Museo del Chopo

El Museo del Chopo da a compartir sus archivos

Hemos ido, precisamente, a entrevistar a Carlos Gasca, un Historiador del Arte por la UNAM y cuyo interés se centra en las historias de diversas prácticas culturales disidentes, así como en las diferentes vías de acceso, difusión y memoria en torno a  ellas. Desde 2019, es el encargado del Centro de Información y Mediateca del Museo del Chopo en donde coordina los diversos proyectos del área.

Ciudad de México, 4 de mayo (MaremotoM).- El Museo del Chopo es un museo absolutamente entrañable. No se entendería la ciudad de México, si no existiera ese lugar cerca del Metro, que revive un poco las ideas de los 60 y trata de vivir la música y las ideas en comunidad.

Ahora, con la dirección desde 2012 del Museo Universitario del Chopo, José Luis Paredes intenta hacer este museo vívido en un tiempo de pandemia y ha creado Desobediente, un repositorio digital que reúne parte del acervo documental del Museo Universitario del Chopo.

Hemos ido, precisamente, a entrevistar a Carlos Gasca, un Historiador del Arte por la UNAM y cuyo interés se centra en las historias de diversas prácticas culturales disidentes, así como en las diferentes vías de acceso, difusión y memoria en torno a  ellas. Desde 2019, es el encargado del Centro de Información y Mediateca del Museo del Chopo en donde coordina los diversos proyectos del área.

Es el joven archivero del Chopo, hay muchas de las cosas que tiene para archivar que Carlos no había nacido. Este archivero digital “es un repositorio digital, una plataforma que se puede consultar, parte de lo que compone el acervo general del archivo”, dice.

“Esta plataforma las definimos en tres partes, la del Fondo Histórico, la del recorrido que ha tenido el Museo y a esa se suman las colecciones especiales que hemos llamado Heterodoxia, son diversas y están cercanas a las calles. La otra parte es la Fanzinoteca, nos han donado mucho material y eso ahora está disponible. Todo esto es un trabajo que va a ir creciendo”, agrega.

Museo del Chopo
Desobediente, además de un ejercicio de memoria, será un instrumento para reconocer y replicar las prácticas que apuntan a construir un archivo distinto. Foto: Cortesía Facebook

Con este repositorio se busca documentar proyectos, personas y prácticas que, desde el museo, la calle, los clubes, los ejercicios editoriales independientes o la música, son partícipes de transformaciones fundamentales en el arte y la cultura en México, dice el boletí.

Desobediente, además de un ejercicio de memoria, será un instrumento para reconocer y replicar las prácticas que apuntan a construir un archivo distinto, abierto, dispuesto a la colaboración y a la puesta en común, que trabaje activamente en conservar y difundir la memoria de todos. Dado que el Museo del Chopo ha tenido un carácter históricamente abierto, en el que se han albergado las disidencias culturales y políticas de diverso tipo, es importante contar con un instrumento de consulta de sus historias.

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Museo del Chopo
El Museo Universitario del Chopo ocupa uno de los espacios más originales y emblemáticos de la Ciudad de México. Foto: Cortesía UNAM

“Para mí, la historia misma del Chopo, aunque tiene identificado ciertos públicos, la verdad es que el público que va es muy diverso. Por eso el nombre que escogimos: Desobediente, que tiene que ver con una actitud que marca mucho lo que tiene el Museo en su acervo documental”, explica Gasca.

Los visitantes podrán consultar una parte del acervo documental del museo integrado por el Fondo Histórico, Colecciones Heterodoxias y la Fanzinoteca, a través de los cuales se acercarán a colectivos, proyectos y personas vinculadas a prácticas culturales consideradas marginales, underground, “desobedientes”. Si bien, hasta este momento se encuentran en el repositorio únicamente seis colecciones de este universo, el proyecto irá creciendo de manera paulatina.

El archivo digital está construido con el software de código abierto Collective Access y es acompañado por el uso del modelo de datos CDWA (Categories for the Description of Works of Art), el cual permite seguir buenas prácticas de catalogación y descripción de objetos culturales y obras de arte. Esto hace posible responder a las exigencias presentes y futuras en términos de disponibilidad, operatividad, publicidad, estabilidad y sostenibilidad. La herramienta habilitada, permitirá el tejido de redes, historias y conocimiento a través de/entre los documentos y los objetos, además de entablar diálogos tanto con las comunidades productoras que les dieron origen, como con las que hoy los usan.

“Hemos tratado de que hable el sitio a la mayor cantidad de personas posible. Esas historias no son de todos, pero pueden conectar con muchas personas”, expresa.

“Cuando hablo de la diversidad del público, no sería yo quien conozca a la totalidad de la gente que viene al Museo. Hemos tenido espectáculos de niños muy masivos, la gente que visita el Museo desde hace varios años y siente esa cercanía, la gente de Artes Plásticas, hoy los museos son espacios destinados a pensar en la gente, no tanto en los objetos”, afirma.

“Este es un ejercicio de memoria, pero lo estamos pensando en lo que podría despertar más adelante. Es un reto enorme, tratar de abrir a todo el público que visita el museo incluso el público virtual, que conecte con eso. Al final, nos guste o no lo digital, esto le quita muchas barreras”, expresa.

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