Víctor Hugo Sánchez

“El periodismo de espectáculos se torció cuando empezamos a hablar del Pato Zambrano.”: Víctor Hugo Sánchez

Escribe una columa en Estilo DF. Tiene 33 años de periodista. Conoció la cima y el bajofondo de nuestro oficio. Hoy es un afamado y prestigioso RP. Una delicia esta entrevista.

Ciudad de México, 21 de agosto (MaremotoM).- Cuando el periodista Víctor Hugo Sánchez dijo que la revista Estilo DF no iba a salir más o que su columna no iba a salir más, todo el Facebook protestó. Lo cierto es que las razones del periodismo consisten en que todos esos que protestan no compran la revista.

¿Qué es el periodismo? Cuando entrevistamos al colega peruano Diego Salazar, autor de No hemos entendido nada (Debate), dijo que nuestro oficio “se está convirtiendo en un hobbie”. Antes de la nota, Víctor Hugo Sánchez, uno de los periodistas de espectáculos y un gran “rp”, me contaba algunas cosas que hacen más miserable a nuestra profesión.

Antes teníamos un sueldo y gozábamos de prestigio, hoy andamos buscando un libro para corregir o una persona mayor que cuidar. Claro que es probable que si naciéramos de nuevo seguramente haríamos lo mismo.

Dice Víctor que se va a morir dentro de dos años. Hoy tiene 54. Pero sus pronósticos se contradicen con su imagen sana, con su trabajo intenso y con todas las historias que todavía tiene que contar.

Víctor Hugo Sánchez
Sus pronósticos se contradicen con su imagen sana, con su trabajo intenso y con todas las historias que todavía tiene que contar. Foto: MaremotoM

–Uno más o menos sabe cómo fue tu carrera, por el Facebook

–Mira, mi carrera comenzó leyendo a los grandes románticos del periodismo, que sí se hicieron ricos, nosotros no. Me enamoré del periodismo con una película que era el Ciudadano Kane. Cuando bajaba Kane del avión y estaban los periodistas y los fotógrafos esperándolo yo me dije: quiero estar ahí. La veía con mi padre y me dijo si quería ser como Kane y le dije que no, que quería ser como los periodistas. Quiero ser el que cuenta la historia, no quiero ser el protagonista. Luego leí la Crónica de una muerte anunciada y enloquecí. Hay que contar historias, hay que saber contarlas. Fui a la facultad de ciencias políticas y sociales, donde descubrí que no sabía nada. Fui a un periódico y todos esos trabajos de 10 y de 9, no me servían para nada. Cuando salgo a la vida, me di cuenta de que no sabía escribir. No sabía poner un acento, no sabía para qué el punto y coma, el punto y aparte. Me tocó en el periódico la última cola del gran periodismo, donde todavía había correctores de estilo y el corrector de estilo, me dijo: siéntate junto a mí y yo te enseño. En aquel entonces tenías que llevar el café, ir por las tortas, hacer los mandados, hacer la edición de domingo y de lunes y finalmente te dejaban firmar una nota. Fui al primer Heraldo, el famoso olor de la tinta, todo el mundo fumaba, todos arremangados pero de corbata, yo quise decir ahí, es mi lugar.

–La formación hoy falta

–Los periodistas jóvenes son de copy paste, no estamos nosotros y los pocos que quedan en las redacciones no les interesan formar a la gente. Nos hemos vuelto muy egoístas para pasar la estafeta. Veo a mis compañeros y están clavadísimos en hacer la edición del día. No enseñan. No pasan la estafeta. Nora Marín es una excepción que está enseñando a sus redactores. Hugo Lazcano y Adriana Garay (qepd) eran periodistas que enseñaban a los más jóvenes, formaron periodistas. Lees una nota en Publimetro y son terribles, cuando este diario fue un gran proyecto, lo dejaron caer, han contratado a niños por cinco mil pesos que al final se aburren y se decepcionan por el oficio.

Víctor Hugo Sánchez
Los periodistas jóvenes son de copy paste. Foto: MaremotoM

–El periodismo de espectáculo fue siempre echado a menos

Yo siempre tuve claro que el periodismo de espectáculo era un entretenimiento, igual que el periodismo deportivo. No trasciende, no cambia la vida de una sociedad, es mero entretenimiento. Había que darle chisme y cosa sabrosa, afortunadamente yo estaba en un periódico donde me dejaron tener una columna, hablo de 1989, y me reía como loco. La firmaba como Tarquino el Soberbio. Me permitía meterme en Televisa y escuchaba todo, eran chismes sabrosos, que no dañaban a nadie y era muy leída. Luego entré en TV Guía, que llegó a tirar 2 millones de ejemplares semanales, y hacía una columna muy sabrosa. No iba a trascender, no iba a cambiar la vida de nadie. Me adelanté por 10 meses a la visita de Michael Jackson a México y fue cuando me echaron. Era lo más que pasaba por una columna. El periodismo se torció cuando empezamos a hablar del Pato Zambrano. Empezamos a crear los personajes. Me encantaría por ejemplo hablar con Mijares y con Emmanuel y preguntarles cómo han construido esa gira tan importante, en qué pensaron, en la producción, pero no les interesa. El artista se aburrió del sistema. Los productores se convirtieron en estrellas, Juan Osorio, Rubén Lara, Tina Galindo, con muchos méritos, pero son ahora personajes.

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–Hay mucho narcisismo

–Hay un culto al narcisismo. A veces uno está metido en eso, quién puso like, quién puso corazón. Nos hemos vuelto muy narcisistas.

–Estás haciendo una columna elegante donde recuerdas muchas cosas

–A veces doy rasponcitos muy ligeros. Es una columna que surge de una catarsis que tendría que haber hecho hace muchos años. En la que tenía que expiar mis demonios, sacarlos, aventarlos. Sí te lastiman, en un mal momento surgen y te ponen down. Es una columna además que rinde homenaje a muchos periodistas de los que aprendí y sobre todo sigue siendo el principio básico que me llevó a dedicarme a esto: entretener. Lo que quiero es que te sientes y en tres minutos te entretengas. Que te deje alguito, algo sabroso.

Víctor Hugo Sánchez
A veces uno está metido en eso, quién puso like, quién puso corazón. Nos hemos vuelto muy narcisistas. Foto: MaremotoM

–Tocaste la cima, luego el fondo del periodismo

–Estaba perdido en construir un personaje. Cuando llegué al Heraldo de México y veo a José Fonseca, a mis compañeros, el día en que llegué le daban el premio a Angélica Rivera, al día siguiente vi el programa, todos de smoking, me dije que no pertenecía a ese mundo, pero quería pertenecer. Todo el mundo tomaba droga, tomaba alcohol, ibas a entrevistar a Lupita D’Alessio y ella te tiraba a un rincón y comenzaba a fajarte, yo tenía 21 años, no sabía cómo poner un límite y lo que me dije: Esa es la puerta, ahí voy. Este es el camino, si ellos lo controlan, yo puedo controlarme. A los 13 años termino tuerto, sin trabajo, sin credibilidad, me ayudaban más por solidaridad que por otra cosas. Pasaba por la oficina de Tina Galindo y me daban un cheque. Yo iba y me lo metía por la nariz. Lo que me salvó fue Leonardo Stemberg, me enamoré de su proyecto, me quedé cuatro años. Un día, vi que un periodista corría a Alejandro Fernández, luego Alejandro le pega, qué divertido está esto y entonces quise hacer eso. Me presenté en la oficina de Flor Rubio y ahí empecé mi labor como notero para tv. Aprendí a hacer periodismo de televisión, algo que no sabía. Yo quería hacerlo distinto. Un día Flor me felicitó y el productor también, porque había hecho una nota con Luis Miguel de algo insignificante que pasaba en la conferencia y que yo lo había convertido en noticia.

–¿Fue importante en tu vida Luis Miguel?

–El primer día en que entro a Televisa, me encuentro a Lucía Méndez, a Fernando Allende, a Lupita D’Alessio, me dio escalofrío. Eran figuras muy importantes. Yo era fanático de Luis Miguel y de Emmanuel. El día en que Luis Miguel me dice: Vente a mi casa. Luego de tres horas de entrevista él me invita a un whisky, al tercer whisky sale una rubia desnuda de la habitación. Yo pensando que era la vida de un rockstar. De pronto él me dice lo solo que se siente. Y le digo que todos quisiéramos tener la vida que él tenía. En ese momento él ya iba a manejar solo su carrera, estaba desligándose de su padre. En un momento admite que le gustaría tener una navidad con su familia. En fin. Viajé con él a Montecarlo, fui su periodista consentido, nos involucramos como seres humanos.

–¿El balance es positivo de todos modos, entonces?

–Tuve la fortuna de desayunar con Dios, de cenar con el Diablo, hoy prefiero tomarme un café con mis amigos y no me quedo ni a desayunar con Dios ni a cenar con el Diablo.

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