Ana García Bergua

El encierro no nos metió en la lectura ni en la profundidad de la naturaleza humana: Ana García Bergua

“La política cultural sigue siendo muy extraña y errática. Por suerte algunos apoyos continúan, hay que reconocer a las personas que están ahí sosteniendo, de entrada parecía que iban a echar abajo todo. Los de las librerías me parece un desastre y me da  mucha pena la política del Fondo de Cultura Económica. Todo ha sido insultante para quienes nos dedicamos a los libros. Al principio hubo una cosa muy agresiva y creo que la cultura mexicana no lo merece”, expresa.

Ciudad de México, 8 de noviembre (MaremotoM).- Ana García Bergua dice que los poemas no le salen, pero en vistas de que es una de nuestras mejores narradoras, que escribe tan bien cuentos como novelas, el detalle no le hace. Estamos frente a una de nuestras mejores escritoras que esta vez, en Leer en los aviones (Ediciones Era), ha sacado a relucir sus historias frente a esos desfases que se hacen en nuestras vidas y que como defase se han vuelto costumbres.

Esos cambios de realidad a los que somos tan afectos, para que precisamente nos saquen de lo cotidiano, son el centro de su nuevo libro de cuentos; García Bergua relata ese lado cómico, particular y al mismo tiempo casi íntimo de nuestra vida.

El mayordomo enamorado de una fascinación que ejerce la señorita Rossini, el hombre dispuesto a matar a su compañero porque no lo deja leer (evocando también a Ítalo Calvino), son elementos que nos llevan a una vida casi secreta, a situaciones que probablemente no contaríamos.

“Historias de amor clandestino, viajes que terminan separando matrimonios, recorridos cotidianos pero desastrosos, pueblos insólitos, fantasmas viajeros, perros que se pierden en aviones, inquietantes cuartos de hotel, pequeños desvíos en la ruta que cambian por completo su destino: anécdotas y personajes se despliegan en una prosa clara y fluida que se burla sin saña y describe con ironía pero sin estridencias ni juicio las acciones más disparatadas o más normales, las peripecias más estrambóticas o las más leves deformaciones de la cotidianidad”, dice la sinopsis en un libro que comprueba la eficacia narrativa de una escritora importante: Ana García Bergua.

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“El libro tiene una unidad, está centrado alrededor de los traslados y de no estar en el ámbito común, cotidiano. Los pequeños desfases que no son siempre espectaculares, pero que se pueden desarrollar como una anomalía”, dice la autora.

En esos desfases está también la costumbre y Ana “viajando, leo”.

“Me concentro en los aviones, porque estoy fuera de todo, ese despegarse, esta idea de leer en los aviones que está en suspensión, estás suspendido en el tiempo y hay una suspensión de todo. Uno se concentra bien”, afirma en el sentido de que la concentración nos lleva a leer, mucho más que el sentido moral de que “hay que leer”.

“Hay un cuento de Ítalo Calvino que es maravilloso, de un hombre que quiere leer y se le acerca una mujer para querer seducirlo y él se da cuenta de que tiene que hacer toda la ceremonia, pero en realidad lo que él quiere es volver a su libro”, explica.

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Como Cyrano de Bergerac también Ana García Bergua se cuestiona la escritura, para quién escribe uno, “hay como una desviación, una cosa a través del otro, desde dónde escribimos”, apunta.

Ana García Bergua
La edición es de ERA. Foto: Cortesía

La concentración y la meditación deberíamos aprenderla no sólo para leer mejor, sino también para vivir grandemente. “Uno se metía adentro de los libros cuando era adolescente. Ahora leo con muchos prejuicios, con cierta desconfianza y no me entrego a los libros como debería”, dice la autora de Fuego y La bomba de San José, entre otros libros.

“Me ha resultado paradójico el encierro que nos debería haber metido en la lectura y en la profundidad de la naturaleza humana, de nuestros sentimientos, la preocupación fue de un distractor gigantesco”, aclara.

“Qué difícil es concentrarse. La lectura es una forma de meditación”, agrega.

La mujer vista en “La señorita Rossini” nos reconcilia con esa femineidad que vemos como concepto más que como un género que nos separa o nos une. En esos cuentos, donde Ana García Bergua “arriesgo más en sentidos estéticos”, están también algunas claves para entender la propia existencia.

Ana García Bergua
En el cuento puedes jugar, arriesgarte y a usar la escritura como materia. Foto: Cortesía Facebook

“En el cuento puedes jugar, arriesgarte y a usar la escritura como materia. Es más cercana a la poesía, aunque los poemas nunca me salen. Los cuentos han sido para mí fuente de experimentación”, afirma.

“Ese cuento de “La señorita Rossini” es algo que nos pasó a mi esposo y a mí en el Mocambo, de Veracruz. La vez que inauguraban un elevador. Igual se puede leer en otras claves, el hecho de estar guardadas”, dice.

El libro de cuentos tiene tres años y esperó lo que tenía que esperar, preocupada como está Ana García Bergua por el trabajo en México, más allá de la pandemia o con la pandemia incluida.

“El trabajo me sigue preocupando, soy freelance, no soy académica, el periodismo ya sabes cómo es…eso me ha preocupado mucho, ahora estoy confiada en que se irán abriendo espacios, aunque claro, no estoy confiada en que la pandemia vaya a acabar”, dice.

“La política cultural sigue siendo muy extraña y errática. Por suerte algunos apoyos continúan, hay que reconocer a las personas que están ahí sosteniendo, de entrada parecía que iban a echar abajo todo. Los de las librerías me parece un desastre y me da  mucha pena la política del Fondo de Cultura Económica. Todo ha sido insultante para quienes nos dedicamos a los libros. Al principio hubo una cosa muy agresiva y creo que la cultura mexicana no lo merece”, expresa.

“El país nunca ha sido muy agradecido con los escritores”, agrega.

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