“El periodismo, la no ficción, es todo lo que queremos”: Leila Guerriero

LECTURAS | “Plano americano”, de Leila Guerriero

La gran periodista argentina tuvo una charla con la escritora mexicana Rosa Beltrán, en la Feria del Libro y de la Rosa (UNAM)

Ciudad de México, 7 de mayo (MaremotoM).- La gran periodista Leila Guerriero, autora del reciente Plano americano (Anagrama), dio la conferencia inicial para abrir la Fiesta del Libro y de la Rosa, de la Universidad Autónoma de México.

Rosa Beltrán (México, 1960), la escritora y actual Directora de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, tiene un espíritu incansable y no mucho miedo a sus interlocutoras.

Hace poco, Rosa se animó con Alma Guillermoprieto, la reciente ganadora del Premio Príncipe de Asturias y pudo sortear ese obstáculo y hacerle a la periodista un cúmulo de preguntas que derivó en una charla de más de una hora en la sala Carlos Chávez.

Ahora, con una más que amable Leila Guerriero (Buenos Aires, 1967), las dos dieron una charla antológica, que quedará flotando en nuestro ambiente, sobre todo a la hora de definir qué es periodismo, qué es literatura.

“Yo me preocupo mucho en saber para qué voy a decir, que el texto no termine siendo un regodeo de mi propio ego, porque ese regodeo formal, cuando es vacuo, le hace mucho mal a la crónica”, dijo Guerriero, respondiendo el ¿por qué? de Rosa Beltrán.

Una crónica muy bien escrita que no tiene nada adentro, se publica mucho, pero es vacua: “Yo no hago periodismo de investigación, yo hago crónica, que es una cosa bien distinta y hace tiempo que perdí la esperanza de pensar que el periodismo va a mejorar el mundo”, afirmó.

Leila se refirió también a que la crónica no debe ser cutre ni oscura ni retratar el lado terrible de la vida. Dio como ejemplo la crónica del malambo, en el pueblo bonaerense llamado Laborde, “donde hombres muy pobres dan todo lo que tienen para cumplir un sueño”.

“Es como la historia de Billy Elliot pero en un pueblo muy perdido de la Pampa argentina”, agregó.

Leila Guerriero. Foto: Alejandro Ortega Neri

¿Cómo eliges? “La crónica tiene que ver con el punto de vista de quien está narrando, ¿cómo encuentras lo importante?”, preguntó Rosa.

“Es una respuesta bastante difícil de dar, aunque hay muy pocos temas que no me interesan. Soy bastante omnívora en ese sentido. Creo que elijo el tema, un poco siguiendo el pensamiento de Javier Cercas, porque tengo cosas para decir de mí misma”, remarcó.

“En mí lo que hay es una voluntad de ir contra el lugar común. Encuentro una nota muy transitada por la prensa, yo digo: tengo algo más para decir sobre esto. Así de soberbio es mi pensamiento”, añadió.

“Hay que fijarse en los calcetines del pianista, porque esos son los detalles que importan para una crónica. Los calcetines del pianista es una metáfora, para mirar al sujeto completo, para que esa persona deje de ser una caricatura, sino una persona con verdades, con vilezas, en toda su extensión”, expresa Leila Guerriero, autora entre otros libros de Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico y el reciente Opus Gelber. Retrato de un pianista, ambos por Anagrama.

“Las editoriales tienen una colección de crónica y esto es importante. La crónica ocupa un libro. Anagrama de hecho tiene un concurso para premiar a los cronistas, llamado Sergio González Rodríguez, Tusquets tiene una colección de crónica, aunque se siguen vendiendo poco. Esto me parece que marca el movimiento de todo Latinoamérica, muy propio de estos años”, dice.

“La crónica tiene en común con cierta literatura de ficción que no es un fenómeno de masas, sino un fenómeno de nichos. El espacio de No Ficción de calidad está compartiendo espacio con la literatura de Ficción, de igual a igual y tiene que ver con que nosotros y la generación que viene atrás no estamos haciendo periodismo para ganar el pan y cuando conozcamos a un editor le pediremos que nos publique un cuento o una novela”, agregó.

“Esto es lo único que nos interesa hacer, para nosotros el periodismo, la no ficción es todo lo que queremos”, dijo Leila Guerriero.

Aquí una nota, hecha hace algunos años, pero que demuestra además una enorme sensibilidad y gran solidaridad hacia el periodismo, su profesión.

–¿Qué opinión le merece la editorial del Diario de Juárez dirigido al crimen organizado en la que preguntaba “¿Qué quieren de nosotros?”?

–Me pareció una editorial muy provocadora, aunque reconozco que tengo poco contexto para analizar una situación semejante. También me pareció un texto muy ácido, pero imagino una editorial de ese tenor publicada en algún diario argentino y yo, como lectora argentina, la leería como algo provocadora y el mensaje, me parece, no sería: ahora vamos a publicar lo que el crimen organizado nos dicte. Más bien me parece un texto que denuncia la ausencia del Estado.

–Lo curioso es que en un momento del mundo en que se dice que los periodistas no tienen cabida en el nuevo orden, en el nuevo milenio, cada vez hay más ataques a la prensa…

–No creo en absoluto que el periodismo no tenga ya lugar, me parece una paparruchada. Nunca firmé al pie de ese discurso. No hago ninguna lectura al respecto, porque eso de que el periodismo ya no existe me parece un verdadero disparate.

La Fiesta del Libro y de la Rosa estuvo dedicada este año a la No Ficción. Foto: UNAM

–¿Tuvo miedo alguna vez a lo largo de su carrera?

–Sí, claro, pero no se compara al miedo que puede haber padecido un colega que recibe amenazas. Como todo periodista sí he cubierto algunas cosas de la marginalidad que te ponen en cierta situación de riesgo…no sé, te encuentras a la noche en una villa miseria en medio de una balacera, por ejemplo, y no tienes celular y no sabes qué hacer, pero la verdad que al lado de lo que le sucede a otros profesionales en otras partes del mundo, donde prima la violencia, no me ha pasado nada. Creo que he corrido más riesgo en mi vida de civil que como periodista.

–¿Hay un manual, una manera de cuidarse, en situaciones de riesgo?

–No tengo idea, creo que habría que preguntarle eso a un periodista de guerra o que vive situaciones de violencia todo el tiempo.

–¿Usted toma alguna precaución especial?

–Las lógicas. Trato siempre de mantener un contacto firme en el lugar que visito y me aseguro de tener una salida, pero después me entrego. Soy de las que piensa que no vale la pena arriesgar la vida por algunas cosas.

–Escribir un libro como Los suicidas del fin del mundo supongo que le supuso algún riesgo emocional…

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–No, de ninguna manera. Creo que el periodismo no se trata de involucrarse con la historia, me parece que uno tiene que mantener una distancia con el objeto a estudiar. Si te involucras demasiado con lo que estás haciendo, empiezan a pasar algunas cosas que uno ve en ese periodismo ñoño, cuando el periodista se pone a llorar con el entrevistado o profesionales que dicen que tal o cual cobertura le cambió la vida…No, a mí no me pasa eso. Sí era difícil emprender los viajes para hacer el libro, porque gastaba tiempo de mis vacaciones, tiempo de mi descanso, había como un agotamiento en eso, pero no por el tema en sí. Soy una persona muy fuerte y siempre trato esos temas “border”.

–¿Y eligió ese tema porque le resultó interesante?

–Sí, totalmente. Los periodistas tenemos como una especie de radar para detectar aquellos temas que pueden ser interesantes para hacer un reportaje. Me llegó una gacetilla de la Ong Poder Ciudadano, que hablaba de implementar un plan de resolución de conflicto sin violencia en Las Heras y al principio pensé que era en Las Heras, Mendoza, o Buenos Aires, y me llamó la atención de que hubiera un pueblito con ese nombre en Santa Cruz y del que yo no tenía ni idea. La gacetilla hablaba de 22 chicos que se habían suicidado, en una ciudad petrolera, con iglesias, con embarazos precoces, con violencia intrafamiliar y dije: -bueno, acá hay un tema. Además, soy del interior, entonces esa relación en la capital y el interior plantea un conflicto que no se resuelve nunca, me interesa eso. Me pareció que Las Heras funcionaba un poco como el emblema de muchos pueblitos del interior que resumía muchas problemáticas: lo que había dejado el menemismo, la privatización de YPF, la mirada ombliguista de la capital…todo eso.

–¿Encontró solidaridad en la gente del lugar para ayudarla a encontrar las historias que narra en su libro?

–Sí, la gente fue muy solidaria conmigo en todo momento. Yo iba con mucho tino y mucha discreción, por supuesto, que eso es importante para nuestra tarea. Me mandaban de una casa a la otra, había habido un silencio demasiado grande durante mucho tiempo, así que estaban ávidos en general por hablar. Una vez que obtuve la lista de los chicos que se habían suicidado, comencé a trabajar muy de a poco. Curiosamente, la lista completa no la tenía ni siquiera la policía. Finalmente la encontré en la funeraria, la tenía el hombre que los había enterrado a todos.

–Los libros resultan un muy buen canal de expresión periodística, ahora que los medios se han acotado mucho, por falta de espacio, ¿coincide?

–Sí. El tipo de periodismo literario o narrativo que hago tiene un buen espacio en los libros. Igual, cuando terminé de escribir Los suicidas… dije que nunca más iba a escribir un libro, porque me significó un esfuerzo muy grande, quedé muy cansada, muy vacía…ese discurso me duró un tiempo largo, tipo un par de años y ahora se me pasó. De hecho, ahora empecé a dirigir la colección de crónicas de Tusquets Argentina y me encanta la idea de encontrar buenos autores y buenas historias, es muy atractivo.

–¿Ese puesto le va a quitar tiempo para la escritura del próximo libro?

–Estoy habituada a hacer mil cosas a la vez, la verdad, pero no creo…soy como súper organizada y muy obsesiva, si asumo un trabajo no siento que le voy a quitar calidad a otro.

–¿Se formó en las redacciones?

–Sí, me formé allí, pero no podría decir que soy un animal de redacción porque no me gusta estar en ellas. Nunca escribí en las redacciones, por ejemplo, siempre escribí en mi casa. Es importante proteger el espacio de la escritura. En las redacciones suena el teléfono, una compañera viene a contarte un chisme, uno no puede hacer mucho allí. Estoy hablando del tipo de periodismo que hago yo, admiro por supuesto el periodismo diario, pero no lo sé hacer.

–Siempre tiene que haber un editor que le reciba la nota…

–Sí. Y he tenido suerte, suelo llevarme muy bien con mis editores. Las pocas clases de periodismo que tengo las obtuve de las redacciones y de los editores que tuve. De todas maneras, creo que las historias están en la calle, no en las redacciones. Si entro a un periódico y veo una redacción llena de periodistas la veo como un fracaso de nuestro oficio.

–¿Qué opina de las nuevas tecnologías aplicadas al oficio periodístico?

–Bueno, creo que la tecnología no necesariamente te vuelve mejor periodista y tampoco te vuelve peor. Internet es una herramienta muy poderosa si uno la sabe usar, si uno sabe que ese no es el único recurso disponible. Jamás hago una nota basándome sólo en el material que encuentro en Internet. Hay muchos libros y revistas de épocas anteriores que no están cargadas en la red, por ejemplo. Hay gente talentosa que hace muy bien su trabajo y no creo que el periodismo esté peor que antes. A lo mejor el periodismo diario está sufriendo un poco la transición y se pierde un poco de vista el contenido. Hay historias que no se pueden contar en dos minutos. Los periodistas trabajamos con material sensible y en ese sentido me parece que pasa lo de siempre: hay gente que hace muy mal su trabajo y otra que lo hace muy bien y en ambas cosas no tiene mucho que ver la tecnología.

–¿Estamos cerca de leer todo por la computadora?

–No, no estamos muy cerca. Es probable que se termine en algún momento la era del papel y seguramente aparecerá un medio que sea tan eficaz como el papel, que lo puedas llevar a la playa sin necesidad de enchufarlo en ningún lado, que puedas hacer un viaje de veinte días sin conexión a la nada sólo para leer…hay lugares maravillosos en el mundo que no tienen electricidad, yo suelo viajar a esos lugares y no me gusta pensar que no podré leer, pero por ahora falta tiempo para eso. Lo que sí me parece es que, papel o no papel, el contenido alguien lo va a tener que dar. No me asusta Internet o lo cibernético o que alguien se quiera leer una nota en una Blackberry, el punto es cuál va a ser el contenido, ¿va a estar bien escrito?, ¿qué va a decir?, ¿qué visión del mundo le vamos a contar al lector? Creo que eso se lo está preguntando muy poca gente.

One Comment

  1. Liliana Almeida

    Me encantó la aportación de la periodista Leila Guerriero sobre periodismo. Muchas gracias por la entrevista Mónica Maristain, muy valioso tu trabajo.