Occidente

¿Dónde está Occidente?

Así que, por mi parte, me siento muy orgulloso de ser sudamericano, pero no reconozco la pertenencia a ese presunto paraíso al que ni siquiera estamos invitados, salvo para pagar la deuda.

Ciudad de México, 20 de julio (MaremotoM).- Me llama la atención cuando diversos medios (Infobae es el número 1) analizan la política internacional y se golpean el pecho hablando de “Occidente” en primera persona del plural. Lo hacen para comunicar los intereses de Estados Unidos y de las élites criollas, pero nos suman a todos los argentinos  a una categoría que, incluso en términos geográficos, es relativa.

Habría que decirles, aunque ya lo saben, que es un amor no correspondido: cuando Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y España se refieren a Occidente, no nos incluyen. No es mala voluntad, simplemente para ellos no formamos parte de ese círculo privilegiado. Hasta los más progres y, sin querer ofender,  dicen cosas como “los desafíos de Occidente y de América Latina…”

Tampoco forma parte de Occidente ninguno de los países de Africa, continente que está, en términos objetivos, “de este lado del mapa”, debajo de Europa. Australia está en las antípodas, pero es occidental hasta la médula. También Israel “es” Occidente, no así el Líbano (ni hablemos de Palestina), aunque los dos países sean fronterizos. Esto se debe a que “Occidente” expresa más una afinidad de intereses económicos/militares que una coherencia geográfica.

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Occidente
¿Oriente y Occidente? Foto: Cortesía

Los países de Europa del Este, por ejemplo, recién se incorporaron a esta “idea de Occidente” cuando Estados Unidos le renovó a Rusia su viejo status de imperio amenazante.

Un detalle: cuando uno va a China y mira un mapa al principio no entiende nada. Porque China aparece en el centro (de hecho, el nombre de China en mandarín es 中国 Zhōngguó, que significa “País del medio”) y tanto Argentina como Estados Unidos forman parte de “Oriente”.

Así que, por mi parte, me siento muy orgulloso de ser sudamericano, pero no reconozco la pertenencia a ese presunto paraíso al que ni siquiera estamos invitados, salvo para pagar la deuda.

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