Paolo Sorrentino

El alma desnuda de Sorrentino en Fue la mano de Dios, con Fellini incluido

Está Diego Maradona como soundtrack de un filme donde Sorrentino cuenta la muerte de sus dos padres, cuando él era adolescente, mediante el accidente con una estufa a gas. Decía Quino que los padres se mueren de un día a otro y que con ello también faltan a la responsabilidad de cuidar y mimar a sus hijos. Que por eso él no había tenido ningún vástago. ¡Es increíble lo que hacen los padres!, decía el autor de Mafalda.

Ciudad de México, 2 de enero (MaremotoM).- Fue la mano de Dios, de Paolo Sorrentino, tiene algo más que la nostalgia. Trae, sin duda, el alma desnuda de ese director y también, por qué no, el retrato de Federico Fellini, tan extrañado en la filmografía mundial.

Está Diego Maradona como soundtrack de un filme donde Sorrentino cuenta la muerte de sus dos padres, cuando él era adolescente, mediante el accidente con una estufa a gas. Decía Quino que los padres se mueren de un día a otro y que con ello también faltan a la responsabilidad de cuidar y mimar a sus hijos. Que por eso él no había tenido ningún vástago. ¡Es increíble lo que hacen los padres!, decía el autor de Mafalda.

Paolo Sorrentino
Paolo Sorrentino y el protagonista. Foto: Cortesía

Aquí, esa muerte silenciosa y que destruye todo el mundo que uno tenía armado, sólo puede encontrar compensación en el futbol y en el cine, esas dos miradas con la que observamos las situaciones con algo más que dolor. En el medio, imágenes que evocan todo el tiempo a Federico, en sobre todo los personajes. Pareciera ser que los únicos “normales” son los padres (interpretados por el tótem de Sorrentino, Tony Servillo y Teresa Saponangelo, en un papel mucho mayor que ella, pero que ella borda con una paciencia de madre y una gran simpatía), en donde el humor no sólo a través de las criaturas, sino también el que ejercen los progenitores de Fabietto (Filippo Scotti), funciona como un cable a tierra. Fue la mano de Dios cuenta la historia de Nápoles, de Sorrentino y de una época que va más allá de Elena Ferrante. Si la autora de La amiga estupenda narró esos días napolitanos con enorme sufrimiento y una virtud que demuestra el clasismo y el racismo del lugar, el director de Fue la mano de Dios tiene para sí la ironía y el esperpento humorístico para albergar, por qué no, unos grandes sueños. El sueño de tener a Maradona, el sueño de convertirse en cineasta.

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Recordemos de Paolo Sorrentino ha hecho La gran belleza y con ello observaba con un gran sarcasmo el destino de su país, Italia. Aquí, lo hace a través de los personajes y con él también a él mismo. Si en aquel filme premiado por el Globo de Oro y por el Oscar, Sorrentino quería ser “el rey de los mundanos”, en esta película pequeña, dueña de una intimidad propia del director, pone a Nápoles como el principado de esos seres sin destino, que van por la vida ostentando su maravillosa personalidad, sin que los domine la moda o las enseñanzas.

Desde la vieja condesa que hace perder la virginidad al joven, desde la enamorada y ansiada tía Patricia, cuya belleza puede volver locos a los testigos, desde ese futbolista famoso que llega para convertir al Nápoles en ganador y que ya muestra en esos tiempos su dificultad para no ser reconocido en la calle, Sorrentino pinta una aldea para convertir ese lugar en un principio de todos. Se parece en ese sentido al escritor griego Theodor Kallifatides cuando al regreso de Suecia, visita a su madre en Atenas y juntos recuerdan lo que ha sido su vida, en Madres e hijos (Galaxia Gutenberg).

La película está en Netflix y la Cineteca Nacional. No se la pierdan.

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