Verónica Gerber

“El patriarcado son los lentes con los que vemos el mundo”: Verónica Gerber

La Compañía y Otro día, son ejercicios de rescritura, yendo al archivo literario, para juntar pedazos y entender nuestro presente.

Ciudad de México, 15 de octubre (MaremotoM).- Verónica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981) está ansiosa y feliz. Pronto iniciará la Feria Internacional del Libro en Oaxaca, de la que ella forma parte del comité de redacción y si bien acepta que el encuentro nunca fue discriminador o que apoyara a los hombres, dice que esta edición el resultado “será cantante y sonante”. Han elegido a muchas mujeres, porque la Feria este año es de ellas y de todo lo que acarrea la lucha femenina.

También está feliz porque acaba de sacar un libro (bueno, dos) en Almadía, una empresa que ya es “una especie de casa mía” y sobre todo porque encuentra en esa editorial alguien que la comprenda y la siga. Esta vez son dos ejercicios literarios de rescritura, uno con Amparo Dávila (1928) y el otro con el enorme poeta José Juan Tablada (1871-1945).

En el relato de Dávila, el ejercicio orienta el relato de terror hacia la ciencia ficción. La estructura de La compañía consta de dos partes: La primera es una novela gráfica en la que se narra, a manera de profecía o premonición, la irrupción de una empresa minera en un poblado del bajío mexicano. De manera sutil, nombrándola sólo como La Compañía, el texto apela directamente al lector para advertirle sobre las consecuencias que acarreará en su vida cotidiana alojar a este nuevo ente. Violenta, demandante y acechante, La Compañía borrará toda posibilidad de tranquilidad en el poblado. Este relato avanza a la par de una serie de fotografías tomadas por la autora durante un viaje a San Felipe Nuevo Mercurio, Zacatecas, donde una mina abandonada y en ruinas ronda la memoria colectiva; las imágenes en alto contraste convierten el paisaje (aparentemente en calma) en una textura enrarecida, a veces monstruosa, y completan la construcción de un ambiente amenazante.

Verónica Gerber
La Compañía, una rescritura de Amparo Dávila. Foto: Cortesía

Por otro lado, el segundo apartado del libro ofrece un collage de testimonios, reportes de corte científico, investigaciones y entrevistas con los que se reconstruye la historia de Nuevo Mercurio desde distintas perspectivas. Con modificaciones mínimas, a partir de estos fragmentos Gerber Bicecci da forma a un texto extractivista: la escritura es resultado de la apropiación de fuentes existentes y ofrece una reflexión formal y conceptual sobre los procesos de acumulación y despojo que las comunidades mexicanas sufren en nombre de una idea excluyente de desarrollo.

La obra Otro día, se publica a cien años de la publicación de Un día (poemas sintéticos) de José Juan Tablada, donde Verónica ha reescrito los 38 haikús del libro. Respetando la estructura del original, los haikus de Gerber se agrupan también en ciertos periodos del día: “La mañana”, “La tarde”, “El crepúsculo” y “La noche” y son protagonizados, también, por las criaturas que es posible avistar en dichas horas.

Sin embargo, el tono de festejo, apología y admiración del libro de Tablada es sustituido por una atmósfera enrarecida y amenazante. En cien años, la naturaleza es otra; no es ya el reino de la abundancia y la eterna renovación, sino un ámbito bajo asedio. Así, los poemas de Gerber Bicecci dibujan un tiempo distópico y postapocalítico. Cada poema es acompañado por una imagen intervenida por la propia artista, proveniente de las fotografías enviadas al espacio exterior en la sonda Voyager y que serán las únicas pruebas de la vida en la Tierra una vez que ésta se haya extinguido.

Verónica Gerber
Otro día, una rescritura de José Juan Tablada. Foto: Cortesía

Gerber siempre impresiona y su trabajo al principio deja una emoción sin palabras. Poco a poco, la artista comienza a mostrarse y su obra a dejar huellas profundas en el lector. ¿Qué es la obra literaria? ¿Qué es la rescritura? ¿Puede un artista de este tiempo dialogar en forma imaginaria con otro de un tiempo pasado?

–Son dos libros en lugar de uno. ¿En qué consisten estos dos libros? Hablas de La Compañía y pienso un poco en Margaret Atwood, en un mundo distópico…

–Supongo que hay algo de eso, hay que reconocer todas mis lecturas de ciencia ficción. También me gusta mucho Ted Chiang, un escritor estadounidense.

–Las experiencias con el mundo distópico no es totalmente ciencia ficción. Ese mundo ya está pasando

–Sí, es verdad. Soy la peor para el tema de los géneros, de entrada nunca sé muy bien lo que estoy escribiendo, así que decir esto o aquello me resulta muy complicado, pero coincido contigo que la distopía ya no está en el futuro.

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Verónica Gerber
La distopía ya no está en el futuro. Foto: MaremotoM

–¿Qué hilo une a estos dos libros?

–El hilo conductor que une a estos dos libros es un intento de reflexionar desde las artes visuales y la literatura sobre la crisis climática, de distintas maneras. También es un modo de hacer una escritura que no parte de cero, sino que parte del archivo, entender a la literatura como a un lugar al que uno va a tomar pedazos, como si fuera una ruina para tratar de hacer una figura de cómo es nuestro presente. No escribir desde cero: tomar estos pedazos para ver la forma que tiene nuestro presente.

–Hablas del clima un poco interior, también

–Sí, yo creo que no habría que quitar nada. Es decir, pareciera que cuando uno dice crisis climática está hablando de algo que no pasa donde uno está sentado. Buena parte de las consecuencias de esas crisis van a suceder en nuestros cuerpos y no en un futuro tan lejano.

–¿Qué son las imágenes de La Compañía?

–Es una colección de fotografías que tomé en San Felipe, Nuevo Mercurio, donde quedan los restos de una mina. Estos pedazos nos da una muestra de lo que en el pasado se entendía como algo de mucha bonanza. Hoy es pura ruina.

–Las minas son horribles por dentro…

–Son un monstruo y un poco el intento con las fotografías, al llevarlas al algo contraste, es develar el monstruo que vive ahí dentro. Un espacio de devastación profunda y de despojo.

–Acaba de escribir Yuri Herrera un trabajo sobre las minas en Pachuca

–Me gustan esas coincidencias porque hablan del lugar en el que tenemos que empezar a pensar el mundo.

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Me gustan esas coincidencias porque hablan del lugar en el que tenemos que empezar a pensar el mundo. Foto: MaremotoM

–También empezar a pensar México…

–Sí, por supuesto, México como parte de ese mundo. Con La Compañía, al tomar este cuento de Amparo Dávila, una escritora zacatecana que admiro muchísimo, quería también soterradamente dejar ver una necesidad de cambiar la mirada sobre el canon literario. Cuando uno se acerca a espacios como la mina de San Felipe Nuevo Mercurio, lo más común sería decir que hay un paisaje rulfiano, un ánimo rulfiano, me gustaría que se dijera que hay un paisaje daviliano en La Compañía. Empezar a desarmar ese canon que nos hace ver todo de la misma manera. Empezar a ver otros archivos y que es importante retomar para lograr entender ese presente, dibujando una salida para las crisis climático-sociales que estamos viviendo, porque eso está relacionado. México tendría que ser el lugar que repiensa el canon, con una perspectiva y que intenta imaginar su futuro de otra manera.

–Odio el futbol femenino, pero ¿qué me hubiera pasado si de chica hubiera visto los dos modelos?

­–Claro, ese ejemplo es muy exacto. El patriarcado son los lentes con los que vemos el mundo. Y toca agarrar esos lentes, ponerlos en el suelo, pisarlos y encontrar otra manera de mirar. Eso es difícil, pero es urgente, para todos los habitantes del planeta.

–México tiene la posibilidad de vivir el mundo de otra manera, con toda esa cultura de la tradición…

–Sí, pienso que podríamos hacerla, el problema es que no se está haciendo. Esa advertencia es lo que tenemos que poner como alerta. Sino el mundo se va a convertir en un infierno, como las pinturas del Apocalipsis.

–¿Qué has encontrado en Almadía?

–Alguien que me comprende. Es mi casa. Encontré una casa en la que puedo cobijarme y que entiende que más allá de los géneros, hay algo ahí, para proponerles otras maneras de acercarse a la literatura. Las formas de narrarnos no es algo menor, sino que nos va a ayudar a proyectar ese futuro que por lo pronto no pinta muy bien.

–¿Otro día qué es?

–Es una rescritura de Un día, un libro que publico hace 100 años el poeta José Juan Tablada, que fue uno de los primeros en experimentar con haikus. Es una escritura que va al archivo. En La Compañía está Manuel Felguérez (1928) y hay otros escritores que tienen que ver con las crónicas que están en la segunda parte. Con los haikus de Tablada, lo que hice fue preguntarme si ese paisaje que lo rodeó cuando escribió ese libro, ¿qué ha sido de ese paisaje y de esa fauna? Con esa idea en la cabeza escribí mis propios haikus, para darnos cuenta de la distopía que estamos viviendo.

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