Emily D’Angelo

Emily D’Angelo, manantial incandescente consagrado a compositoras

Acompañada por la impecable “das freie orchester Berlin”, músicos independientes que grabaron en la mítica acústica de la Jesus-Christus Kirche berlinesa, es un recital al que se regresa instintivamente. No es papilla mística ni exploración disparatada ni devaneos intelectualoideos, sino emoción intensa, sostenida y controlada; un genuino manantial inspirado por una voz que es justamente eso, un manantial.

Por Sebastián Spreng

Ciudad de México, 14 de febrero (MaremotoM).- Es imposible ocultar el entusiasmo frente al auspicioso debut discográfico de Emily D’Angelo, una voz nueva con sonido antiguo. Al escucharla también resulta imposible no evocar a colegas tan disímiles como Lorraine Hunt Lieberson, Agnes Baltsa, Anne Sofie von Otter, Joan Baez y hasta Eleanor Steber. Lo cierto es que la joven canadiense las recuerda con un timbre personal, esmalte cremoso y un amplio espectro cromático. A sus 26 años, la torontoniana bien pudo elegir para su primer disco los Mozart, Handel, Rossini, Ravel, Berg y Strauss que la vienen posicionando como una de las mezzos líricas del momento; optó en cambio por una selección distinta, acorde a nuestro tiempo, misteriosa e hipnótica. Tanto ella como el disco, firmes candidatos a revelación del año.

Enargeia -vocablo griego que entre muchas acepciones significa “la virtud de lo radiante, vívido, respuesta emocional tan poderosa que evoca la insoportable brillantez de ser”- es el título del recital en el que D’Angelo cumple con creces lo que intenta y promete. Es una confirmación y un viaje incandescente que abarca diez siglos. Música del siglo XII al XXI compuesta por mujeres; todas ellas pioneras, intrépidas, mansas o feroces, la docena de composiciones del programa depara una sorpresa tras otra, el interés no decae un segundo y su voz tan etérea como terrenal conduce sabia al oyente, como Ariadne al visitante del laberinto hacia “la sombra de la luz viviente”, según la abadesa Hildegard von Bingen (1098-1179), la primera invocada que figura con O virtus Sapientae y O frondens virga en arreglos de las americanas Sarah Kirkland Snider y Missy Mazzoli respectivamente.

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Emily D’Angelo
Enargeia. Foto: Cortesía

No obstante, la más joven es la encargada de iniciar la travesía, la islandesa Hildur Guðnadóttir, nacida en 1982. Suerte de plegaria, Fólk fær andlit es un clásico instantáneo en arreglo de Jarkko Riihimäki con D’Angelo vertiendo una voz de lava. Vísperas para una nueva edad oscura de Missy Mazzoli (nacida en 1980) está presente con Hello Lord y dos joyitas: This World Within Me is too Small de su ópera Song from the Uproar, inspirada en la exploradora suiza Isabelle Eberhardt (1877-1904), y You Are the Dust, otra vez en arreglo del director Riihimaki. En A Thousand Tongues, cello y voz se embarcan en un torneo donde la última acaba emergiendo triunfal. 

De Sarah Kirkland Snider (nacida en 1973), Caritas remite a von Bingen, la virtud del amor manifestándose en una visión y tres temas a su ciclo Penélope obviamente inspirado en La Odisea, explorando memorias, identidades y el regreso al hogar: Dead FriendNausicaa y The Lotus Eaters. Este último cierra el recital con una reverberación que no abandona la memoria.

Acompañada por la impecable “das freie orchester Berlin”, músicos independientes que grabaron en la mítica acústica de la Jesus-Christus Kirche berlinesa, es un recital al que se regresa instintivamente. No es papilla mística ni exploración disparatada ni devaneos intelectualoideos, sino emoción intensa, sostenida y controlada; un genuino manantial inspirado por una voz que es justamente eso, un manantial.

Fuente: Damiselas en apuros / Original aquí.

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