Poesía

Elogio a los poetas

A todas mis amigas y amigos poetas, ¡un fuerte abrazo! Gracias por ser traductores de la belleza. Esa belleza que, como ustedes han probado, está escondida en todas las cosas.

Ciudad de México, 23 de marzo (MaremotoM).- Hay poetas que se asumen como la voz de dios. No son poetas museo, sino poetas de la experiencia. Curiosamente, son viajeros. Aman a los otros seres. Hablan por la tierra y claman con una desconcertante autoridad. Hijas e hijos de una inspiración terrible, no tienen pena de su llanto y han vencido al pudor con un talento bribón. Son los ríos y los mares con voz, la luz y la noche y arrojan su asombro sobre las grises anécdotas de los otros. Sus palabras son elementos, en vez de duros símbolos que apelan al intelecto. Sus adjetivos son sustantivos. Celebran, aunque hablen de lo trágico. Su alma celebra, con ojos de niño y a la vez el esplendor erótico del adulto, el delirio de la realidad. No usan el lenguaje de lo práctico sino la rabia de lo épico. Nos llevan por sus paisajes hipnóticos hacia la euforia animal de la vida. Son muy pocos.

Hay otro grupo de poetas, a quienes quiero particularmente. Los del recogimiento del espíritu. Los poetas de la nostalgia y de lo íntimo. Son de hogar más que de la tierra. Son más persona que aquellos otros locos. Son los poetas de lo delicado. Portadores de una rara desdicha. No quieren describirlo todo, apenas pueden con su dolor y su historia individual. Muchos de ellos son sinceros como el agua fría. A veces apelan al olvido, y tienen voz de sirena.

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Poesía
Hay otro grupo de poetas, a quienes quiero particularmente. Los del recogimiento del espíritu. Foto: Cortesía

Podemos decir que de la primera estirpe es Beethoven. Bach de la segunda. Whitman y Neruda y Olga Orozco almas totales, no se detuvieron en estanques sino en océanos. No se refugiaron de la lluvia. Al contrario: salieron a desafiarla. Rilke, Alejandra Pizarnik, Juan Ramón Jiménez (padre de Neruda, desde luego) fueron más a las heridas románticas de lo melancólico.

Podríamos hablar de una tercera y desgraciada familia: los poetas intelectuales. Los miembros lúcidos de esta estirpe sufren su destino y tienen el valor de reconocerlo: “En vano te hemos prodigado el océano, / en vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman, / has gastado los años y te han gastado, / y todavía no has escrito el poema”.

Otros que pertenecen a esta familia y son, en cambio, inconscientes de su condición, nos irritan de aburrimiento. El poeta que habla de la poesía está perdido. ¡Ocuparse de la palabra teniendo al mundo!

A todas mis amigas y amigos poetas, ¡un fuerte abrazo! Gracias por ser traductores de la belleza. Esa belleza que, como ustedes han probado, está escondida en todas las cosas.

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