Ángeles González-Sinde

El que una persona muera, de manera inesperada, obliga a un montón de interrogantes: Ángeles González Sinde

Sinde

La novela Después de Kim tiene misterio, tiene emociones, tiene un grado de cotidianeidad que me recuerda mucho a J. K. Rowling, con su libro Una vacante imprevista y representa un grado de madurez donde el libro representa algo más que una lectura por la novela de moda. Tiene un sabor a esas historias que se quedan para siempre en ti.

Ciudad de México, 2 de febrero (MaremotoM).- Entrevistar a Ángeles González Sinde es entrevistar a toda una institución de la cultura española. No sólo es guionista, también es directora de cine y ha oficiado como Ministro de Cultura durante el gobierno de José Luis Zapatero.

También es escritora y cuando le pregunto si no hay algún puesto por el que le gustaría lucha a favor de la política española, me ha faltado leer que en una nota del País ella decía que “el ministerio me truncó la carrera de guionista”.

Nacida el 7 de abril de 1965, tiene 55 años y esta novela, Después de Kim (Duomo) era muy esperada y la verdad es que es realmente conmovedora.

Me llama la atención que narra la vida de dos personas “mayores”, en un contexto de reencuentro tétrico, la unión a partir de que su única hija es asesinada y cómo los dos enfrentan ese asesinato, ese dolor, esa pérdida.

“Tener protagonistas mayores…no lo había pensado así. Cuando me puse a escribir, no lo reparé”, dice Ángeles González Sinde.

Estar solo, no tener compañía, la soledad “que es un gran componente. Son personas que tienen mucha soledad. En el caso de Geraldine es una soledad buscada, en el caso de él que le caído por la viudez. No tiene la energía para cambiar esa situación, para buscar alternativas, el viaje que inicia, literal y físicamente, al que les impulsa la muerte de su hija, es un detonante de una transformación”, agrega.

“En el caso de él acaba convirtiéndose en una transformación positiva”, expresa.

Su hija, que acaba de ser asesinada, a los 43 años, es el reflejo de algo que los unió en el pasado y de algo que los vuelve a unir.

“En este caso la hija ya es adulta, este matrimonio divorciado no se ve tanto, a él le dolió mucho la separación y sigue sin perdonar a su ex. Aunque luego haya tenido un matrimonio feliz. En cualquier caso, es de esas personas que conserva un rencor grande, por el abandono que sufrió. Es un viaje en ese sentido de cómo superar nuestros propios prejuicios y ser más generosos con el otro”, afirma.

Después de Kim
Después de Kim, edición de Duomo. Foto: Cortesía

La observación es producto de ser escritor, es algo que me dice Ángeles, con cierta obviedad. Puede ser que mi pregunta sea obvia, pero en el caso de su literatura tiene un instinto natural, algo que trasciende esa mirada para establecer una narrativa y elaborar un discurso absolutamente único, como si pudiéramos comprender el mundo que plantea a partir de ese discurso.

La novela tiene misterio, tiene emociones, tiene un grado de cotidianeidad que me recuerda mucho a J. K. Rowling, con su libro Una vacante imprevista y representa un grado de madurez donde el libro representa algo más que una lectura por la novela de moda. Tiene un sabor a esas historias que se quedan para siempre en ti.

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Claro, no le pregunté por el lenguaje, por esa manera de escribir tan fluida, que hacen Después de Kim, en una novela muy placentera y gozosa.

Ángeles González-Sinde
Es un viaje en ese sentido de cómo superar nuestros propios prejuicios y ser más generosos con el otro. Foto: Cortesía

“Para mí, llenar la novela de detalles en una escritura basada más en esos detalles, de cosas que has vivido, cuyas referencias son la vida, que tener referencias literarias, es más importante. No porque no me gusten las referencias literarias, sino porque pienso que ofrecerle al lector una experiencia pasada por ti va a ser más rico”, asegura.

“Esta novela tardé bastante en escribirla. Es una idea que surgió porque leí una noticia mientras veraneaba. Una mujer había aparecido muerta en un jardín, en estas zonas de verano que siempre son muy apacibles. Era una mujer joven y extranjera, pensé mucho en su familia, hay una combinación de curiosidad y de indagación sobre el caso. Tienen que hacer el viaje, hacerse cargo de todos los trámites, encima descubrir la vida de ella, que se ha mantenido bastante alejada”, expresa.

“También pensé en la muerte de David, mi hermano pequeño, que falleció en un accidente de tráfico, mientras iba a trabajar. El que una persona muera con 37 años, de manera inesperada, obliga a un montón de interrogantes. ¿Por qué no pasé más tiempo con él? Todas las cuestiones que pueden surgir en el duelo”, agrega.

Las dos personas se toman el duelo de manera muy distinta. Él descubre que a toda costa quiera llegar al final del caso de su hija, mientras que ella es la que tiene más dificultades para sobreponerse a esta pérdida.

Está también la mujer muerta, estas mujeres que no llegan a su destino, el tema del feminicidio.

“Creo que el feminicidio siempre ha estado, lo que ocurre que ahora lo contabilizamos y tenemos mucha conciencia de ello. Quiero pensar que es un problema que vamos a ir resolviendo, cuando habitualmente se produce la violencia de género la mujer da el paso de independizarse. Por suerte todos los esfuerzos que se hacen por distintos organismos, teniendo esa percepción de que hay cosas que no se pueden tolerar, que hay que romper con esa relación, todo eso irá sirviendo para que haya más conciencia”, opina.

“Es muy difícil cambiar el machismo y todos los valores y comportamientos que lleva consigo en el giro de tan poco tiempo. Llevará tiempo y hay fuerzas que oponen resistencia. Hay determinados partidos de extrema derecha que estamos viendo cómo se oponen a políticas de apoyo a la mujer, de palabras que quieren eliminar, la tensión está ahí, pero al menos ahora es visible”.

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