El callejón de las almas perdidas

El callejón de las almas perdidas: Del Toro por fin aprendió a narrar

Bueno, ¿preparados? Creo que El callejón de las almas perdidas, la nueva cinta de Del Toro, es una maldita joya. De inicio a fin está hecha con una mano que parece tener mucho de divina. ¿A quién le habrá rezado Del Toro? Que por favor pase el tip, porque uno podría mandar a esa iglesia a tantos cineastas.

Ciudad de México, 6 de febrero (MaremotoM).- Tengo que comenzar esta reseña con una advertencia: no me gusta el cine de Guillermo del Toro. Detesté El laberinto del fauno con toda mi alma, mis músculos, mis huesos. Cronos me parece sobrevalorada, Pacific Rim me resulta la cima de la tontería y no hablemos del horror que son las películas de Hellboy.

¿Por qué no me gusta el cine Del Toro? A ver, no es un asunto personal, Del Toro me cae tan bien que siempre le doy chance. Lo he intentado, he visto todas sus películas y a todas las encuentro fallidas, mal dirigidas, vistosas, sí, pero meh, hasta la belleza cansa. Por ejemplo, en El laberinto del fauno se nos está convenciendo durante toda la trama que la niña protagonista vive en un lugar vigilado hasta la desgracia. ¿Qué sucede durante el clímax de la cinta? La niña, ay, escapa de ese búnker lleno de soldados sin ninguna dificultad y no hay nunca una justificación narrativa que nos haga creer que eso es posible. Las reglas de verosimilitud se le escapan al cineasta tapatío, más preocupado por crear escenas cool y personajes pintorescos que en narrar.

El callejón de las almas perdidas
Bradley Cooper lleva ya varias películas demostrando que no solo es un güero guapo. Foto: Cortesía

Bueno, ¿preparados? Creo que El callejón de las almas perdidas, la nueva cinta de Del Toro, es una maldita joya. De inicio a fin está hecha con una mano que parece tener mucho de divina. ¿A quién le habrá rezado Del Toro? Que por favor pase el tip, porque uno podría mandar a esa iglesia a tantos cineastas.

Del Toro lo ha logrado: narra una historia sin tropiezos y sin fallos; una trama que corre con presteza durante sus casi tres horas de duración. De verdad, una maravilla. La oscuridad camina junto a Guillermo del Toro y él sabe cómo hacerse su amigo, eso lo sabemos. La revelación es que también nos demuestra que es un gran contador de historias, por fin sabe ir del plot point A al B sin que se le noten las costuras al guion.

¿En qué estriba esta grandeza? Personajes adorables, un buen entendimiento de la intriga y una estética noir muy bien lograda. Pero por primera vez en la carrera del cineasta lo visual no es lo más importante de la cinta, los actores llevan una carga dramática completa (se nota que trabajó con ellos de manera intensiva) y la narración es sencilla pero perfectamente bien contada.

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Stan Carlisle (Bradley Cooper lleva ya varias películas demostrando que no solo es un güero guapo) es un don nadie que llega a una feria de esas tétricas de los años 30: diversiones de pobres diablos como el propio Stan. Estados Unidos apenas se está librando de lo años de la Depresión y una guerra se cierne sobre Europa. En la feria, el mundo es grande y diminuto. Todas las atracciones rezan ser las más grandes del mundo, el hombre más fuerte de la historia, el monstruo que los científicos de todo el globo han declarado apenas humano, la mujer araña que desafió a sus padres y quedó convertida en alimaña.

En la feria, Carlisle conoce a una troupe que lo acoge como parte de la familia. Clem (Willem Dafoe, espléndido como siempre) le enseña los rudimentos de la vida circense. El monstruo, la atracción principal de la feria, es su mascota—un monstruo, porque qué son las películas de Del Toro sin la oscuridad y la degradación humana vestida de inocencia—. En un momento crítico de la historia, Clem le explica a Stan que convertir a alguien en un monstruo no es nada difícil, solo hay que convencerlo de que la monstruosidad es algo temporal, que la superará para regresar al mundo terreno. No digo más.

Stan conoce a Zeena (Toni Collette) y a Pete (David Strathairn), quienes le enseñan la sabrosa ciencia de engañar a los bobos. Pete, un alcohólico en las últimas, le enseña a ser un mentalista. Stan va encontrando su propio lugar como uno más en la familia de los cómicos de la legua que lo acogen. Por supuesto, los chicos tienen que crecer y cuando Stan está lo suficientemente empapado de la vida del espectáculo, emprende su propio camino.  

Pasan dos años. Stan vive en una gran ciudad donde su número de mentalismo es el principal atractivo de un hotel lujoso. En una noche especialmente triunfal, el mago conoce a Lilith (Cate Blanchett). Si han visto los carteles promocionales, se darán cuenta de los labios encendidos de Blanchett: es una diva en rojo y negro, una femme fatale. Lilith es una psicóloga sin moral que quiere a Stan como cómplice en un timo. Y, por supuesto, Stan acepta su lugar. Eso decidirá su destino.

Puede será que la trama sea predecible; es una historia que hemos conocido antes (de manera literal, El callejón…  es un remake de una cinta original de 1947), pero eso no significa que la trama no depare sorpresas. Siquiera por eso hay que ir al cine.   

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