Contador de cartas

El contador de cartas: azar, probabilidades y promesas rotas

Sucede lo mismo con El contador de cartas (disponible en salas), es una historia que es muy atractiva desde (muy) lejos, pero que incumple sus promesas. Y es una lástima porque logra cautivar al espectador desde el primer minuto, pero una colección de pequeños errores crea un error gigante, un tumor purulento de frustración.

Ciudad de México, 10 de marzo (MaremotoM).- Muchas veces la idea de una película es mejor que la película. Por esa razón hay más guiones malditos que cintas realizadas en toda la historia del cine.

Y eso suele pasar con las películas de Paul Schrader: es más interesante hablar de ellas que verlas. Pongamos de ejemplo The Canyons, el supuesto regreso de Lindsay Lohan al estrellato con un papel que destaca su poder como actriz. El guion de The Canyons fue escrito por Brett Easton Ellis, el novelista detrás de novelas tan inteligentes como American Psycho y Less tan Zero. Como coestrella, Schrader escogió a un actor porno considerado no solo grande por sus proporciones, sino porque, decía el director, es un actor desaprovechado. Parece una gran cosa, ¿no? Pues no, el resultado es una cinta descafeinada y aburrida.

Sucede lo mismo con El contador de cartas (disponible en salas), es una historia que es muy atractiva desde (muy) lejos, pero que incumple sus promesas. Y es una lástima porque logra cautivar al espectador desde el primer minuto, pero una colección de pequeños errores crea un error gigante, un tumor purulento de frustración.

Oscar Isaac es aquí un protagonista en todo su poder: Bill Tell, exconvicto que ahora se gana la vida de casino en casino jugando blackjack y póker. Nos explica que las cartas no son, como muchos neófitos pensamos, un juego de azar: se requiere saber calcular probabilidades, predecir los movimientos de los rivales, saber cuánto piensa ganar la casa. Un arte y una ciencia en la que se puede leer el alma de las personas, según nos explica la voz en off del jugador.

Contador de cartas
¿Qué falla en El contador de cartas? Tiene tanto potencial, si tan solo hubiera tenido una trama sólida. Foto: Cortesía

Bill consigue vivir así, en ese anonimato de jugador de poca monta, apostando poco, ganando unos cientos de dólares por noche. Recorre Estados Unidos en autos alquilados, duerme en moteles, no tiene mujer ni amigos. ¿Qué tipo de alma rota es Bill?

Un día conoce a Cirk (Tye Sheridan), un joven casi adolescente que está tan a la deriva como él. Pasa rápido: en una convención en uno de esos casinos con hotel—tan iguales unos a otros, Schrader atina en la atmósfera y es uno de los grandes aciertos del guion— se conocen. Ambos tienen un vínculo común que Bill no acaba de entender. Hay algo en el pasado de ambos que tiene que arreglarse aun cuando sea la primera vez que se vean.

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Pronto Bill y Cirk emprenden un road trip sin rumbo, inercial y aburrido, que solo tiene un sentido: anestesiarse. Recuerdos surgen: una cárcel asquerosa, torturas, crímenes de guerra. Hay un dato importante: Bill estuvo en la cárcel militar después de la guerra en Irak. ¿Recuerdan Abu Ghraib, la prisión de presos políticos musulmanes de la guerra contra el terrorismo? ¿Recuerdan Guantánamo? Esas fotos de hombres desnudos bañados en excremento, con la cara tapada como condenados a muerte. ¿Recuerdan el escándalo que causaron, no por retratar un horror que debería ser indignante por sí mismo, sino porque alguien se atrevió a tomarlas y hacerlas públicas? Ese escándalo del cual no cayó ningún mando alto del ejército estadounidense, solo los soldados que aparecieron sonrientes en las fotos junto a los torturados. Los muy tontos.

Bill y Cirk, cada uno tiene sus propios planes. Cirk quiere vengar a su padre y piensa que Bill podría estar interesado en ayudarlo. Como Bill tiene otros planes (por ejemplo, jugar en el Mundial de póker a instancias de una mujer que le gusta), el plan del muchacho no se ve claro.

En escena entra Willen Dafoe en un papel que vale la pena que el espectador descubra por sí mismo.

Si se atreve a verla. Les digo que la cinta es más divertida como ejercicio mental que como historia.

¿Qué falla en El contador de cartas? Tiene tanto potencial, si tan solo hubiera tenido una trama sólida. Los personajes nunca acaban de coagularse. El protagonista es muy interesante como el hombre que nunca sonríe, un apostador suave pero contundente. Después de una hora, Bill se desdibuja. ¿Qué pasa con Cirk? Quizá si fuera más simpático, si tuviera algo parecido a una personalidad y no fuera un mero recurso narrativo podría tener algún impacto en la historia. Un personaje muere cuando nos damos cuenta de que existe sin otro fin que darle al protagonista un giro dramático, y Cirk nace muerto. ¿Qué es, una especie de sueño de inocencia del protagonista? Hmm.

En esta cinta todo parece obra del azar, aventado aquí y por allá, por mucho que los personajes nos repitan y repitan que todo está planeado, que la probabilidad no tiene nada que ver con el destino. Todo es artificio. ¿Saben qué? Eso es falso, el asunto es que los seres humanos somos pésimos considerando las posibilidades de un hecho. Paul Schrader debería saberlo. ¿Se le olvidó cómo contar historias? Esta cinta no es digna del guionista que escribió Taxi Driver. Una promesa rota tras otra hace de El contador de cartas una película prescindible. Quizá cuando llegue a plataformas valga algo la pena. ¿Mi consejo? Si quieren ir a las salas en estos días, mejor vean The Batman.

 

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