DIONISIO SIN MALETAS | NO al Tren Maya

Estuve presente en el bunker lopezobradorista el día ganamos la elección presidencial. Salté de alegría junto a otroas al momento anunciaron la victoria. Soñé despierto. Hoy me doy cuenta que, al despertar, el dinosaurio seguía allí.

Mérida, Yucatán, 21 de abril (MaremotoM).-  A Raúl H. Lugo, padre de una gran revolución.

Cuentan los abuelos del mayab que les contaron los abuelos de los abuelos que llegará un día en que el mundo se quedará sin agua por el mal uso hacemos de ella. Llegado ese fatídico momento habrá grandes filas de personas en busca del vital líquido en un cenote que está justo al centro del pueblo de Mani, en Yucatán. Allí, dentro, luego bajar unas escaleras hacía una profunda oscuridad que casi se puede tocar, habrá una viejecilla de tenue voz que repartirá pizcas de agua vertidas sobre la cáscara de un cocoyol. El agua racionada serán sólo gotas, pero saciarán la sed.

Esa profecía maya parece tener sustento en la borrasca de días vivimos en este 2020.

La terquedad por construir un tren en la Península altera, de mala lid, la vida tal y  como la conocemos en Yucatán. La apuesta de este Gobierno “del pueblo” se centra en explotar comercialmente la cultura maya para beneficio de turistas que, cansados de Xcaret, verán la Península como la extensión de un parque de diversiones. El Disneyworld Maya Tropical 2.0.

Premonitorio es el hecho de que quien coordina los trabajos de construcción del mal llamado Tren Maya es la Secretaría de Turismo y no la de Comunicación y Transportes.

Desfachatez es que no se disponga de estudios claros sobre infraestructura básica, transparencia en los qué’s y los cómo’s, y ya ni preguntar en los quiénes, ¿cierto?

No al tren maya
Campesino de Yucatán. Foto: Alejandro Cárdenas

No hay palabras para describir, a esta altura del proyecto, la ausencia de estudios sobre impacto ambiental y social. ¿Por qué? Porque ello es lo que menos importa. Lo que interesa aquí, a AMLO y su cuatrimundo, es ver a la Península como tabla salvadora de un proyecto de nación que naufraga a la deriva en tiempos de COVID.

Estudios específicos sobre viabilidad y/o pertinencia -y otros más detallados- necesarios en un proyecto que amenaza con cambiar la historia y fisonomía de la región de más riqueza cultural de nuestro país, de caracter milenario, y que alberga a 44 grupos etnolingüisticos diferentes, no los hay y no están en puerta.

Mirar a Bacalar y a la Reserva Ecológica de Calakmul como baldíos donde poder construir, no tiene nombre. Entre las áreas naturales protegidas que serán afectadas por el Tren Maya están las reservas estatales de Balam Kin y Balam Kú, Los Petenes y Calakmul en Campeche; el Parque Nacional de Palenque en Chiapas así como las Áreas de Protección del Cañón del Usumacinta; Yum Balam, Manglares de Nichupté y Uaymil en Quintana Roo al igual que la hermosa Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an.

Casi mil300 ciudades antiguas, sitios arqueológicos de incanculada valía, tendrán afectación directa (adulteración, uso turístico abusivo, daño físico…) al estar al margen de la franja prevista de 10km de la vía a construir.

Al final del día y por encima de todo está el pueblo maya de la Península de Yucatán. La tamaleada ‘Consulta’ realizada “entre el 15 de noviembre y el 15 de diciembre del año pasado, no se apegó a los mínimos establecidos por la normatividad internacional, principalmente lo establecido por el Convenio 169 de la OIT de consultas indígenas, e incluso fue cuestionado por la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), que señaló que el mismo no había cumplido con todos los estándares internacionales en la materia”, describe la ONG Indignación a la par de muchos otros actores políticos del Mayab.

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Consciente estoy de que un amplio sector, vinculado a la gran industria del turismo en la región (hoteleros, restauranteros, agencias de viajes, algunos bares…), ve con buenos ojos este proyecto por razones obvias. Habríamos de preguntar, ¿a qué costo histórico, ecológico y cultural deseamos mayor turismo?, ¿qué tipo de turismo anhelamos? Entiendo también que los más de los habitantes de pueblos ven al tren como una panacea, una tabla para mejorar su enclenque situación. Una tarde de febrero Javier Chan me contó, contento, que el Tren le ayudará a llegar a Mérida, desde su pueblo, “en menos de lo que canta un gallo, ya que es un Tren Rápido”. Cuando le respondo a Gerardo que el Tren será tan caro que sólo los turistas podrán tomarlo, además de que no habrá paraderos en los pueblos, sino sólo en lugares turísticos, Javier me responde con ojos de mañana “y qué, si al fin y al cabo nosotros también seremos dueños del Tren”.

Las FIBRAS (Fideicomisos de Infraestructura y Bienes Raíces), modalidad usará Fonatur para hacerse de tierras, es un robo en despoblado. Mediante este mecanismo la tierra no se expropia o se compra; se “comparte”. La tierra no cambia de dueño, en papel, pero sí es retenida como aval material. Sobre esta tierra se construirán los llamados Polos de Desarrollo: hoteles, condominios, centros para los turistas… que no pertenecerán al dueño de la tierra sino a los socios y/o accionistas entre los cuales él mismo podrá tener una participación. Empero; ya no podrá hacer uso de su tierra, no tiene decisión sobre ella más allá de lo que su participación accionaria le permita, que, ante los dueños del gran capital, será minoritaria.

La tierra que sirva como sostén de las FIBRAS ya no podrá ser recobrada a menos que los campesinos tuvieran lana suficiente para comprar la totalidad de los certificados bursátiles que se emitan sobre ellas así como de los inmuebles construidos. A ello habrá que sumarle el hecho de que los otros accionistas quieran vender. Esta historia es ampliamente conocida y repetida en este país; se le llama explotación.

Así pues, luego este recuento, queda lo íntimo, lo personal. Aunque no nací en Yucatán, al igual que la Chavela, pienso que un yucateco nace donde se nos pega la rechingada gana, y, en ese sentido, ver cómo, poco a poco, “perdemos” Mérida y cómo estamos ante la Cancunización de Yucatán, me hace escribir estas líneas… ¿de qué sirven? Como botella al agua de mar, siento y pienso que algunas de estas inquietudes son pensamientos de muchos/as de nosotras/os y que, estos mismos reclamos nos harán regresar, luego la cuarentena, a la Plaza Grande a exigir “No al Tren Maya”.

Estuve presente en el bunker lopezobradorista el día ganamos la elección presidencial. Salté de alegría junto a otroas al momento anunciaron la victoria. Soñé despierto. Hoy me doy cuenta que, al despertar, el dinosaurio seguía allí.

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