis por lo que esta nueva aventura literaria representó una catarsis, una conversación consigo que llevó a las últimas consecuencias.

Con esto no me refiero solo al éxito de ventas y al aplauso de la crítica. Tampoco a las, hasta ahora, quince traducciones, sino a la ira de la familia de su padre, que se indignó ante la forma en que retrató su vida familiar, los excesos etílicos de su padre e incluso de su abuela, su primer matrimonio, todas aquellas confesiones internas y desnudas que le trajeron amenazas de demanda y poca popularidad en su círculo más cercano.

La muerte del padre, el primer tomo, arranca precisamente con los últimos momentos y la pérdida del autor de sus días, las reflexiones en torno a su incómoda relación por el maltrato a su madre, las violentas reprimendas por cualquier mínimo error en su adolescencia, el alcoholismo extremo que fue precisamente lo que acabó con su vida.

Al morir, su padre no lo liberó completamente de su presencia. Había dejado huellas de dolor y de temor ante la posibilidad de heredar sus rasgos más destructivos porque el propio Karl se vio hechizado por la “bebida mágica”. El entorno familiar de esa etapa, de esta primera historia, describe a un hermano tranquilo y menos atormentado que Karl, el cariñoso refugio que significaba su madre a pesar de no ser ninguna autoridad, la senilidad y alcoholismo de la abuela, y la contradictoria sensación de descanso y de dolor ante la orfandad paterna.

La muerte del padre se publicó a pesar de la inconformidad familiar y a pesar de las propias dudas del autor por la exposición de la vida privada de amigos, parientes y de su ex esposa. A la gente le gustó. Tanto que vendió casi medio millón de ejemplares y tuvo que lidiar con los lectores que se identificaban con los pasajes de su vida y los hizo suyos. Lo incómodo, dice el autor, es que parecía que toda la gente sabía demasiado sobre él.

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No podía ser de otro modo. Desde ese primer libro abrió la puerta a su intimidad y dejó pasar a todo aquel que, como si hubiera tomado el diario de otra persona a escondidas, se enteraba de cosas tan íntimas como el descubrimiento de la sexualidad, sus primeras lágrimas por amor, los insultos y golpes de su padre hacia su madre o, en el segundo tomo, Un hombre enamorado, todo aquello que le disgustaba de Linda, su esposa, a quien tuvo deseos de abandonar, y de lo desagradable que le parecía ayudar a cambiar pañales y ser padre. No es extraño que la gente se sienta atraída por enterarse de la vida de otro, en este caso, un hombre que cambia de ciudad (dejó Oslo para mudarse a Estocolmo) y al llegar ahí reencuentra a una mujer por la que sintió algo en el pasado y ahora se convierte en su segunda esposa, el inicio de una familia que está lejos de ser idílica. Quizá por eso, según se comentó en los medios noruegos, este segundo libro provocó una profunda depresión en su mujer. Excepto cuando la cuenta bancaria creció considerablemente. Cuenta Knausgård en una de las múltiples entrevistas que ha respondido, que pensó en donar las exorbitantes ganancias de su novela. Lo consultó con su esposa y ella dijo “No”.

Un hombre enamorado narra, además de su historia agridulce de amor con Linda y el nacimiento de sus dos hijos, la cotidianidad que sobrellevaba pero no le hacía feliz. En su vida, aparte de aprender a ser padre y lidiar con una vecina desagradable, no pasaba algo que lo motivara, se sentía infeliz. Puede parecer intrascendente, pero la energía y libertad con que detalla esos momentos casi tediosos, reflejan la vida de cualquier persona que no identifica su incomodidad y sin embargo la sufre. La forma en que deja pasar los días sin entender, hasta verlo escrito, que no es eso lo que quería y por lo tanto, no era su vida la que estaba experimentando.

Karl Ove Knausgård
Escritor de Anagrama. Foto: CortesíaKarl

Karl Ove Knausgård decidió escribir este libro en desorden. El inicio, como ya se ha dicho, narra su adolescencia, parte de su vida adulta y la pérdida paterna. El segundo, un cambio de vida y la fundación de su propia familia pero escogió el tercero, La isla de la infancia, para hablar de su llegada a Tromøya donde la protagonista es la familia nuclear y persiste el temor por su padre y el amor de su protectora madre pero se centra en los descubrimientos del crecimiento, la adaptación a la convivencia en el colegio y su placer por mentir, contar historias para tener la atención de sus compañeros.  Describe los diferentes espacios (islas si se quiere) que representan los lugares en que el niño Karl se desenvolvía: la primera escuela, el lugar donde vive, su pequeño universo infantil, todo el recorrido que hace una novela de aprendizaje que parece no seguir un orden cronológico (como la memoria misma) pero en realidad prepara el camino para cada descubrimiento, como la llegada de la literatura y de la música a su vida. El amor más allá de lo fraternal, los cambios en su cuerpo, su intento de aprender a nadar y casi ahogarse, sus primeros miedos pero también, aunque apenas hace bosquejos de ello, lo que hay detrás de esos miedos.

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Le pregunté a Sondergaard cómo debía pronunciar el nombre de un escritor con el que pronto comenzaría a trabajar y sus ojos grises se abrieron como platos. Uno de cada cinco noruegos han leído su libro, dijo. Y una buena parte de ellos desearía no haberlo leído, no por malo, sino porque se encontró entre sus páginas. Está bien, pero dime cómo debo pronunciarlo, no quiero quedar como una idiota, insistí.

“Karl Uve Nausgord”

Fuente: Pez Banana Nº17

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