Diego Salazar

“El periodismo se está convirtiendo en un hobbie”: Diego Salazar

LECTURAS | No hemos entendido nada. Qué ocurre cuando dejamos el futuro de la prensa a merced de un algoritmo, de Diego Salazar

“Las redes sociales son el reino de la falta de contexto. Esto tiene un problema, el contenido periodístico debería tener unas características que lo separan de ese tipo de contenido que pulula por las redes sociales”, dice el joven y talentoso periodista peruano, autor de No hemos entendido nada (Debate).

Ciudad de México, 18 de agosto (MaremotoM).- Uno se encuentra con el joven y talentoso periodista Diego Salazar (Lima, Perú, 1981) y dan ganas de contarle la realidad laboral propia, qué hacer en estos tiempos, ¿no pensaste en algún momento haberte dedicado a otra cosa?

Diego es muy joven y lo conocí cuando era colaborador de nuestra revista Playboy. Llegó a hacer una entrevista muy hermosa a Antonio Vega, el ex creador de Nacha Pop, muy poco antes de que se muriera.

Ahora está en México y escribe libros como No hemos entendido nada (Debate), donde entre otras cosas él dice: “Adaptarse o morir”.

Presentado como “un revelador análisis del periodismo en plena era de la propaganda, la posverdad y las noticias falsas”, hay algo que es cierto: el futuro del periodismo está en los periodistas jóvenes. Claro, hace 20 años también era así, pero uno iba a esos periodistas viejos que encontraba en las redacciones y encontraba a mucha gente que aconsejaba, que daba lineamientos y construía una ética por donde seguir el periodismo. Hoy no es así. Por eso, gente como Diego Salazar se convierte en alguien sumamente valioso para poder entender hacia dónde va este oficio y si este oficio es en realidad necesario para la sociedad.

Me encantó entrevistar a Salazar y me encantó leer su libro. Todos deberíamos tener este material a la hora de encarar nuestra profesión.

Diego Salazar
Ahora está en México y escribe libros como No hemos entendido nada (Debate), donde entre otras cosas él dice: “Adaptarse o morir”. Foto: Cortesía

–Es un libro hecho para nosotros, ¿verdad?

–Mi generación es un poco generación bisagra. Yo todavía si bien cuando empecé a hacer periodismo ya existía el mundo digital, empecé en España en el 2001, todavía el foco estaba puesto en el mundo offline. Todavía los periodistas mirábamos al impreso como el medio principal. Todavía puedo recordar a un mundo sin Internet, pero la gente que tenía a mi cargo en el periódico Perú 21, en Lima, estos chicos habían nacido con un teléfono en la mano.

–Tienes la madurez de quién ve el problema exactamente cómo es

–Yo tuve la suerte de tener esa relación en que un periodista joven entra a una redacción o empieza a colaborar con un medio y ese medio y en esa redacción hay mentores mayores que él que le enseñan cómo se manejan ciertas cosas. Hoy eso ya no existe. El proceso de formación de un periodista es un proceso que se ha roto en los últimos años. La principal razón tiene que ver con el modelo económico. Y con la premura, la velocidad, o sentimos que impone muchas veces el modelo digital, que intenta perseguir al pajarito de Twitter. Un ritmo que es la mayoría de las veces insostenible. Poder firmar una nota, poder publicar cada tanto, aunque esto no se trata de romantizar el pasado, incluía un proceso formal de formación. Lastimosamente hoy, la mayoría de los medios de comunicación no puede darse el lujo, desde una perspectiva económica, de tener una persona ocupando una computadora, persiguiendo un sueldo y que no produzca contenidos. Eso hace que muchas veces periodistas recién graduados, sin experiencia, ingresen a una redacción y estén inmediatamente produciendo contenidos. Yo me he dedicado mucho tiempo al periodismo de gastronomía y esto es como si un chico entrara a una cocina de un restaurante y estuviera preparando el plato para llevarlo a la mesa. Esto es inconcebible. Ese chico tiene que pasar mucho tiempo aprendiendo los usos y costumbres del oficio, hasta que pueda preparar un plato. Esto se ha perdido.

Diego Salazar
Posa con su libro en la Rosario Castellanos. Foto: MaremotoM

–Marcas en tu libro la pérdida de la jerarquía. ¿Cómo se lleva la verdad con la jerarquía?

–Cuando yo hablo de jerarquía en el contexto del libro a lo que me refiero es que una de las consecuencias fundamentales de las redes sociales, en la manera en que han cambiado los contenidos, es que todo lo que está en Internet es contenido. De hecho, el timeline de Facebook está diseñado para equiparar todo el contenido. Esto tiene una razón económica. Todo tiene la misma jerarquía, incluso lo producido por un periodista. Las redes sociales son el reino de la falta de contexto. Todo lo que se publica está ubicado al mismo nivel, el cerebro humano lo percibe al mismo nivel, aunque luego lo ubiquemos mejor. El primer golpe de vista todo está igual. Esto tiene un problema, el contenido periodístico debería tener unas características que lo separan de ese tipo de contenido que pulula por las redes sociales. Esas características las reduzco a dos elementos esenciales, que son la verificación y el contexto. Un contenido periodístico no aporta estas dos características no es periodismo.

–¿Entre el contexto y la verificación, está la verdad?

–Por supuesto. Lo que diferencia al contenido periodístico, aquello a lo que antes llamábamos noticias, es su verificación.

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–Hablas de las redes sociales, teniendo en cuenta que mucha gente no está en las redes sociales

–La penetración de Facebook es altísima en casi todo el mundo. La de Twitter sí es muy menor, sin embargo los periodistas privilegiamos twitter porque es el medio donde estamos todos los periodistas. Las redes sociales tienen unos problemas específicos que tienen que ver con esta economía de la atención que es muchas veces es una economía del espionaje industrial. Las redes sociales están diseñadas para que sean adictivas y por otro lado para sacar información personal y data que luego es utilizada para anunciar productos. Por otro lado esas redes sociales también han tenido un impacto tremendo en cómo los usuarios consumimos información. Hace un par de días de que Facebook está llegando a acuerdos con varios medios de comunicación, a los que está ofreciendo mucho dinero para que produzcan o para que puedan utilizar contenidos que produzcan estos medios en un nuevo apartado que saldrá en la página web o en el móvil, destinado única y exclusivamente a noticias. Hay mucha gente que no tiene redes sociales, las consecuencias de la difusión de las redes sociales y la manera en que consumimos información, también alcanza a esas personas. Los medios han pasado a producir información totalmente distinta a cómo lo hacían hace 10 años.

Diego Salazar
Entrevistado por la gran periodista mexicana Carmen Aristegui. Foto: Facebook

–Yo tengo mi propio periódico online, una cosa que analizas en tu libro

–Es que es algo que en esta transición se va haciendo normal en muchos periodistas que tienen cierta audiencia, porque son conocidos, tienen una cierta trayectoria. Esos periodistas se independizan de los medios más tradicionales y construyen una plataforma propia. Lo estamos viendo hoy en el mundo de los podcast, lo estamos viendo en páginas web. Esto es una alternativa que hace muy poco no existía, en muchos casos es beneficiosa, no tienes que aguantar jefes, no tienes que aguantar que te digan esto sí o esto no, puedes aportar el enfoque que tú prefieras. El problema es creo cuál será el modelo económico que permitirá la supervivencia de estos medios. La principal obligación de un medio es su supervivencia. Si uno no es capaz de sostener un medio, ese medio desaparecerá. Es irrelevante lo que produzca o no, pues está abocado a la desaparición.

–Casi todo el trabajo desaparecerá en el mundo del capitalismo

–Sí, es cierto, pero este es uno de los peligros, que el periodismo se está convirtiendo en un hobbie y no en un oficio, en una profesión. Esto es gravísimo. Eso tiene que ver con el momento actual del capitalismo y el ejemplo clarísimo y el modelo que cada vez se va a implementar más pasa por estas apps de servicio que cada vez más gente utiliza, tanto como cliente o como proveedor.

–Todos esos “errores” que marcas con el tema de los periodistas, me parece que tiene que ver con la supervivencia

–Tiene que ver con una industria en crisis que está intentando en competir con la velocidad que le imponen las redes sociales y la velocidad en la que se mueve el ciclo informativo. Esto hace que tengamos que producir más contenido con menos gente y con gente menos capacitada. Los inescrupulosos siempre han existido y no creo que ellos sean el problema. Creo que hoy hay un modelo de producción que está quebrado. Por una consecuencia económica y porque tiene que producir a una velocidad tal que hacen que se relajen los controles. El problema no es el pobre chico que se equivoca, sino que el problema es la estructura que permite que esto ocurra. Nuestro trabajo es un oficio, es como hacer zapatos. Uno no necesita una carrera universitaria para ser periodista. Esto no es Neurocirugía ni Arquitectura. Lo que se necesita es una formación aplicada al oficio y tradicionalmente es este modelo de formación informal que ocurría dentro de las redacciones. Cuando se quiebra eso, te encuentras con estas cosas. Es un problema sistémico.

–¿Qué opinas de los premios?

–Los premios se han convertido últimamente en la manera de validar el trabajo periodístico. Esto tiene que ver de nuevo con la crisis. El periodismo hasta hace muy poco, le garantizaba a un periodista cierto prestigio social y un sueldo de clase media alta, que eran suficientes para sobrevivir y para tener una vida relativamente cómoda. Es un trabajo excesivamente demandante. Esa realidad desapareció. La gente no quiere a los periodistas. Tampoco tenemos garantizada esta vida de clase media, liberal, a la que estábamos acostumbrados. Como consecuencia, la única forma de reconocimiento son las propias palmaditas en la espalda de los propios colegas. No puedo mentir, yo gané el Premio Nacional de Periodismo el año pasado en Perú y me hizo mucha ilusión, pero también es cierto que no podemos sustituir lo otro con los premios. Está esta epidemia de premios que parece ser que la única forma de reconocer la valía de un periodista es un premio.

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