Ecuador

DIARIO DEL MUNDIAL | Cést Catar, dice Poppy

Ya sabemos que ganó Ecuador dos a cero, que  Enner Valencia hizo dos goles, que uno fue de penal y el otro de cabeza y que hizo uno más que se lo anularon por el hocico de un camello.

Ciudad de México, 19 de noviembre (MaremotoM).-  Un niño rubiecito, de 10 años más o menos, con la camiseta del país organizador, camina lentamente por la raya central. El estadio colmado por cien mil almas, guarda silencio. El niño lleva una pelota en las manos, como una ofrenda. Cuando llega al círculo central, al medio exacto de la cancha levanta la pelota , la abre y sale volando una paloma, símbolo de paz. Sencillo, conmovedor, inolvidable.

Fue en el 82, en plena guerra de Malvinas , en el Nou Camp de Barcelona. Lo recordamos mientras encandilan las luces del estadio Al Bayt. Corren otros tiempos, hoy predomina el láser, la tecnología ultrasónica, la virtualidad . La ceremonia inaugural , de todos  modos, tuvo tres cosas importantes: condujo ese actor gigante que es Morgan Freeman, la mascota oficial abrazo a las mascotas de otros mundiales en un pasaje emotivo y todo duró poco menos de lo que se suponía. Poco fútbol en la ceremonia y poquito fútbol después, cuando empezó a rodar la pelotita.

Ya sabemos que ganó Ecuador dos a cero, que  Enner Valencia hizo dos goles, que uno fue de penal y el otro de cabeza y que hizo uno más que se lo anularon por el hocico de un camello.

Offside tecnológico, que le dice el amigo Daniel Guiñazú; que los cataríes son de plástico, pero tienen a uno que la mueve un poco, juega con el 11 por el medio y se llama Akram Afif. Anagrama de Marka Fifa, mirá vos.

Desde nuestra ubicación, cerquita del cielo, se veía muy animada la tribuna cabecera con los de amarillo que cantaban “sí se puede”, con perdón de la palabra y que a cada rato se acordaban de los chilenos que les querían meter la mano en el bolsillo y robarles el pasaje al Mundial.

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A la izquierda, la barra brava de Catar. Mezcla de coro y ballet de laboratorio. Unos eran 250 tipos que deben de haberse pasado meses ensayando la coreografía, con música de canchas españolas o inglesas y letras incomprensibles.

Costó mucho llegar al estadio. Al principio todo bien: metro y bus y recorrimos 35 kilómetros en media hora. Pero nos dejaron en Barrancas de Belgrano, para ir a la cancha de River. Caminante no hay camino indicado y se hace cansancio al andar. Tres cuartos de hora de caminata.

Máquinas automáticas para retirar las entradas, pero las máquinas fallan. Aquí da la sensación de que todo está sincronizado, pero cuando surge algún imprevisto desconocen que a veces las cosas se atan con alambre o con un poco de imaginación.

Si no les figura en el libreto la situación imprevista, agarrate Catalina. Y encima uno colabora. Cuando llegamos a la sala de prensa al final del partido  descubrí que había olvidado mi agendita con miles de anotaciones útiles. Subí cinco pisos hasta el pupitre y me la banqué como un duque y me sentí joven . Claro que la libretita no estaba; cuando bajé al centro de prensa abrí un bolsillo virgen de la mochila y ahí estaba la libretita muerta de risa; me sentí más viejo que nunca.

Una buena noticia que recibimos ayer es que nuestra anfitriona, Poppy, nos regaló una botella de Malbec Cristóbal, mendocino. Una mala noticia es que hoy no hay internet  en la casa y por eso escribimos este diario desde el centro de prensa. Cést Catar, dice Poppy.

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