Periodistas asesinados

El periodismo, esa profesión que amo y viene medio cascoteada

Por supuesto, me pone feliz que chicas y chicos quieran aprender el oficio (¡y ejercerlo!), a pesar de que este ya no es como lo aprendí yo. Seguramente serán ellas y ellos quienes le encuentren la vuelta a esta situación.

Ciudad de México, 12 de abril (MaremotoM).- Escribí sobre algunas sensaciones que vienen atravesándome en los últimos tiempos con respecto al periodismo, esa profesión que amo y que viene medio cascoteada. Por supuesto, es muy factible que esté errado en más de un tema y me gustaría escuchar otros puntos de vista, sobre todo de colegas más jóvenes. Ahí vamos:

Durante marzo dejé dos actividades profesionales que durante mucho tiempo fueron parte hasta de mi personalidad, diría exagerando un poco. Di clases sobre periodismo de espectáculos (luego Industrias Culturales) durante 18 años en TEA, donde antes había aprendido el oficio y fui parte de Silencio durante más de seis años (o siete si se tiene en cuenta el momento en que empezamos a pensar esa web de música con mis compañeros).

Obviamente, en las decisiones de dejar estos trabajos pesaron varias cuestiones personales, pero hay otras de índole profesional, que son las que me parece que puede ser interesante compartir. En ambos casos, tiene que ver el estado actual del periodismo en la Argentina, un tópico que abarca desde cómo mutó la forma de escribir y titular debido a las exigencias de Google (no vamos a andar acá con sutilezas como “los buscadores” cuando todos buscamos en el mismo, ¿no?) y el vértigo que impusieron las redes sociales.

Para un medio autogestionado dedicado exclusivamente a la música, la situación hoy es medio imposible si se pretende ir más allá del amateurismo o de publicar notas que no se pagan (que vendría a ser algo parecido o peor). No hay modo de entregar las noticias más rápido que medios grandes a los que antes no les interesaban esos temas y que ahora utilizan inteligencia artificial (Infobae, La Nación) para posicionar sus notas primeras en Google (los medios “chicos” casi nunca aparecen en la primera página del buscador). Eso genera que mucha menos gente lea las noticias sobre este tema específico que es la música en una web que se dedica a eso con verdaderos interés, pasión y profesionalismo. Prueben leer una nota de esas escritas por inteligencia artificial. Duran poco, después se reemplazan por otra escrita por un profesional, pero el “daño” ya está hecho: casi todos leerán a los grandes medios.

Siempre fue una pelea de David contra Goliat, pero ahora a David le sacaron la honda. ¿Cómo hacés para luchar contra la falta de clics (que son lo que piden los anunciantes) si sólo sos periodista?

Por supuesto, hay formas de seguir haciendo periodismo al margen de los clics. Pero no es tan fácil intentar hacerlo económicamente sostenible. Hay modelos de suscripción que son muy interesantes y a algunos medios les funcionan muy bien. Pero eso implica otra clase de medio que el que hacíamos y quizá no tuvimos fuerzas para reinventarlo.

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Hace un tiempo me enojé con una declaración de Jorge Fontevecchia: decía que el periodismo iba camino a ser casi un hobby. Lo tomé como la idea de un patrón que quiere pagar menos a sus empleados (toda una tradición en el gremio en la Argentina), pero quizás haya algo de razón por el lado menos esperado. Si sustentar un medio independiente se complica y ejercer el oficio en los medios tradicionales está cada vez más pauperizado (en Página/12, donde trabajo, hay ahora mismo medidas de fuerza por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, hasta ahora sin respuesta por parte de la patronal), ¿quién va a querer hacer periodismo de modo profesional?

Tomás Eloy Martínez
Lo que sí creo es que Tomás Eloy Martínez acierta cuando hace la analogía entre esta manera de ejercer el oficio y la actividad de un mensajero. Foto: Cortesía

Una de las razones por las que dejé de dar clases fue esa. Hay muchas formas de hacer periodismo y yo puedo adaptarme a varias de ellas. Hace poco, durante la entrega de los Oscar, hicimos un trabajo súper al palo con dos compañeros especialistas en cine. Estuve a cargo de la edición del minuto a minuto: publicamos 44 notas en seis horas de transmisión, muchas de ellas con fotos que los compañeros de fotografía nos pasaban casi al instante de su aparición en las agencias. Unos días antes, mi última cobertura para Silencio fue Lollapalooza, un trabajo tan agotador como gratificante. Las notas de todo el equipo fueron muy buenas y se publicaron rápido; no tuvieron la misma cantidad de lectores que en ediciones anteriores del festival (claro, no estaban arriba en Google).

Entonces, puedo hacer periodismo de estos tiempos, pero no me gusta enseñarlo. No me gusta enseñar cómo es el oficio hoy. Es muy personal, por supuesto. Durante años intenté aportarles a los alumnos no sólo conocimientos sobre la industria sino también sobre cómo pararse frente a la información y la opinión, e incluso cómo conseguir trabajo. ¿Qué trabajo van a buscar hoy? También los incentivé a crear sus propios medios, a encontrar sus formas de comunicarse con un público. ¿Puedo incentivarlos si no sé cómo hacerlo yo mismo?

Por supuesto, me pone feliz que chicas y chicos quieran aprender el oficio (¡y ejercerlo!), a pesar de que este ya no es como lo aprendí yo. Seguramente serán ellas y ellos quienes le encuentren la vuelta a esta situación.

El vestidor
Cuando empecé al periodismo, la radio fue una compañera de redacción. Foto: Cortesía

Creo que hay muchas maneras muy buenas de hacer periodismo, incluso en estas condiciones. Lo hacen montones de colegas que trabajan en distintas clases de medios, intento hacerlo yo cuando escribo. Esto que escribo no es un “periodismo era el de antes”. A lo sumo, es “yo no puedo hacer periodismo como antes”. Es una batalla propia perdida. O reconvertida. Porque trabajo como periodista en un medio grande desde hace casi un cuarto de siglo y porque aparecen nuevo desafíos cada día. Entonces, tendré que buscar nuevas formas de hacer periodismo que me gusten, que no tengan que ver con el clickbait ni con vender como novedosas cosas de hace décadas.

Mañana es mejor.

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