El Mijis

El Mijis, los chavos banda y otros grupos sociales en desventaja en un país racista

El Mijis trabajaba con “chavos banda”, él mismo se asumía como tal. El día que rindió protesta como diputado de la coalición Morena-PT se presentó en pantalones de mezclilla y playera reivindicando su origen en contraste con el traje sastre de dos piezas usual en la clase política. La corbata, la camisa almidonada y el zapato lustrado como emblema de un trabajo institucional ha sido una forma de diferenciación por clase. No estoy inventando nada, el “buen gusto” es una forma de diferenciación social, dice Bourdieu.

Ciudad de México, 5 de marzo (MaremotoM).- En un arrojo de broma que permiten las redes le dije al Mijis “cásate conmigo”, comenté un tuit en el que él se pronunciaba a favor de la aprobación del matrimonio igualitario en el Congreso de San Luis Potosí en 2019, el que fue aprobado con 14 votos a favor, 12 en contra y una abstención. Así de dividido el derecho a formalizar legalmente una unión amorosa, voluntaria, adulta y consensuada. El Mijis o su ‘community manager’ me respondió con un emoji de corazón.

“El Mijis” era un hombre atractivo, que en redes mostraba fotos donde lucía sus más de diez tatuajes en sus brazos y en el pecho. Le daban un aire rudo, solía mostrar sus pectorales, su esbelto cuerpo y firmes y morenos brazos. ¿Quién era este hombre rodeado de tatuajes y comprometido con varias causas sociales como los llamados “chavos banda”, los migrantes y la comunidad LGBTIQ+? ¿Cómo es que saltó a la arena política y empezamos hablar del Mijis?

El miércoles 2 de marzo de 2022, la familia de Pedro César Carrizales Becerra, alías El Mijis, dio a conocer vía Twiter, que las Fiscalías Generales de los Estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Coahuila y Nuevo León hallaron el cuerpo sin vida de este conocido activista y ex diputado local por San Luís Potosí (2018-2021). El Mijis llevaba desaparecido desde el 31 de enero del presente año, y así también lo dio a conocer su familia mediante la cuenta de Twitter @mijisoficial, con la cual saltó a la arena pública y se viralizó, tras haber ganado una curul en el Congreso de San Luis Potosí en las elecciones locales de 2018, las que a nivel federal le dieron el triunfo a la izquierda por primera vez en México.

La Fiscalía General del Estado de Tamaulipas realizó las pruebas de ADN a los restos humanos del activista, presuntamente hallados al interior de un vehículo calcinado, provocado por un accidente ocurrido el 3 de febrero de este año, de acuerdo con la versión oficial en la que coinciden con asombrosa sincronía todas las mencionadas fiscalías. El padre del Mijis, lo pone en duda. Se sabe que las pruebas genéticas se realizaron a partir del material obtenido del hijo de Pedro Carrizales. Ayer, el pasado 3 de marzo, su familia llevo a cabo su funeral en su tierra natal, exclusivamente con familiares y amigos, lo despidieron a ritmo de cumbia y flores blancas.

Antes de ser hallado el cuerpo del Mijis y confirmado su ADN, lo último que se supo de él es que acompañaba a un grupo de migrantes rumbo a Monterrey, Nuevo León, para documentar una ruta de migrantes. La última comunicación que tuvo con su esposa fueron unas notas de voz en las que afirmaba que había sido detenido por un cuerpo militar, y posteriormente liberado. El 2 de febrero de este año le dijo en su último audio de WhatsApp a su esposa: “No podía ir hablando porque me tenían detenido y lo que quiero es salir de aquí ya, te sigo marcando sobre el camino”. El presunto accidente automovilístico habría ocurrido el 3 de febrero en su camioneta, que según su padre y sus amigos no fue entregada, sino que únicamente les mostraron fotos del vehículo calcinado, contribuyendo con ello a la suspicacia del actuar de la Fiscalía.

Lo anterior ocurre en un contexto de un país con más de 70 mil personas desaparecidas. Según la Comisión Nacional de Búsqueda de la Secretaría de Gobernación indica que del 2006 al 12 de enero de 2022, hay 78,107 personas reportadas como desaparecidas o como no localizadas en México. Y de las cuales, 26,150 (33%) desaparecieron a partir de que inició el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Más allá de las estadísticas y la precisión de los datos, la desaparición de personas en México es una realidad muy dolorosa y a la cual la cultura mexicana no ha sido ajena, a través de documentales, novelas, canciones.

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Esta preocupante situación se encuentra presente desde los terribles casos de las llamadas “muertas de Juárez”, ficcionalizada en 2666 por Roberto Bolaño, a las más recientes canciones de Julieta Venegas. “No manden flores”, novela negra de Martín Solares plantea una cruda situación de la descomposición que sufre el país, en este caso el norte. Una mujer reparte una hoja volante al conductor de un auto, en él hace saber que busca a su hijo que escribía poesía. Hoy día vemos a la sociedad civil que busca a su familiares desparecidos, repartiendo volantes, pegando hojas en las esquinas con sus propios recursos, sea por la ineptitud de las instancias judiciales, por la desconfianza o por la colusión de las autoridades con el crimen organizado.

Varios amigos del Mijis no creen en la versión de las Fiscalías, la familia se ha mostrado reservada al respecto y el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado que espera la autorización de la familia para dar a conocer el informe sobre este apreciable activista con “chavos banda”: Pedro Carrizales.

Los “chavos banda”, ese sector racializado de las ciudades, “Los olvidados” de los neoliberales años ochenta (1980) que buscaron una forma de organización que iba de la defensa grupal barrial al pandillerismo. En la ciudad de México, son notables los famosos “Panchitos” en Tacubaya, cuyos algunos de sus miembros terminaron cooptados por la policía en los años oscuros del ex jefe de la policía “el negro Durazo”, epítome de la corrupción.

El Mijis trabajaba con “chavos banda”, él mismo se asumía como tal. El día que rindió protesta como diputado de la coalición Morena-PT se presentó en pantalones de mezclilla y playera reivindicando su origen en contraste con el traje sastre de dos piezas usual en la clase política. La corbata, la camisa almidonada y el zapato lustrado como emblema de un trabajo institucional ha sido una forma de diferenciación por clase. No estoy inventando nada, el “buen gusto” es una forma de diferenciación social, dice Bourdieu.

El Mijis recibió un aluvión de tuits y señalamientos discriminadores, por su apariencia y su imagen de “cholo”, más cercana a “los colombias” regiomontanos que al “chavo de onda” roquero del Tri. En un país que racializa y es racializado los hombres morenos, como El Mijis oscilan entre el exotismo latino (una forma de sexualización de “lo salvaje”) al estigma social por cuanto a la clase social. En redes, El Mijis se mostraba como un padre amoroso, como un aliado de causas marginales. Conocimos por redes que sobrevivió al cáncer y a un secuestro exprés de 12 horas y que escapó de un tiroteo.

El desempeño como diputado de “El Mijis”, así como su conducir en la “real politik” puede ser debatible y lo es, pero sin duda su sola presencia en la política mexicana es un parteaguas en términos de la representación popular, en términos de lo que se espera de la representación democrática, pues la llegada de un expandillero, que estuvo preso trabajaba con organizaciones de derechos humanos para población en situación de calle o para jóvenes estigmatizados por sus orígenes sociales y múltiples problemas estructurales fue y es mensaje sumamente poderoso en el marco de la narrativa política dominante.

En un país que racializa como México, y en la política institucional si eres moreno, como Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, hoy sujeto a proceso judicial por los delitos de trata, una forma de acceder a las altas esferas de poder es lucir trajes ostentosos, relojes rólex, autos de lujo y reificar y legitimar el sistema político en turno. Ya lo dijo su correligionario priísta, Carlos Hank González: un político pobre es un pobre político. El subtexto, lo sabemos es una invitación al enriquecimiento a costas del erario público. El Mijis reivindicó su “banda” y otros grupos sociales en desventaja e insistió en que la reinserción social es posible con los jóvenes que son presa del crimen organizado, visibilizó a un México con varios resabios racistas, a costa de ataques a su persona; y a su vez desmitificó la imagen de los que ingenua o deliberadamente se tatúan y son estigmatizados. Hoy Chile tiene a Gabriel Boric, uno de los primeros presidentes con tatuajes en América Latina, quizá el único. El hábito no hace al monje y la política necesita menos trajes sastres, más conocimiento de causa, así como compromiso con quienes dicen representar.

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