Nudo de alacranes. Eloy Urroz

Eloy Urroz: Nudo de alacranes o cómo volver a leer a D.H.Lawrence

“Era un escritor feminista”, dice, mientras su historia de asesinato es como un gran nudo de alacranes y puede funcionar también como una biografía comentada de D.H.Lawrence.

Ciudad de México, 24 de julio (MaremotoM).- Lawrence en México. Lawrence en Oaxaca. Esa es la obsesión de Fernando Alday, el asesino confeso de Irene Dávila Cienfuegos, la prostituta a quien amó y a quien va a asesinar 25 años más tarde, luego de abandonar a su mujer y sus dos hijos en Estados Unidos.

Esa es la sinopsis de la nueva novela de Eloy Urroz (Nueva York, 1967), un mexicano que vive en los Estados Unidos y que en esta historia Fernando Alday es como una especie de álter ego.

Urroz habla alto en la librería donde hacemos las entrevistas. Quiere de todas maneras que entendamos su historia y que le discutamos, algo que también quiere del lector.

En su tiempo, algunas personas rechazaron a Simone de Beauvoir y a otras feministas por tacharlo de machista al autor de El amante de Lady Chatterley y Urroz se pone furioso por eso.

“Era un escritor feminista”, dice, mientras su historia de asesinato es como un gran nudo de alacranes y puede funcionar también como una biografía comentada de D.H.Lawrence.

Nudo de alacranes. Eloy Urroz
Nudo de alacranes. Eloy Urroz. Foto: Cortesía

–Muchas de las cosas que hablas de D.H.Lawrence se parecen bastante a la biografía de Roberto Bolaño

–No sabía lo del padre de Bolaño, aunque creo que los dos fueron almas trashumantes, aunque creo que Lawrence más. Poca gente se puede comparar a él en el tema de viajeros. Lawrence nunca tuvo un hogar, el único hogar es esa cabaña que le regalaron en Nuevo México y que ni siquiera fue su hogar, vivió sólo un año y medio ahí. Hablando de almas trashumantes y nómadas, Lawrence no tiene comparación.

–Esa alma trashumante no se escapa frente a la identidad de la mujer

–En ese sentido metafórico real, lo que representaría Frida, él nunca escapa, tampoco Frida escapa de él. Se aman y se odian. Es una relación que dura 18 años. Todas las crisis del mundo, peleas, reyertas cotidianas que tuvieron y con muchas infidelidades, sobre todo de Frida, que él aceptó. Como parte de su feminismo, él entendía que Frida tenía derecho a su sexualidad. Así la había conocido a ella, era una alemana feminista. Él la tomó a ella. Ella también lo entendía en su locura, en su visión del mundo, en su visión del ser humano, reinventarse a través de la pareja. Esto no es suficiente, esto de ser modernos, no me basta. Hay que hacer algo al respecto, por eso busca a través del amor, a través de los países que visitó, vino incluso a Oaxaca, buscando primitivos. Aquí fue donde escribió una novela sobre lo que estaba viviendo. Y escribió su gran apuesta novelística (La serpiente emplumada), que para muchos fue un fracaso.

Nudo de alacranes. Eloy Urroz
Fernando es mi álter ego, pero yo no soy asesino. Foto: MaremotoM

–Fernando Alday se encuentra muy ligado a Lawrence

–Fernando es mi álter ego, pero yo no soy asesino. Siempre he jugado al juego de que el lector vea rasgos del autor en el narrador. Me gusta eso. Creo que el lector no entiende una cosa básica y es que el autor nunca es el narrador. Aunque se llamen igual. Eso ya lo sabemos. Es medio engañar al lector o jugar a que hay muchos rasgos del autor o en este caso del asesino en el autor. Si tú lector vas a acercarte a la novela seguramente vas a acercarte a las patologías del autor.

–El protagonista conoce a Braulio, alguien parecido a él…

–Eres la primera persona que me pregunta sobre Braulio y yo me atrevo a pensar que es el personaje interesante. Es el hombre maltratado, es como el hombre-mujer, finalmente encuentra la escapatoria a través de Fernando, que es también Lawrence. Los dos se escapan, en Braulio es más fuerte porque él se escapa del maltrato absoluto. En el caso de Fernando Alday, se trata de explicar las razones por las cuales deja todo: hijos, familia, trabajo, para irse a Oaxaca, con una ex amada prostituta. Es una utopía, pero era también la utopía de Lawrence. Él quería hacer una especie de comunidad donde todo es de todos, incluida la amada. Aquí llevan esa idea hacia las últimas competencias y se desencadena la hecatombe. No cuentes el final, pero el final está en la primera línea de la novela, cuando el protagonista dice por qué la mató.

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–¿Crees que el español es insignificante?

–No y lo dice de alguna manera el personaje. Simplemente no creo que sea mejor que otra. Amo mi lengua, me comunico mejor en ella que en ninguna otra, me gusta hablar en mi lengua, escribo en mi lengua, le enseñé a mis hijos (estadounidenses) mi lengua, me gusta leer poesía en español, pero lo que me carga mucho, que muchas veces viene de la ignorancia, del orgullo patriotero ridículo, escuchar decir que el español es el más rico. La lengua no es política. No debería de ser.

Nudo de alacranes. Eloy Urroz
En un país de 120 millones de habitantes no hay lectores. Foto: MaremotoM

–¿Cómo crees que los mexicanos ven tu obra?

–Te voy a dar una respuesta que mi editora de Alfaguara, Marcela, me dio: –Tu nombre suena, tu nombre es más conocido que tu obra. No me han leído. Hay una discrepancia que nos pasa a todos los escritores, inclusive a Mario Vargas Llosa. Lo han leído mucho más que a mí, pero no tanto como el nombre suena. Es una pena, es pavoroso. La producción de literatura sigue aquí boyante, hay muchas escritoras interesantes, eso está muy bien, pero ese no es el problema, no hay lectores. En un país de 120 millones de habitantes no hay lectores. La gente está informada, pero estar formada, leída y con conocimiento no es lo mismo.

–¿No vas a vivir en México?

–Todavía no lo veo, pero creo que esta novela trata de eso. El personaje Fernando Alday se va a los Estados Unidos buscando un espejismo. Llega y no existe. Luego regresa buscando un espejismo y tampoco. Termina en tragedia. El tema que me motivó a escribir esta novela, que debería llamarse espejismos. Me encanta venir a México. Es como una especie de mala adicción. No me he desmembrado. Sí me doy cuenta de que ya mis novelas desde que me fui pasan la mitad acá y la mitad allí. Mis novelas tienen que ver con los latinos que están allá. Yo escribo a partir de mis experiencias. Yo soy un autor que escribe sobre lo que le está pasando. Mis hijos son americanos y ven a México como un sitio de vacaciones. No sabía en esta novela cómo acercarme a Lawrence, ¿tenía que ser solo el periodo mexicano de Lawrence o todos sus viajes? Fue una chinga de trabajo. Ya no lo vuelvo a hacer.

–Renuevas el interés sobre Lawrence…

–Eso me encanta. Que alguien diga, voy a comprar D.H.Lawrence…

–¿Qué es para un hombre enamorarse de una prostituta?

–La primera novela que escribí se llamó Las plegarias del cuerpo y esa novela tiene un epígrafe del antiguo Testamento, del libro de Amós. Dios le dice al Profeta: deja a tu esposa, deja a tus hijos y ve y cásate con esa prostituta. A través de ella proclama la palabra de Dios. Ese es un llamado fuerte, ¿no? Ya desde ahí está la obsesión. Mi iniciación sexual fue con una prostituta, a los 14 años. Creo que eso te marca. Ha marcado gran parte de mi literatura y la idea del juego de cómo enamorarse de una prostituta. No es cualquier mujer. Eso fue el reto en esta novela.

–En el caso de la prostituta, es un tema que divide al feminismo

–Yo quisiera que esta novela la leyeran más mujeres porque te voy a decir, mi amigo novelista Pedro Ángel Palou la leyó y me dijo: tu novela es poco políticamente correcta. Es muy misógina y muy machista. Yo no me había dado cuenta. Con más ganas la voy a publicar, porque quiero oír la respuesta que esta novela genera en las lectoras. Yo esperaba que me preguntaras sobre eso, porque finalmente es matar a la amada, hay que entender por qué, porque es un loco articulado.

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