De Madrid a la FIL Coahuila: el periplo de Ray Loriga

Sábado, Domingo, la reciente novela de Ray Loriga. Foto: PRH

Novelista, guionista cinematográfico y director de cine, ha colaborado con Carlos Saura y Pedro Almodóvar. Su novela reciente es Sábado, domingo.

Coahuila, 8 de mayo (MaremotoM).-Nacido como Jorge Loriga Torrenova, el escritor madrileño Ray Loriga comenzó como un enfant terrible de las letras españolas y es hoy un autor reconocido, cuya presencia en la XXII Feria Internacional del Libro de Coahuila, que se llevará a cabo del 10 al 19 de mayo en el Centro Cultural Universitario, permitirá al público mexicano acercarse a una literatura poblada de recuerdos oscuros, de “medusas tenebrosas” como la culpa.

El New York Times lo ha llamado “la estrella de rock de las letras europeas”. Sus brazos tatuados, los lentes de sol pegados como con cola a su rostro duro, un caminar cansino, casi derrotado, lo asemejan a un personaje creado por John Fante. 

“Siempre fui menos que mi reputación”: así reza una canción del rock en español que sobreviene, espontánea y oportuna, cuando la cronista está a punto de entrevistar por primera vez al escritor español Ray Loriga.

De él se dice que llega borracho a las notas, que ha dejado plantado a varios periodistas, que es la estrella de rock de las letras europeas (según el New York Times)…

Buceando en las hemerotecas virtuales, además, uno encuentra que al susodicho le ha llevado mucho tiempo convertirse en él, un viejo sueño que albergaba desde edad temprana y que ahora que se cumplió lo tiene un poquitín harto, aburrido.

Con Rendición ganó el Premio Alfaguara. Foto: PRH

Loriga es todas esas cosas que se dicen de él, sumadas a las enormes referencias literarias con las que han tratado de explicarlo los críticos. Desde Charles Bukowski a Michel Houellebecq, desde el mencionado John Fante al muy leído Haruki Murakami.

Todas son líneas extendidas hacia una descripción tal vez obvia pero no por ello menos pertinente: así se narra en el siglo XXI.

Pero, la vuelta a la novela luego de ocho años de silencio con Za Za, futuro emperador de Ibiza (Alfaguara) es muestra de que hay un autor allí capaz de saltar la valla de esas referencias, para construir un mundo que le es propio y que lo define como un escritor verdadero, honesto.

Porque, es cierto, para el esplín mesurado, el humor ácido, la contención narrativa, tan en boga en los libros de nuestro tiempo, podría ser Loriga considerado un tipo apto, preparado como ninguno. Su pluma avanza, de todos modos, hacia una frontera más allá o más acá de las modas.

Para decirlo en buen romance: su prosa rezuma chorizo español por todos los costados y en ese humor blanco, cándido, fresco, de un madrileño de 52 años ya de vuelta de muchas guerras ignominiosas, encuentra la literatura un camino por donde transitar sin tomarse de la mano de otras escrituras tal vez más consagradas y si no, seguramente, más citadas.

En Za Za Emperador de Ibiza, Ray Loriga construye un personaje que, como diría uno de los grandes amigos del escritor, el rockero argentino Charly García, busca un símbolo de paz.

Ya participó en batallas, visitó el abismo, infringió la ley e hizo equilibrio en varios maremotos. ¿Un hombre así no se merece una vejez beatífica, retirado del mundo, dándole tal vez de comer a las palomas?

He aquí la cuestión: el pasado tiene las patas largas y sus garras nunca descansan. Llegan a apretarte la yugular cuando menos te lo esperas. Esta vez, hay varado en la escollera un barco que lleva el nombre del protagonista. Trafica la droga perfecta, la de la felicidad absoluta sin pedir nada a cambio.

¿No es mucha casualidad? Un Za Za retirado. Un barco que se llama Za Za. En el medio, conspiradores y malandras que quieren su tajada del pastel y aunque la cuenta del viejo lobo de mar está cerrada, todos quieren librarle pagarés de cobro inmediato.

¿Recuerdas, lector, esa escena de El Padrino III imitada a la perfección por Silvio Dante en Los Soprano?

Cuando Michael Corleone decía aquella frase memorable de “Creía que estaba fuera y me vuelven a meter dentro”.

Sonríe Loriga cuando le mencionamos la referencia fílmica, justamente a él, un consumado hombre de cine además de novelista y que ostenta en su curriculum dos películas por él dirigidas, La pistola de mi hermano (1997) y Teresa, el cuerpo de Cristo (2007).

Guionista de Pedro Almodóvar para quien escribió Carne trémula, Ray se sabe de memoria la escena de Al Pacino en el filme de Francis Ford Coppola y la recita en un inglés dulce.

Es un hombre afable, que no se saca nunca las gafas y que está acompañado como era de esperar de acuerdo a su fama de galán por una mujer hermosa, su actual pareja, la diseñadora de sombreros Fátima de Burnay.

En el brazo, sin embargo, impresiona el tamaño y el color intenso de una Kristina con K, referencia suponemos a su ex esposa, la cantautora española Cristina Rosenvinge, con la que estuvo casado 17 años y tuvo dos hijos.

Aquí estamos, entonces, hurgando en la historia de Za Za, lo nuevo del autor de Tokio ya no nos quiereYa sólo habla de amor y El bebedor de lágrimas, entre otros.

Cuando Ray Loriga, esto hay que decirlo, deja que se vean sus ojos, impresiona la fragilidad de su mirada, como un niño perdido en un mundo que no lo comprende, como un ser de otra galaxia aterrizado por sorpresa en un territorio desconocido.

Aunque como todos los escritores, tiene temas recurrentes, su estilo no es predecible pues cambia de manera notoria de una novela a otra. Quienes buscan etiquetarlo lo identifican con una corriente derivada del minimalismo, el realismo sucio español, cuya existencia niega el propio autor.

Debutó en 1992 con la novela Lo peor de todo, cuando tenía 25 años de edad y rápidamente conectó con los lectores de la llamada Generación X, a la que él mismo pertenece. Dos viajes a Latinoamérica le dieron elementos introspectivos que plasmó en su literatura y que le acercan a sus lectores de este lado del mundo. 

Los críticos de su obra encuentran en ella elementos estéticos que le acercan a la generación beat; él prefiere refugiarse en la figura del existencialismo pero a su manera. “El infierno no son los otros, soy yo”, ha llegado a declarar Loriga durante la presentación de la reciente de sus once novelas: Sábado, domingo, de editorial Alfaguara, que seguramente será protagonista de la FIL Coahuila, organizada por la Secretaría de Cultura del estado, en colaboración con la Universidad Autónoma de Coahuila y la Secretaría de Educación.

 Y aunque todo apunta a un escritor rebelde y lleno de sombras, Loriga no deja de sorprender con su incursión en la literatura para niños, con Los indios no hacen ruido, un texto de 2006.

La presentación del libro de Ray Loriga y la charla sobre su obra Sábado, domingo, será el sábado 11 de mayo en la Sala Julio Torri, a las 19:00 horas. Lo acompaña Julian Herbert.

Ray Loriga está pegado a una ciudad, Madrid, que ama y que odia. Le debe también muchos ayes de admiración a seguidores que él llama “irredentos” y que en lugares como el Distrito Federal, por ejemplo, lo han convertido en un escritor de culto, al que han leído con suma atención y de quien saben muchas más cosas de las que el propio autor se anima a confesar.

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“Son mis fans irredentos de México. Sabía por amigos escritores mexicanos que me leían mucho aquí. Estuve en este país mucho menos tiempo del que hubiera querido y podríamos decir que esta visita es en cierto modo lavar una afrenta, compensando esa ausencia”, dice esgrimiendo un cigarro apagado y bebiendo agua natural.

–Andar de viaje promoviendo una novela no debe de ser una de las actividades más lindas de la vida, ¿no?

– Pues sí y no. Te diré: hacerlo en Madrid me mata, me aburre muchísimo, es tu casa, la conoces de memoria. Pero cuando se mezcla con la aventura del viaje, con encontrarte con gente, recuperar amigos que no ves desde hace tiempo, disfruto mucho la promoción. Podríamos decir eso: que la promoción la disfruto cuando viajo.

–Tu  novela salió en México más o menos para la misma época en que salió Cero Cero Cero, de Roberto Saviano…

–Está muy bien hecho ese libro, además he coincidido con Saviano en algunos encuentros literarios, me cae muy bien

–Son dos libros muy distintos, pero ambos tratan el tema de la cocaína como algo que está muy presente en nuestras vidas, mucho más de lo que nos animamos a admitir…

–Exacto. La cocaína no es un ente y mueve muchos de los mundos que pensamos que no tienen conexión con ella, pero que sin embargo la tienen. Lo digo en el libro: hay un río que nace desde el plantador, sigue por el esclavo del Narco: el que la transporta, hasta que llega a las más altas instancias de la política y de la sociedad, incluidos el arte y la moda, por supuesto. Claro que no me refiero a que la gente de la moda y del arte toma cocaína, sino a aquello de lo que habla muy en serio Saviano y yo medio en broma y medio en serio y que tiene que ver con que el capital de la cocaína mueve muchísimos negocios.

Entretenida e interesante, la literatura de Ray Loriga. Foto: RTVEES

–Me da miedo decirte que Za Za Emperador de Ibiza me resultó una novela muy entretenida. Tal vez no te guste ese adjetivo…

–¡No! Me gusta mucho. De hecho, vengo de hacer promoción en España, por Madrid y por Barcelona y la prensa me hablaba de lo mucho que se había reído con la novela, aunque luego aclaraban, como disculpándose, “pero igual es muy interesante”, como si reírse con una novela, entretenerse, estuviera mal. La primera reacción que buscaba en el lector era precisamente que se divirtiera y por lo visto la he conseguido. Por supuesto, la risa que produce la novela se congela a la mitad.

–Za Za está todo el tiempo aludiendo a valores que no sé si son los tuyos: la cordura y la sensatez. ¿Buscas eso, buscas un símbolo de paz como diría Charly García?

–Es que son dos valores muy nobles, a los que creo aspiran muchas personas y que resultan cada día más difíciles de conquistar. Se ha cambiado la sensatez, la paz, la cordura, por valores como el éxito, la fama, que desde mi punto de vista resultan secundarios, incluso terciarios, comparados con lo que se pierde. Ahí sí podría decir que Za Za me representa. Al fin y al cabo es un hijo mío, aunque tenga edad de ser mi hermano mayor.

–¿Viviste épocas muy locas a lo largo de tu vida?

–Sí, algunas de ellas muy bien documentadas, así que no tiene mucho sentido que las niegue. Pero piensa que son momentos concretos de una vida, en este caso de la mía. No me arrepiento de haberlas vivido. Si no hubiera pasado por eso, resultaría patético intentar vivirlo ahora, a esta edad. Estuvo bien hacerlo en su momento.

Za Za es como Michael Corleone, lo quieren meter cuando está fuera. Foto: PRH

–Za Za es como Michael Corleone, lo quieren meter cuando está fuera…

–(risas) Claro que usé esa escena como inspiración. La verdad es que al final el pasado siempre vuelve para cobrarte los crímenes o los excesos cometidos.

–En ese sentido, ¿es una novela pesimista o moralista?

–Espero que ninguna de las dos en forma exacta, aunque debo decirte que me gusta más el término moral que moralista. Pienso que todo en la vida conlleva un elemento moral, un sentido ético que es en realidad el que cada uno se adjudica para sí. Moralista me suena más a la moral impuesta por la sociedad y sus normas, como algo externo al individuo. Además, la moral social es bastante voluble. Hemos visto a lo largo de la historia cómo cosas que eran consideradas inmorales en un tiempo, se aceptan en otro. Sin embargo, hay una ética personal que perdura en el tiempo y esa es la que me interesa.

–Tu humor es cándido, casi blanco y sin duda aliviana los hechos terribles que narras. Parece una técnica literaria…

–Sí, lo es. Pero también es un sentimiento. Justo antes de venir a verte estaba viendo una entrevista a Fernando Savater en la televisión mexicana donde él hablaba de los escritores serios y de los escritores con humor. Savater decía haber aprendido mucho de autores y filósofos que no tenían ni una pizca de humor, pero haber amado a aquellos que sí lo tenían. En ese sentido, me pasa igual, amo a aquellos escritores con humor, un elemento que funciona en mi narrativa como una especie de cortina de humo. De otro modo, me resultaría mucho más difícil contar lo que quiero y al lector le resultaría más duro soportarlo.

–A veces tu humor en la novela parece la acción de un chico que hace una travesura y luego intenta esconderlo contando un chiste…

– Eso viene porque mi escritor favorito es William Shakespeare y mi personaje es Puck (el del Sueño de una noche de verano), ese diablillo bufonesco e inteligente que se salva de casi todos los rencores que lo circundan y de las tormentas por las que tiene que pasar con un poco de ingenio y mucho sentido del humor.

–Un crítico literario te comparó con Michel Houellebecq, aunque mi humilde opinión es que tu humor no es tan ácido como el de él. Creo que a tu humor le sobra chorizo español…

–(risas) Me gusta mucho lo que hace Michel Houellebecq, pero es cierto, su humor es más ácido, más duro; lo que trato de hacer, tal vez, por Puck y por mi propia manera de ser, es protegerme un poco en la inocencia.

GANA EL PREMIO ALFAGUARA POR RENDICIÓN

El Premio Alfaguara por su novela Rendición, un galardón al que aspiró con un seudónimo, el del futbolista argentino llamado Juan Sebastián Verón.

Para recibir el premio Rendición se arrodilló ante la presidente del jurado, Elena Poniatowska y en México habló de su nueva novela, que distingue entre rendición y derrota. La primera alude siempre ante una causa mayor y la segunda, la claudicación, ante una causa absurda”.

“Cada día es un cambio, las nuevas y las viejas ideas de cómo la vida es otra de la que habíamos concebido y cómo nos movemos en esas situaciones de anhelo o pérdida”, dijo.

 

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