Juan Bonilla

El combate de Nahui Olin también afectaba a las élites: Juan Bonilla

La nueva novela de Juan Bonilla, también basada en las declaraciones e investigaciones de Tomás Zurián, destaca a Nahui Olin como un personaje absolutamente literario. Quiere sacarla de la vida y convertirla en un texto.

Ciudad de México, 9 de febrero (MaremotoM).- Cuando ganó el Premio Nacional de Narrativa, el año pasado, Juan Bonilla decía que le interesaban las novelas inyectadas de poesía. Algo de eso hay en Totalidad sexual del cosmos (Seix Barral), donde el autor ganador también de la primera Bienal Mario Vargas Llosa por su biografía novelada de Vladimir Maiakovski, Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), navega sobre la vida de Nahui Olin.

A veces hablar de alguien tan cercano corresponde a pensar –inconscientemente- en por qué este escritor se mete con Carmen Mondragón. Un argumento totalmente infantil y falso, en el sentido de que todos los escritores se ocuparon de miles de cosas y entre ellas un personaje extranjero, tan ansiado, tan inexplorado.

Antes había hablado con Sandra Frid, la autora de La mujer que nació tres veces (Planeta), donde sugiere un amor incestuoso con su padre, el amor pacífico con Eugenio, el capitán y la muerte, no olvidada ni fuera de sí, sino soñando e ese mundo del que ella fue protagonista y por supuesto la escritora no dijo nada, que la leyera a ver qué me parecía.

Basada en los recuerdos del restaurador Tomás Zurián (un conocedor cabal de Carmen Mondragón), Sandra también acudió al libro de Las siete cabritas, de Elena Poniatowska y por supuesto al libro de Adriana Malvido que le resultó fascinante. Hay que decir que Frid antes había hecho el libro sobre Nellie Campobello.

También recordé a La loca perfecta (Lumen), de Valeria Matos, un libro arriesgado donde Nahui no es vista como es vista ahora, el gran emblema del feminismo y se presenta como un personaje humano, contradictorio y complejo, lejos del mito y producto de su tiempo.

“Siempre agradezco las investigaciones anteriores, que fueron necesarias, pero este debate también es preciso”, dijo Valeria, que tiene Estudios de la Mujer por la UAM Xochimilco y es licenciada en Historia por el Instituto Cultural Helénico-UNAM.

La nueva novela de Juan Bonilla, también basada en las declaraciones e investigaciones de Tomás Zurián, destaca a Nahui Olin como un personaje absolutamente literario. Quiere sacarla de la vida y convertirla en un texto. Un texto maravilloso, de acuerdo con el autor, quien es probablemente uno de mis autores españoles preferidos, pero que no alcanza a transgredir lo ya visto de Nahui Olin. ¿Cómo se recibirá a la novela aquí?

–¿Cuándo Nahui Olin se convirtió en un tema literario para ti?

–Conocí a Nahui Olin por una exposición de Edward Weston, luego por una monografía que escribió Adriana Malvido y nunca pensé en intención de escribir algo sobre ella. Hasta que en Guadalajara, en 2015, conocí a Tomás Zurián, fue ahí donde vi que había la posibilidad de una novela en la que contara su vida y a través de su vida la investigación que la rescató. Antes de eso para mí era una de las muchas artistas con vida fascinante, pero no había sentido la fiebre o la necesidad o la posibilidad de que estuviera a mi alcance como narrador. Fue el encuentro con Tomás Zurián que escribiera la Totalidad sexual del cosmos.

Juan Bonilla
Para mí fundamentalmente es eso, es alguien con un potencial literario importante. Foto: Cortesía

–Esta Totalidad sexual del cosmos me parece que pone a Nahui Olin como personaje literario

–Para mí fundamentalmente es eso, es alguien con un potencial literario importante, que me permitía además hacer el tipo de novelas que me gusta hacer donde se hermanen los distintos géneros, el ensayo, la poesía y la propia narración. En efecto, muchas mujeres de la época tuvieron una vida de novela, pero me parecía que el tratamiento era convertirla en lo que realmente fue, lo que la hermana al Maiakovski de Prohibido entrar sin pantalones, es decir, tuvieron ambos una vida poética. Tuvo una vida memorable, no sólo una vida llena de hechos fantásticos, sino una especie de eso que no sé definir muy bien, una vida poética, de búsqueda constante, hasta llegar a encontrar a su biógrafo, al que la rescató del olvido.

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­–¿Qué otras cosas encontraste en esa comparación que haces de Maiakovski con Nahui Olin?

–Bueno, hay que pensar que Vladimir Maiakosvki tuvo un componente que no se dio en la vida de Nahui Olin que fue llegar al poder, que era inicialmente lo que me interesaba de su vida. Como alguien que había vivido a la contra de pronto se convierte en un poeta del estado, en el poeta del pueblo. Sin embargo, yo creo que sí, que tienen muchas cosas en común, los dos se enfrentaron a cosas que los hicieron sentir incómodos, los dos retaron contra esa realidad en la que desembocaban, cada uno a su manera, y con una libertad en ambos casos que provocaban grandes cambios tanto en el campo del arte como en el de la poesía.

Juan Bonilla
Totalidad sexual del cosmos, editada por Seix Barral. Foto: Cortesía

–Toda la política patriarcal también ha contribuido para que ella permaneciera ignorada por el gran pueblo

–Sin duda ninguna. Una de las cosas que le pasa a Nahui Olin y que pasa en muchos órdenes de la sociedad, siempre se cita a los padres de Dadá a Hugo Ball y a Tristán Tzara, pero nunca se cita a Emmy Hennings, que fue la fundadora de Cabaret Voltaire. Es decir, ha sido una especie de seña identidad lamentable del siglo XX, a la que poco a poco se le irá poniendo remedio, porque hay que pedir justicia para la propia historia. En este caso las cosas se tendrán que poner en su sitio.

–Hablas de la libertad, la libertad para ti pasa primero por lo sexual…esa especie de ansiedad sexual

–No sé si esa expresión aparece en mi novela, creo que no, el reto de Nahui Olin es doble, Por un lado, un reto de género, ella escribe además muy joven por qué tengo que ser esclava de un padre y luego de un marido, pero también es un reto de clase. Nahui Olin pertenece a una clase acomodada, eso también hay que tenerlo en cuenta, tiene un peso importante en muchas de sus decisiones. Una de las cosas por las que más merece ser recordada Nahui Olin, además de su obra pictórica, poética y como modelo, es porque su combate también afectaba a las élites. Era una manera de difuminar la alta cultura con la baja cultura. Ella tenía tanta relación con los pintores, los artistas y los poetas mexicanos de la época, pero salía desnuda en la portada de Ovaciones, un periódico popular. Es una de las primeras artistas que desde la vanguardia trata de difuminar la diferencia entre alta cultura y baja cultura y por supuesto eso no le fue perdonado.

–Cuando se convierte en la loca de la alameda, ¿crees que ella pierde el combate?

–Tampoco estoy muy convencido de que sus ambiciones fuera el ser reconocida, la veo tan segura de su propio mundo. Su lucha no iba por ahí. Más bien creo que consiguió formularse con tanta nitidez a sí misma como un personaje propio, logró convencerse de que su obra era su propia vida, que ganó la batalla, que hasta ese momento iba perdiendo.

–¿Qué piensas tú de que tu novela esté en México, donde la gente conoce a Nahui Olin?

–Para un escritor que su novela esté en cualquier lugar es un sueño y es precisamente lo que quiere. Más para un escritor como yo que ha escrito sobre personajes mexicanos y rusos, que puedo ser un perfecto personaje de la globalización. Obviamente no lo soy, porque cualquiera que haya leído sabe que Homero no estuvo nunca en Troya, pero no siento más que agradecimiento a ver cómo se recibe por ese público.

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