Dolores Castro

Dolores Castro, poeta católica | La huella indeleble de una mujer que lo alcanzó todo

Recordamos a Dolores Castro. Hija de un hombre anticlerical y de una madre católica, la poeta optó por la religión. Tuvo siete hijos, porque así lo quiso la escritora que describía la poesía como “un silencio con ganas de hablar”.

Ciudad de México, 12 de abril (MaremotoM).- Dolores Castro Varela (1923–2022). Con el transcurrir del día miércoles 30 de marzo fuimos recibiendo los pormenores del fallecimiento de Dolores Castro Varela. Destacada poeta nacida en los  veinte en la ciudad de Aguascalientes, el 12 de abril de 1923. Se reportó que había sido ingresada al Hospital Ángeles de la Colonia Roma, donde falleció a los 98 años por complicaciones en las vías biliares: “Nos tranquiliza que no sufrió mucho, se fue en paz. Tuvo una vida larga y plena, y entregó mucho cariño a la gente: los poetas, y en especial a su familia”, fueron las palabras de su hija, Dolores Peñaloza Castro, para los medios.

Su rasgo más subestimado…

Sí, yo también tuve acercamiento a su figura. Tuve el acierto de solicitarle una entrevista al enterarme de que sería homenajeada en el Décimo Encuentro de Poetas que se organizaría en mi ciudad del 22 al 24 de octubre de 2015. Desde el momento de su “Sí” comencé a leer toda información posible sobre su vida y obra. Es de destacar que, al leer lo que otros escriben sobre ella, me doy cuenta, ahora, de que omiten, en su grandísima mayoría, un atributo indisoluble de su ser. La poeta Dolores Castro fue una mujer católica, devota e íntegra. Sería por eso, que, cuando le preguntaban ¿Por qué tuvo tantos hijos? Ella les respondía: Porque yo quise. Quedé inspirada cuando me di cuenta de que lo había logrado todo: una carrera literaria de éxito, junto a una familia amorosa, estable y numerosa. Pensé: entonces sí se puede. Sí se puede dedicar tiempo a la escritura, a las obligaciones domésticas y cubrir las necesidades de la familia. Ella logró todo y lo sostuvo, haciéndolo perdurable y prolífico. No es un detalle de menor importancia el hecho de destacar su religiosidad. Religiosidad que la hizo ser lo que fue, su manera de estar y crear en el mundo. Ella fue la poeta que “todo lo abordó con ternura” sin restarle fuerza ni valor. Las Virtudes Teologales que Dios infunde en la inteligencia y la voluntad humana: la fe, la esperanza y la caridad. Las Virtudes Cardinales como la templanza, la prudencia, la fortaleza y la justicia. La piedra angular de su obra fue la congruencia con la que vivió. Lolita siempre que vio la ocasión de hablar de su fe y religión católica lo hizo orgullosa. Pocos fueron los entrevistadores y estudiosos que destacaron este aspecto positivamente, pues asumirse católico tiende a disminuir el valor de quien lo hace: es visto como retrógrada y estulto. Si eres católico, mejor ni acordarse: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborreció antes que a vosotros”, Juan 15:18.

“La naturaleza y todo me habla de Dios”

Yendi Ramos, poeta y docente oaxaqueña, realizó a Lolita una entrevista reproducida en La Jornada. Dolores Castro no tenía una historia negra qué contar, un anhelo de suicidio o alguna leyenda oscura que le asegurara convertirse en un icono de la cultura mexicana, apuntó Yendi Ramos en la entrevista que le hiciera a la autora, publicada en el número 908 de La Jornada Semanal, en julio de 2012. En esa misma conversación Castro se confiesa una poeta feliz y católica, que no se ha sentado a conversar con el diablo:

—¿Ha platicado con Dios? —preguntó Ramos.

—Sí, aunque decirlo es sentirme importante, pero sí he sentido su majestuosidad. Eso me hace una persona religiosa.

—¿Con el diablo.

—No. Me da miedo.

Segundo extracto de otra entrevista, ahora tomada del portal INBAL Secretaría de Cultura, realizada por Adriana del Moral Castro:

—¿Se considera una mujer religiosa?

—Yo sí me considero religiosa. Y si esto quiere decir ligarse uno nuevamente a Dios, sí soy religiosa. La naturaleza y todo me habla de Dios. Pero lo que sí no soy, y siempre me he defendido de ser, es mística. Porque esa diferencia entre religiosidad y misticismo es enorme. A mí nunca me ha contestado Dios. Quizá dentro de mí hay inspiración, conciencia, porque en la conciencia habita Dios.

No soy mística. Un día voy a ver a Dios, ya que me muera. Ahí hay una diferencia grande. Creo que la respuesta está en eso que les respondía mi marido a los hijos cuando les preguntaba: “Oye, papá, ¿hay Dios?”, y él decía: “Pues no te voy a contestar yo. Nada más ve todo a tu alrededor”.

Soy católica, apostólica y romana y voy a misa y todo. Y por lo tanto a veces protesto contra algunas cosas. Estoy mucho más cerca de la teología de la liberación, pero soy católica, sí.

Mi papá era anticlerical de raíz. Mi mamá era de las que cumple con todas las cosas de la religión. Esa discusión constante entre mi papá y mi mamá me formó a mí. Uno pasa por estudiar algo de filosofía, estudiar tantas cosas que están en contra de la religión… pero yo sigo siendo creyente, sigo siendo católica.

Mi séptima entrevista…

Ella escribió sobre lo vivido y la contemplación como una forma de entender el mundo. Lo dijo siempre: la poesía es la capacidad de conocer más a través de los sentidos educados para la sensibilidad, es entender mejor quiénes somos y a dónde vamos, es capacidad, también, de gozo al leerla o al escribirla. La literatura debe comunicar algo, algo de lo más secreto de cada quién, de lo que más valor tiene para una persona. En su biografía es común leer que Rosario Castellanos fue su mejor amiga, que Miguel Hernández fue una influencia importante para su obra. Que existen dos premios literarios en su honor, que perteneció al grupo de los “Ocho Poetas Mexicanos”, del cual formó parte Efrén Hernández, entre otros.

Casó con Javier Peñalosa a la edad de treinta años. Porque a esa edad ya se encontraba dispuesta a experimentar otros aspectos de la vida. Tuvo siete hijos y, cuando le preguntan las razones, responde: “Porque yo quise”.

Estamos en Ciudad Juárez, donde la poeta Dolores Castro recibió el Doctorado Honoris Causa otorgado por El Colegio de Chihuahua en el marco del Décimo Encuentro Internacional de Poetas 2015. Me presento y externa generosas palabras a una servidora, con la humildad y ternura que sólo tienen los grandes. Aquí lo que me contó.

—A lo largo de su trayectoria usted ha sido distinguida con muchos reconocimientos. Compártame cuáles han sido sus impresiones del Décimo Encuentro Internacional de Poetas y cómo recibe este reconocimiento.

—Creo que a mí me ha concedido la poesía mucho más que la emoción de expresar las emociones, a comunicarme con el mundo y sobre todo con los seres humanos que lo poblamos. Me concedió encontrar en mis últimos años a poetas que reavivaron amistad y afecto, así como gratitud por la organización para este encuentro de voces en la poesía, a lo que agrego el título que mucho me honra: el doctorado del Colegio de Ciudad Juárez, Chihuahua. ¡Todo esto me parece inusitado! ¡Para una mujer, y de 92 años!

—¿Recuerda cuál fue el primer premio que se le otorgó en su vida?

—Recibí mi primer premio en tercer año de primaria, por una composición a la primavera. Y quedé muy sorprendida al recibirlo.

—¿Aún recibe los premios y reconocimientos con la misma emoción, o es un sentimiento que al paso de los años va perdiendo intensidad?

—La emoción y la sorpresa al recibir cada premio es la misma. Empiezo por no creer que lo obtuve.

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—Los actos protocolarios suelen ser solemnes, rígidos y puede resultar un tanto infantil tener que permanecer sentados por tantas horas. En su caso, ¿cómo se prepara para un evento de tal magnitud? ¿Ha sido fácil para usted acatar los preceptos ceremoniales?

—No soy muy experta en actuar con solemnidad. En este caso me pareció emocionante y natural tanto la ceremonia de la apertura como la entrega del título. El director del Instituto no es solemne.

—Su nieto Javier Peñalosa M. (México, 1981) es uno de los invitados a participar en el Encuentro. ¿Qué consejo le da para sobresalir y permanecer en el ámbito literario?

—Mi nieto Javier Peñalosa es más hábil e inteligente que yo. A su edad ha conseguido becas en México y en Nueva York, publica libros de poesía y narrativa, es maestro en la escuela de Escritores SOGEM y da talleres de poesía en Tlaxcala. Además escribe guiones para televisión, ¿cómo darle un consejo?

 

—Todo estudioso de la vida y obra de Dolores Castro sabe que una de sus más entrañables amigas fue Rosario Castellanos. Aprovecharé para preguntarle ¿cómo era Rosario físicamente? ¿Cuál fue su canción o libro favorito? ¿Rosario fue una mujer arrogante de su intelecto, ambiciosa? ¿Era fácil llevarse bien con ella?

—Rosario Castellanos era una persona excepcional: de gran inteligencia y sensibilidad. Su frágil salud nunca fue obstáculo para el estudio, el trabajo. El cumplimiento de jornadas a pie o a caballo en su natal Chiapas cuando llevó el teatro Petul a los indígenas. Fue maestra universitaria y de las buenas, y ascendió hasta ocupar la Embajada de México en Israel. Conocí a Rosario cuando ella tenía catorce años, y fuimos compañeras desde tercero de secundaria hasta la facultad de Derecho en 1944, y luego en la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM), y en los años 1950 a 1951 viajamos a España y estudiamos en la Universidad Complutense de Madrid. Regresamos a México, y ella poco después viajó a Chiapas.

En su poesía, en sus ensayos defiende la independencia y la libertad de la mujer. Su poesía es extraordinaria: paisaje interiorizado para convertirlo en luz, ternura, dolor, soledad, ingenio, ironía. Me faltan palabras para expresar todos los valores de su poesía.

Su figura lo revelan las múltiples fotos. Cambió de frágil joven en la escuela: pelo largo un poco tímida, cabeza baja, a joven de hermosos ojos, cejas pobladas, sonrisa abierta; mujer de éxito (aunque nunca se consideró así), con cejas depiladas y expresión de quien ha vivido en un mundo no siempre habitable.

Fuimos amigas siempre. Éramos diferentes: ella del sur, del norte yo. Ella ante todo defendía su vocación literaria, yo también, pero no ante toda la inexperiencia de joven que esperaba vivir todas las experiencias fundamentales de la vida.

—¿Alguna vez tuvieron algún desacuerdo personal o profesional?

—Y sí discutimos, y hasta algún día peleamos, como ocurre entre amigas. También es cierto que nuestra amistad desde cuando éramos casi unas niñas contó más.

—Pareciera un rasgo común que entre mujeres se desapruebe el que una mujer intelectual se case y tenga más de un hijo. Ni qué decir de las que se casan y logran llevar un matrimonio estable. Nada menos, recordemos la frase “Mujer que sabe latín… no tiene marido ni tiene buen fin”. Sin embargo, usted es una mujer que lo obtuvo todo: una obra literaria exitosa, matrimonio, hijos, el amor al lado de un solo hombre. ¿A qué atribuye usted ese sentimiento de desaprobación de unas mujeres hacia otras en cuanto al tema del matrimonio y los hijos se refiere?

—Rosario era hija única de un matrimonio que no era feliz. Yo tenía la experiencia de una familia que comprendía, además de padres amorosos y hermanas, a mis abuelos, múltiples tíos y primos. La familia no impide a una mujer que cumpla con su vocación de maestra y escritora. Sí es indispensable que en el matrimonio exista el respeto necesario a la vocación de cada quién. Yo tuve esa experiencia. No me arrepiento de haber tenido a mis siete hijos, así no haya podido agregar a lo que escribí siete poemas o más.

—Usted ha señalado que eligió escribir verso libre, una manifestación poética que se aleja intencionalmente del rigor de la rima y la métrica. ¿Qué opinión le merece los críticos literarios que hacen análisis de su obra? ¿Se identifica con lo que ellos encuentran y afirman de su obra?

—Estoy de acuerdo con la crítica

—¿Hubo algún episodio o época en su vida que tuviera un acercamiento o interés por los temas de iniciación, sistemas de creencia, los ritos y lo sagrado, el símbolo y las tribus desde un estudio antropológico?

—Creo que la poesía aspira a lo sagrado, sus valores están presentes en el poema. Lo sagrado es aquello que los seres humanos consideran esencialmente digno de respeto y veneración. No pertenezco a ningún grupo, respeto a cada uno. Soy católica. Creo en Dios, el que los mayas mencionan como “Aquel cuyo nombre se dice suspirando”.

—¿Qué opina del uso de drogas psicotrópicas como una herramienta de autoconocimiento y creación?

—No creo que las drogas sean útiles para la creación. Pueden ser un buen pretexto, sí. La creación exige algo más que los sueños de opio. Por otra parte, el peyote y los hongos lo usan los indígenas para sus fiestas religiosas. Aun así no son frecuentes, su uso no los convierte en adictos.

—Quiero agradecer de manera personal y decirle que es mi séptima entrevista. El número siete es considerado mágico. C. G. Jung, se interesó por la alquimia como una manera de encontrar un nexo con los procesos del inconsciente colectivo que tendieran un puente hacia el camino a la sabiduría gnóstica y volviera a entrar en la cultura moderna. Jung recuperó ese conocimiento hermético y logró traducirlo a un lenguaje psicológico, como el significado de los sueños, por ejemplo, que apareciendo de forma aparentemente desordenada, confusa e inconexa comprometían un significado y un sentido. ¿Cree usted en el destino? ¿Qué significado le da a la intuición? ¿Estamos regidos por una energía o ser superior?

—Me parece que la psicología se inspira mucho en la literatura y viceversa. Sin Freud la narrativa contemporánea habría perdido el mundo del inconsciente y el subconsciente.

Creo que la intuición es la fuerza que mueve no sólo a los poetas, también al científico que encuentra la norma, pero ha sido inspirado por la intuición para formularla.

Creo en Dios como energía superior. No podría decir más de lo que han expresado los mayas: “Aquél cuyo nombre se dice suspirando”.

—Usted ha comentado antes acerca de sus problemas auditivos. ¿Tuvo algún percance para escuchar íntegra las lecturas y análisis de los participantes en este Décimo Encuentro?

Alguna vez describí a la poesía como “un silencio con ganas de hablar”. La música de las palabras con frecuencia me falta. Logro escuchar si me hablan de frente y pausado, con ayuda de mis audífonos, pero, generalmente, en los encuentros de poetas también es posible recuperar los textos.

Para mí este encuentro y la distinción del doctorado que recibí es motivo de gratitud y reanudación de amistades entrañables.

Vivo la mayor parte de mi tiempo en el silencio, pero con frecuencia interrumpido en los talleres que aún imparto o en las comidas familiares, en las que nadie oye nada porque todos hablan a la vez.

—¿Cómo quiere ser recordada?

—Quizá ni sea recordada. Me gustaría que recordaran que la poesía es un camino de luz, de conocimiento del ser humano y del conocimiento de su propio ser.

Fuente: Revista Replicante / Original aquí.

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