Yolanda Segura

El feminismo es un movimiento político: Yolanda Segura

Ha publicado en Almadía el poemario Serie de circunstancias posibles en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora.

Ciudad de México, 16 de marzo (MaremotoM).- Una mujer que no tiene un texto relevante en la voz de una de las poetas más destacadas de los últimos tiempos. Se trata de Yolanda Segura, quien ha publicado en Almadía el poemario Serie de circunstancias posibles en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora.

El título como un verso largo donde la poeta trata de entender y de justificar a la clase media de este país en la historia de Eloísa, una mujer nacida en los cuarenta que trabaja desde muy joven. Con un empleo estable y un sueldo seguro, pronto se enfrenta a la posibilidad de casarse y tener una familia. Quiere garantizarse una existencia próspera y feliz. ¿Bastará tener un marido, cumplir su jornada laboral, obtener un crédito hipotecario? ¿Por qué el crecimiento económico de una persona o de un país suceden siempre hacia el porvenir y nunca en el presente? ¿Los beneficios financieros aumentan el bienestar social? En medio de la inflación y los ajustes salariales, de la crisis y la deuda, ¿cómo administrará el tiempo, los deseos y los afectos? ¿Existen otras formas de inventar una vida vivible para una mujer trabajadora?

Yolanda Segura cuestiona así al capitalismo salvaje en el que vivimos y raramente encuentra una salida para estas vidas tan poco relevantes.

Yolanda Segura
Con un empleo estable y un sueldo seguro, pronto se enfrenta a la posibilidad de casarse y tener una familia. Foto: Cortesía

“Como una suerte de ser invisibles a costa de que las vemos todos los días. Están tan ahí que no las vemos y que no pensamos en ellas. Somos nosotras mismas enfrentándonos a qué clase de vida podemos hacer frente al patriarcado”, dice Yolanda Segura.

­–Esta vida de querer hacer también una vida heteronormal, uno entrega todo el tiempo y el esfuerzo

–El asunto de la familia que en mi generación podemos plantearnos en tener hijos o no. Eso planteado en ciertos sectores. En la heroína de mi libro eso no estaba planteado de ninguna manera.

Yolanda Segura
Suena como una obviedad, nos tardamos décadas en tener clara esa obviedad. Foto: Cortesía

–¿Qué dirías tú de la mujer valiente?

–El asunto de la valentía tiene que ver con todas las vidas. Es una valentía enfrentarse a un mundo que no está dispuesto para nosotros. Hay una serie de cosas a las que no tenemos acceso por un lado y no tenemos el margen que necesitaríamos para la plenitud. La valentía está en ser mujer y enfrentarte a un sistema de cosas que no sabes si quieres y no sabes cómo esquivar. Esa resistencia en Eloísa es que fuera una mujer trabajadora en un contexto donde se esperaba que no saliera de su casa. Esa fue su elección. Claro que también estuvo acotada por una serie económica y política y era su única posibilidad de valentía, lograr una emancipación del marido. ¿Cómo hay esos dos ejes: por un lado la propia elección y por el otro cuáles son las circunstancias que te llevan a ese sitio?

–Lo sacas en un país donde la madre es muy amada, los chicos hablan de que la madre es muy amada, como una madre idealizada

–Justo de lo que se trataba era de ir contra ese relato de idealización. Cuando te conviertes en madre, tu propio deseo pasa al segundo plano. Siempre tenemos la historia de nuestra abuela como la de esa viejita dulce, pero muy pocas veces tenemos la historia de quien era esa mujer antes de ser abuela. Cuáles eran los huecos en esa historia, más que en este entendimiento social que borra todos los matices. Obliga además a la felicidad. Uno de los mecanismos para sustentar la maternidad tiene que ver con que las madres son felices, plenas y realizadas y que tener hijos es lo mejor que les puede haber pasado en la vida. En esa idealización hay un borramiento de todo el dolor, el esfuerzo, el trabajo material que implica la maternidad.

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–¿Piensas que tu poesía es feminista?

–Yo pensaría que sí porque detrás de este libro hay un montón de lecturas feministas. Es pensar el feminismo como una posibilidad crítica frente al mundo. Pensaría también que Silvia Federici fue fundamental para conformar este libro. Quise que la historia estuviera al centro y todas esas lecturas se borraron, pero tienen que ver con el feminismo y con la crítica al sistema capitalista.

–¿No vas a leer nunca más a los hombres o los hombres se incorporan a tu mirada violeta, como dices?

–Nunca voy a leer hombres es no. Se trata de incorporar a una mirada crítica que es la que me interesa. Leo mucho a Franco Berardi, que está insistiendo en cómo generar  estrategias de resistencia ante un orden del mundo que es a través de la tecnología que nuestros cuerpos aparecen mediados. Sí creo que hay una voz que ya escuchamos demasiado: un hombre blanco heterosexual y europeo. Las voces que se sitúan lejos de esa hegemonía me parecen importantes.

–El cuerpo está mediado constantemente

–La tradición de la poesía en general habla mucho del cuerpo femenino, pero está pensada a partir de la idealización, aparece el cuerpo depurado, no el cuerpo que duele, que excreta cosas. Cuando hablamos es del cuerpo materializado, sino del cuerpo de una mujer mexicana de cierta clase social, no es tan frecuente en la poesía. Sobre todo, en la poesía femenina aparece sobre todo. Por eso las mujeres tenemos literatura sobre el cuerpo, el cuerpo es un problema vital. Lo que se disfraza de neutralidad es masculino y que todo lo otro, lo que tiene marcas, está siempre expuesto a la crítica de no ser neutral.

–Los nacidos en los 60 creo que hemos vivido equivocados…

–Afortunadamente cada vez somos más conscientes de eso. Nos ponemos más a pensar en todas esas identidades que no hemos reconocido y que también sistemáticamente hemos cancelado. Los cuerpos gordos, el capacitismo, el cuerpo humano estaba muy anclado qué importaba y qué cosas no. Pienso mucho en el humor, cómo ahora hay una serie de señores enojados a raíz de que ahora ya no se puede decir nada, el tema es cuestionar por qué nos parecía divertido humillar, burlarnos de alguien que no tiene la misma condición que nosotros. Suena como una obviedad, nos tardamos décadas en tener clara esa obviedad.

–¿Cómo ves el movimiento feminista en México?

–Cuesta mucho tener una perspectiva clara en este momento pandémico. Sin embargo, hay algunos hechos muy definitivos que me dan para entender y tiene que ver con esa imposibilidad del Estado, que siempre impone la fuerza para gobernar, que siempre impondrá su control. Para mí no hay sorpresa: el Estado es uno de estos entes sostiene el deber ser. Se espera que el Estado haga estas cosas. El feminismo dicen que está politizado, cuando en realidad el feminismo es un movimiento político.

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