El mismo silencio

El general que vino del norte: El mismo silencio de Adolfo Calderón Sabido

Salvador Alvarado fue un general que gobernó Yucatán dos años durante la Revolución. Una reseña sobre la novela ganadora del Premio Estatal de Novela Corta “Tiempos de Escritura” 2020.

Ciudad de México, 3 de marzo (MaremotoM).- Se ha dicho que las novelas deben de comenzar como la vida misma: sin saber cómo ni por qué pero las acciones que ocurren frente a nosotros, en cuando abrimos el libro, están echadas a andar: in media res.

Así es como aparece el general Salvador Alvarado, como si el polvo del norte del país lo hubiese llevado a la península de Yucatán. El mismo silencio es una novela histórica pero no tiene los clichés del género. Se trata de una novela sobre el poder, la dualidad, las epístolas, el amor, la muerte, el erotismo. Y también sobre la ruptura de la esclavitud, sobre el feminismo, sobre cómo la literatura –por un momento– vence a las balas.

Cuando se menciona a la Revolución Mexicana, de forma inmediata nos vienen a la mente varios de los episodios que componen esta etapa histórica, cuyo eje central tiene como figuras a Madero, Villa, Zapata, Carranza, Obregón… todos convergiendo en el centro del país. Pero ¿qué hay del resto del territorio y de personajes que también intervinieron en las batallas revolucionarias?

Así es como aparece el general Salvador Alvarado, como si el polvo del norte del país lo hubiese llevado a la península de Yucatán

Adolfo Calderón Sabido pone el dedo en el renglón y nos entrega una novela que transcurre en Yucatán en el par de años en los que el general Salvador Alvarado fue gobernador.

Si la Revolución es una sucesión de traiciones, El mismo silencio, nos presenta sus propias tramas en donde observamos cómo el poder es el centro del remolino que traiciona y que incrusta balas en la espalda de quien se descuida.

El silencio es el mismo
Adolfo Calderon Sabido.Cortesía Foto de Socorro Chable.

La novela transcurre en escenarios sociales poco vistos en los libros escolares. Calderón Sabido pone de manifiesto que la historia de los libros de texto es una, y las múltiples historias que faltan por contarse son otras. En México, cada región puede ser un país distinto, y Adolfo nos muestra la cotidianidad de la comida y de la violencia, como si los personajes que leemos fueran de carne y hueso:

“Estamos en La casa de Goya Soch. Comemos tacos de cochinita y bebemos ron. Un relamido de alta estatura, entacuchado en traje fino, cuello almidonado y sombrero de copa, entra al lugar y se encamina hacia nosotros.

– ¿Le suena a usted el nombre de Olegario Molina?

– ¡Voy por los tragos! –dice nerviosa la mujer, levantándose de la mesa.

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– ¡Claro que sé quién es el tuerto ese!

–Lamenta mucho la muerte de su hermano Hilario.

Al escuchar sus palabras, me levanto de la silla, desenfundo y le apunto al rostro.

Tras un silencio, los parroquianos salen a prisa del lugar.

– ¡Repite lo que dijiste! Mi colt es el bálsamo de la verdad.” (página 85)

Los indígenas, las etnias negras muy cercanas a Cuba, los conservadores y la figura de un general que no termina por adaptarse a un Estado que no es suyo son elementos que construyen una polifonía de narradores. Una miscelánea de historias nos toma de la mano para que la acompañemos a lo más profundo de cada uno de los protagonistas de la novela. Porque, si bien es cierto, el general Alvarado puede ser un eje rector, pronto nos daremos cuenta de que podemos sus enemigos, sus amantes, las mujeres, todas tienen una voz protagonista, como si fuera el rumor del pueblo y al mismo tiempo se tratase de islas narrativas que nos ayudan a entender mejor la historia.

El mismo silencio
El mismo silencio es una novela que utiliza a la historia como telón de fondo. Foto: Cortesía

Salvador Alvarado no sólo era un estratega militar. Se notaba que era un hombre que tenía predilección por la literatura, y que además tenía fetiches como cualquier otro escritor: escribir cartas desnudo.

“Tengo que encontrarme con Mateo en Chiapas para organizar las tropas. Disculpa, cariño, sé que te prometí que abandonaría la política, pero no puedo vivir encerrado en un mundo que no es el mío.

Recuerda siempre que es preferible que seas la viuda de un hombre valiente que la esposa de un cobarde.” (página 93)

Los personajes de El mismo silencio se arrebatan la palabra y lo mismo escuchamos el acento norteño del general que los acentos y palabras mayas de la península o los impulsos vueltos pensamientos de Laureana, esposa de Alvarado, y que enciende varias chispas de erotismo en medio del poder.

Este personaje debe destacarse: no se trata de la dualidad de Alvarado sino de un personaje lleno de virtudes, de pasiones, sin ambages y que nos hace pensar que los movimientos feministas siempre han estado presentes en la historia de nuestro país, aunque no hayan sido tan visibles. Laureana se enamora de un escritor, justo es en ese momento en donde las letras le ganan a las balas.

El mismo silencio es una novela que utiliza a la historia como telón de fondo y nos presenta varios entrecruzamientos que le dan dinamismo, como si en cada una de las voces que integran el texto de Adolfo Calderón Sabido rebotara el eco de un arma que acaba de dispararse.

Fuente: Neotraba / Original aquí.

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