De películas, teles y libros | ¡Te merecías el estacazo, Vlad!

Ciudad de México, 4 de abril (MaremotoM).- Reveo el Drácula de Coppola y me pregunto lo mismo que cuando la vi por primera vez, hace veinticinco años (todavía no sabía quién era esa diosa italiana pero, obviamente, ya sabía que era una diosa). ¿Qué clase de pelotudo es este Drácula que teniendo tres hermosas mujeres en su castillo -una de las cuales ahora sé que es Monica Bellucci, ¡nada menos!- viaja hasta Inglaterra para meterse con Winona Ryder? ¿Bellucci por Winona? Ahí es cuando el terror deja paso a la ciencia ficción y ya no es verosímil. ¡Te merecías el estacazo, Vlad!

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* Esa frase de vivir cada momento de la vida como si fuera el último o el más importante es verdaderamente nefasta. No se puede, ni se debe, vivir cada momento al cien por ciento. Tanta intensidad te achata, es como un clímax extenuante donde todo es lo máximo y no hay introspección. En la vida debe haber remansos, tiempos muertos, incluso aburrimiento, eso ayuda a nivelar el recorrido y a valorar los momentos intensos. No es que haya leído a ningún filósofo ni que esté citando a algún escritor, ojo, más bien acabo de ver una película de Christopher Nolan y resulta notorio que este pobre muchacho tomó esa frase como lema de cineasta en el peor sentido. Siempre trata de que cada escena sea culminante, que todo se transforme en una gran sorpresa, que cualquier boludez deba ser sí o sí una genial vuelta de tuerca  y por desgracia lo único que logra es aclarar que él, como persona, no tiene paz. Aun así, deja una gran enseñanza: no hay que vivir cada momento como si fuera el más importante. Bueno, nosotros no sé, pero él seguro que sí. Que alguien le avise.

* Cannes, Netflix, pantallas chicas, grandes, son discusiones ociosas y sólo generan peleas. Creo que podríamos ser más tolerantes, la verdad. El cine de mierda actual debe poder verse en cualquier tamaño y ser estrenado en salas o por internet, ¿o acaso no estamos en el siglo XXI?

* Todas las fiestas cristianas me parecen depresivas, solitarias, insostenibles. Estoy seguro de que las fiestas (“fiestas”, qué palabra tan jocosa para semejante vacío, encima en plural) de las otras religiones son iguales, pero no te obligan a padecerlas socialmente así que no nos incumben. Estas pascuas, donde celebramos la baja de calidad en el chocolate pagando el doble por lo que antes pagábamos la mitad o menos, son mis primeras pascuas con fb. Un motivo más de depresión: ver esos impotentes memes, esos chistes sin viagra a la mano con los cuales quieren sostener la imposible erección de entretenerse de acá al domingo me entristece más que tener que fumarme la película del cristo rubio de Franco Zeffirelli.

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* Aunque tropecé con varias españoladas intenté seguir hasta que ya no pude con la traducción. No es bueno -ni sano- leer una obra maestra como Las aventuras de Huckleberry Finn en la que Huck de pronto diga que “hace novillos”. ¿En el Mississippi hacían novillos, muchachos? Seguro que no. Es más, me atrevo a decir que en este universo nadie hace novillos. Preguntaría incluso qué mierda es hacer novillos pero como no me interesa la respuesta no lo pregunto. A ustedes, amigos de la RAE, amables académicos con toga y pelucas blancas que viven en un sótano oscuro y alergénico repleto de libros caducos y palimpsestos, ¿no les molesta que se utilice un término como hacer novillos pero sí que guión lleve acento? ¡Tómense un antihistamínico y evolucionen junto con el castellano, que hace rato que no asiste a los toros y menos que menos se arrastra en la nociva humedad de sus sótanos!

* Otra iniciativa de Netflix… (ahora con Amblin). Five Came Back es un documental tramposo. Vendría ser el “Make america great again” de parte del, digamos, sector progresista de E.U. Ya es tarde para eso, muchachos, el antiguo E.U. desapareció. La nostalgia más profunda de esta serie, sin embargo, no es la de recordar a grandes directores (en especial Ford y Huston, dos auténticos maestros), sino la de haber tenido alguna vez un malo tan perfecto, tan redondo y tan cinematográfico como Hitler. ¡Cómo ayudó el austríaco al mundo libre! (o capitalista, si se prefiere) Lo ayudó cuando se hizo Führer y sobre todo cuando cayó, tanto que las potencias restantes se repartieron al mundo en nutritivas porciones. Por eso se lo extraña, un malo perfecto ayuda a propagar cualquier ideología siempre y cuando sea menos nociva que la suya. El capitalismo, al parecer, es un poquitito mejor que el nacionalsocialismo. De lo que no habla este documental apresurado y frívolo es que hoy el peor enemigo de E.U. lo tienen adentro y esa es su principal contradicción. ¿De qué sirve rememorar la época en que el bad guy estuvo cómodamente afuera -y hasta se lo podía señalar con el dedo y la mira telescópica sin perder la bondad y el sublime hecho de tener toda la razón de su lado-, cuando lo que realmente importa es el presente? Si el pasado ayuda a comprender la actualidad bienvenida sea su interpretación, si se lo cita sólo para apaciguar conciencias hipócritas que se quede ahí donde lo dejaron, podrido y a medio enterrar.

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