Debanhi Escobar

Dos décadas del Inmujeres y Debanhi se quedó sola al lado de la carretera

El gasto del organismo entre 2019 y 2022 cabe 9.1 veces en el costo de la revocación de mandato.

Ciudad de México, 20 de julio (MaremotoM).- Con 21 años de historia y el encargo de generar políticas públicas para abatir al machismo, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) permanece como un fantasma en la burocracia que gasta sin ningún impacto.

Si los datos abiertos hablan de los organismos, los del Inmujeres indican que como proyecto es muy pequeño respecto a otros que ha impulsado el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Su gasto, según Compranet, fue de 185 millones 99,677 pesos entre 2019 y 2022.

La cantidad cabe 9.1 veces en la erogación de 1,692 millones del Instituto Nacional Electoral en la organización de la revocación de mandato y 5.1 veces en la partida que pidió la Secretaría de la Defensa Nacional para mantener al avión presidencial en 2022.

A la revocación de mandato no asistieron 76 millones 322,079 ciudadanos, el 82.3% de la lista nominal; de modo que dejaron de aprovecharse 1,391 millones, 214,001 pesos, cantidad en la que caben 7.5 veces los gastos del Inmujeres.

En cuanto al avión que sirvió como símbolo en la campaña de Andrés Manuel López Obrador para señalar el lujo del gobierno de Enrique Peña Nieto, no ha podido ser vendido ni rifado, pero su mantenimiento genera un gasto superior al del Inmujeres en abatir al machismo.

Debanhi Escobar
En ese panorama Debanhi no regresó a casa. Foto: Cortesía

Mientras, ¿en qué eroga su dinero en estos momentos el Inmujeres? En 246 contratos firmados entre 2019 y 2022 aparecen solo compras de café para reuniones, mantenimiento de oficina, anuncios en televisión y eventos. No se encuentra ninguna contratación pública que se refiera al abatimiento de los feminicidios, el abuso sexual o la desigualdad sustantiva. Hay uno sobre el acoso sexual.

El título del contrato es “Estudio que permita la generación de Lineamientos para la Prevención y Atención de Casos de Acoso Sexual”. Se lo llevó Amanda del Rocío LLivichuzhca Pillco. Se gastó en ello 834,036 pesos, lo que representa el 0.45% del gasto total.

En ese panorama Debanhi no regresó a casa.

Debanhi Susana Escobar Bazaldúa no había llegado al mundo cuando en 2001, en el gobierno de Vicente Fox Quesada (2000-2006), se conformó el Inmujeres como organismo público descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio propios, además de autonomía técnica y de gestión. El mandato legal del nuevo organismo fue crear políticas públicas para garantizar la perspectiva de género en la vida pública y social del país.

Concebido por el primer gobierno emanado del Partido Acción Nacional después de 71 años de gobierno sin interrupción del Partido Revolucionario Institucional, el Inmujeres alimentó las expectativas sobre la administración foxista. Por primera vez se instalaba una estructura para combatir al flagelo de la violencia en contra de las mujeres.

Los seminarios y los discursos serían la piedra de toque para virar hacia una nueva concepción de ser mujer en México, según planteó Patricia Espinoza, la primera directora del organismo.

En 2004, en Nuevo León, nació Debanhi Susana. Ella, conforme a los planes gubernamentales, iba a integrar una nueva generación de mexicanas. Su realidad se iba a conformar con más oportunidades laborales y de estudio, más seguridad, menos objetivización de su cuerpo y en general, bienestar en cada área de su vida.

Pero ese mismo año la imagen del Inmujeres se desmoronó. Los viajes internacionales de Patricia Espinoza generaron críticas y el organismo empezó a ser señalado como un escenario en el que “los amigos” conseguían “chamba” sin tener méritos en la lucha feminista.

El artículo de Elena Poniatowska del 1 de febrero en 2004 en La Jornada se tituló “El escándalo de Inmujeres: burla a los ciudadanos”. En el texto, la escritora opinó: “Por primera vez un partido de oposición, el PAN, funda en 2001 un organismo para la mujer. ¿Y qué pasa? Su directora se da el lujo de ser frívola, inepta y voraz”. Poniatowska escribió también que no había pruebas de que los viajes o la organización de congresos de costos millonarios le sirvieran al bien social.

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Pero la historia y la inercia de las prioridades en el organismo continuaron intactas. Bajo la administración de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), cuando la presidenta del Inmujeres era Rocío García Gaytán (QEPD) en el traslado del personal a los eventos internacionales fueron gastados más de 103 millones de pesos, de acuerdo con la revisión de contratos.

Con Enrique Peña Nieto (2012-2018), presidido por Lorena Cruz Sánchez, el organismo quedó escondido en la burocracia con apariciones mínimas en la escena pública. La organización de los seminarios y eventos tuvo un declive, aunque la erogación por ese concepto se mantuvo como la principal. En todo el sexenio se gastó en ello 24 millones 765 pesos, casi la cuarta parte de todo lo que se invirtió en la administración anterior.

Incluso, en ese sexenio, el Inmujeres se quedó acéfalo cuando Cruz Sánchez renunció al cargo en 2018 para competir por una senaduría plurinominal en las elecciones federales que se efectuaron en julio de ese año. El Inmujeres quedó a cargo de la secretaria ejecutiva, Marcela Eternod Arámburu.

En febrero de 2019, cuando el nuevo gobierno de López Obrador tenía dos meses de haber iniciado funciones, la junta de gobierno del instituto conformó la terna de candidatas y la presentó al Ejecutivo.

Así fue elegida Nadine Gasman, maestra por la Universidad de Harvard y doctora en Gestión y Políticas de Salud por la Universidad Johns Hopkins. En su currículum destaca una trayectoria considerable en la Organización de las Naciones Unidas a favor de la salud y los derechos de las mujeres.

Las alertas de que la estructura era débil continuaron. En la toma de posesión de Gasman Zylbermann, el 25 de febrero, las palabras de la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, pusieron al Inmujeres bajo la crítica. La entonces funcionaria reconoció que el organismo carecía “de dientes” para avanzar en las políticas públicas y anunció que se impulsaría una reforma de las leyes de igualdad, acceso a las mujeres a una vida libre de violencia, así como la homologación del feminicidio en los estados.

Y dijo: “Es sumamente difícil para poder avanzar en estas políticas también de poder incluso tipificar una conducta como feminicida … Tenemos que avanzar también en esto, en una homologación legislativa y en otras muchas disposiciones porque todavía hay resabios aunque ustedes no lo crean en los códigos civiles y penales de una altísima discriminación”.

Han transcurrido más de tres años de gobierno de Andrés Manuel López Obrador y la iniciativa para la reforma del Inmujeres aún no es presentada.

Las cifras y los estudios refieren que la realidad prometida para Debanhi en 2001 nunca ocurrió. El Sistema Integrado de Estadísticas sobre Violencia contra las Mujeres, construido en 2016 por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática muestra que si en 2006 –cuando arrancó la administración calderonista–, 67 por ciento de las mexicanas había vivido un episodio de violencia, para 2016 –en el epílogo del gobierno peñanietista–, el mismo indicador era de 66.1 por ciento. Es decir, después de una década de trabajos del Inmujeres, el panorama era el mismo. Los datos no han sido actualizados desde 2017.

Y Debanhi, de 18 años de edad, desapareció frente a esa sociedad que el Inmujeres, cuando nació, se propuso cambiar a través de políticas públicas.

Fuente: La Cerradura / Original aquí.

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