Manuel Vilas

Descansamos del amor cuando la naturaleza nos abandona: Manuel Vilas

Creo que un ser humano que consigue solucionar el amor ha resuelto el noventa por ciento de su existencia. Hombre o mujer que vive una relación maravillosa que le llene y le dé esa alegría intensa del amor, lo único que le resta es buscarse un trabajo para pagar facturas.

Guadalajara, Jalisco, 2 de diciembre (MaremotoM).- Es mi primera vez entrevistando a un autor que ha tocado fibras sensibles de mis recuerdos con su literatura, me resulta fácil empezar hablando de Ordesa (Penguin Random House) el libro finalista del Vargas Llosa 2019 y la obra  por la que lo conocí. Una introducción a lo íntimo, el amor, la soledad, la orfandad.

—Sí, los espacios íntimos de los seres humanos, aquello que no decimos en la vida social, que no nos atrevemos a nombrar por las convenciones sociales y son cosas importantes, nuestra relación con nuestros padres, nuestros deseos, aquellas regiones que llevamos dentro y nos atormentan, nuestras insatisfacciones, todo eso es el espacio natural de la literatura. Ahí donde la vida social no existe. Un escritor tiene la sensación de que está solo, luego se publica y lo lee todo el mundo, es como ponerle palabras a tu soledad.

—¿En Los besos (Planeta), el personaje masculino le cambia el nombre a su amante, más allá de hacerla sólo suya  a través de este simple acto qué más implica para él?

—Es la ilusión, la fantasía, la utopía, la belleza. El romanticismo tiene los días contados porque sociológicamente ya no funciona. ¿Quién puede sustituirlo en la capacidad de ilusión que tiene hacia ella? Estos dos personajes quieren vivir un amor ideal, maravilloso y él siguiendo el ejemplo del Quijote quiere robarse a la mujer de la realidad, en ese deseo de trascenderla, de convertirla en un ideal de vida, Salvador, el personaje de mi novela, le pide permiso para nombrarla, Altisidora. Para ella es un juego anecdótico, pero para él es mucho más importante porque al final la ve como la representación de los ideales del amor. La novela la escribí para recordar la importancia del amor, aún no hemos descubierto algo que nos de realización, que nos de la sensación de que estamos gastando nuestra vida de manera buena.

Manuel Vilas
Es mi primera vez entrevistando a un autor que ha tocado fibras sensibles de mis recuerdos con su literatura. Foto: MaremotoM

—En la charla sobre Placeres y erotismo, escenarios literarios, mencionaste que estabas buscando que los personajes de Los besos (Editorial Planeta) representaran un amor elevado, espiritual.

—Sí, es una obsesión que tuve cuando escribía la novela. Yo creo el erotismo está más cerca de una experiencia mística que de una experiencia frívol que a o como se puede representar en la pornografía. Yo quería mostrar en la novela que el erotismo es misticismo. Dos seres humanos que se conocen íntimamente y que eso es algo importante, ahí late el misterio de la vida. Vida y erotismo se terminan fusionando.

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Manuel Vilas
Yo creo el erotismo está más cerca de una experiencia mística que de una experiencia frívol que a o como se puede representar en la pornografía. Foto: FIL en Guadalajara / Cortesía

—Con Alegría  fuiste finalista del premio Planeta. ¿Ha cambiado tu vida a partir de los premios y los reconocimientos?

—A nivel práctico sí, estoy viajando mucho de un lado a otro, ya no sé ni dónde estoy, pero feliz porque el Premio Planeta lo que te da sobre todo son lectores y esta novela me hizo preguntarme mucho sobre  lo que hacía feliz al ser humano, lo que traslado a la literatura son las cuestiones que me hago. Esta infelicidad en que muchos hombres y mujeres viven, de dónde viene esa infelicidad, quizá de no haber tenido la suerte de encontrar el amor y claro, a veces ni siquiera lo buscamos porque la sociedad nos dice que tenemos que buscar un buen trabajo y ser eficiente en ello, ser un buen ciudadano, ser un buen padre, un buen hijo, un buen hermano, un buen amigo. Ser un buen amante queda de lado, lo olvidamos. Nuestra pareja no es lo más importante en la vida. Creo que tenemos una relación con el amor que puede explicar muchas de nuestras insatisfacciones más terribles. Yo no creo en el matrimonio, yo creo más en el divorcio, hay milagros pero lo normal es que la gente se divorcie.

—¿Entonces el amor es el equivalente al éxito?

—Creo que un ser humano que consigue solucionar el amor ha resuelto el noventa por ciento de su existencia. Hombre o mujer que vive una relación maravillosa que le llene y le dé esa alegría intensa del amor, lo único que le resta es buscarse un trabajo para pagar facturas. Lo fundamental lo ha resuelto, el amor es muy revolucionario. Socialmente lo importante es el buen trabajo, la buena casa, el automóvil y yo invierto el proceso, lo más importante para mí es el amor. En Alegría (Planeta) hablo del amor del padre hacia sus hijos. Este es otro de los grandes imperios del amor incondicional por excelencia. Los hijos no quieren tanto a los padres, es cierto. Esta es de carácter autobiográfico y está inspirada en la relación con mis hijos. Para un escritor esta distinción entre ficción y autobiografía no existe, surge cuando lo explicas o te lo preguntan, pero para mi es lo mismo la ficción y la realidad a la hora de escribir.

—Tus personajes están en esa constante búsqueda del amor. ¿Lograrán encontrarlo?

—Mis personajes se pasan la vida buscando el amor, eso hacemos mientras estamos vivos, la búsqueda termina cuando nos morimos. Decía Buñuel en sus memorias, Mi último suspiro, que cuando cumplió los ochenta años los recibió como una bendición porque ya no tenía deseo sexual y eso para él era una maravilla. Descansamos del amor cuando la naturaleza nos abandona.

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