Emmanuel Carrere

Emmanuel Carrere recibe el viernes el Premio Princesa de Asturias

En una de las escenas, el personaje de Juliette dice: A veces dudo de mí misma, pero lo que quiero contar es más potente. Y eso es muy interesante pensarlo en que fue Carrere quien lo dijo, para ejemplificar su gran obra: desde el fascinante retrato de Limónov a los emotivos relatos del drama en De vidas ajenas o la inolvidable relación con la Sophie de Una novela rusa.

Ciudad de México, 20 de octubre (MaremotoM).- El Premio Princesa de Asturias siempre me da como unos escalofríos. Es cierto que pertenece a la corona española, tan enemigos como somos por la colonia, pero siempre le da honra a artistas que admiro muchísimo. Como Marina Abramovic, como Alma Guillermoprieto, como Paul Auster y este viernes lo recibe el gran escritor francés Emmanuel Carrere.

Los premios son una gloria fugaz luego del cual uno se olvida para siempre, pero haber coincidido con este artista que hace del yo un trapo para planchar me proporciona una avidez y un bienestar de orgullo por ser humano.

Ya recibió el premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2017, un hecho que recordamos porque entonces el jurado dijo: “heredero de Montaigne y de Rousseau, lo autobiográfico adquiere en su escritura una dimensión crítica que le permite pintarse sin concesiones y explorar arriesgadamente zonas de sombra de la condición contemporánea”.

Emmanuel Carrere
El Premio Princesa de Asturias 2021. Foto: Cortesía

Montaigne, siempre Montaigne, un hombre que fue centro en su reciente libro Yoga (que me encantó y cuyo galardón ahora funciona como una especie de venganza por el escándalo que lo sacó del Goncourt) y al que el autor venera como un gurú.

“Montaigne es el objeto de Montaigne, su material, su instrumental y su mesa de trabajo. Hay algo de confesional y de reflexión filosófica en Montaigne que también se encuentra en San Agustín y en Jean-Jacques Rousseau. A partir de ahí, de ese escudriñamiento que convierte al sujeto en laboratorio de sí mismo a través del recurso de la experiencia se puede entender la obra de Carrère. En sus textos abunda lo intimista mezclado con lo periodístico, lo anecdótico entrecruzado con lo histórico, la crónica referida con elementos biográficos, lo personal visitando lo argumentativo que será el soporte de sus especulaciones, la autoficción acompañada del rigor bibliográfico, la relación verídica de los procesos de su escritura mientras se interviene como sujeto de análisis, de reflexión; la descripción del milagro de lo ajeno con cierto nivel de penetración psicológica desde la criba de su perspectivismo”, explica Noé Vázquez un gran ensayo sobre el escritor publicado en PezBanana.

Dice también Inmaculada Durán, de Culturamas, que Emmanuel Carrère “es uno de los narradores más relevantes de Francia. Entre la biografía, el reporterismo, la autoficción, ha desarrollado un estilo propio que lo hace uno de los autores más leídos e influyentes de las nuevas generaciones”.

Amante del cine, muchas de sus obras conocen la pantalla grande y en 2005, dirigió la adaptación cinematográfica de su novela La moustache (1986). Ahora acaba de realizar En un muelle de Normandía, sobre el libro de la periodista Florence Aubenas, con Juliette Binoche como protagonista.

Emmanuel Carrere
Foto: Cortesía BBC

En una de las escenas, el personaje de Juliette dice: A veces dudo de mí misma, pero lo que quiero contar es más potente. Y eso es muy interesante pensarlo en que fue Carrere quien lo dijo, para ejemplificar su gran obra: desde el fascinante retrato de Limónov a los emotivos relatos del drama en De vidas ajenas o la inolvidable relación con la Sophie de Una novela rusa.

David Morán, del ABC, dice que el autor cambió de deporte cuando escribió El adversario, la vida del impostor y criminal, que para que su familia no lo “cazase” se cargó a sus hijos, su esposa, sus padres.

La novela, al final, cuando uno ya sabe todo lo que pasa, otorga una sensación de vacío, sin que el lector pueda tomar un camino u otro. Como si Emmanuel hubiera sido sólo el testigo de un crimen que no alcanza a explicar.

“Un menú rico y variado con el que el autor de Vidas ajenas sigue abonando la idea de que toda literatura, independientemente del formato en el que llegue servida, comparte “un principio de incertidumbre ante la complejidad de la vida. En toda literatura hay puntos comunes entre ficción y no ficción. Lo que a mí me gusta es decir que hago narraciones”, relativiza Carrère, para quien las cualidades literarias de los textos no vienen dadas por el formato sino por el contenido. “Estoy convencido de que el periodismo es una forma de literatura, pero no todo el periodismo es necesariamente literatura, igual que tampoco todas las novelas lo son”, dice David Morán.

A lo largo de su carrera, Carrère ha recibido diversos galardones, como el Renaudot, el Femina, el Duménil o el otorgado por el diario Le Monde.

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Disfrutaremos a un escritor al que el periodismo lo salvó, puesto que como ha dicho la semana pasada al presentar Conviene tener un sitio donde ir, “el periodismo puede ser tan literario como un poema o una novela”.

“Afronto el trabajo de la misma manera; para mí un libro y un reportaje son la misma cosa. Si yo fuera un escritor de ficción, el equivalente a estos artículos serían mis narraciones cortas: diría lo mismo, pero en menos páginas. Lo que es el reportaje, a veces, es la antesala del libro: de una pieza breve a veces ha salido un trabajo largo”, ha contado al periódico El Mundo.

Emmanuel Carrere
El 24 de febrero conoceremos Yoga, en español, por Anagrama. Foto: Cortesía

“Hay dos familias principales: están los analistas, los columnistas, los editorialistas, y luego los reporteros, los que estamos del lado de la narración. Ninguna de estas dos familias está por encima de la otra, pero yo no podría estar en la primera, sé que no soy capaz. No soy una persona que pueda expresar opiniones muy firmes, pero me atrae la complejidad de los personajes”, agregó.

En Yoga (Anagrama), Emmanuel Carrere, nacido en París en 1957, cuenta su depresión, con tendencias suicidas, que llevó al autor a ser hospitalizado, diagnosticado de trastorno bipolar y tratado durante cuatro meses. Es también un libro sobre una crisis de pareja, sobre la ruptura afectiva y sus consecuencias. Y sobre el terrorismo islámico y el problema de los refugiados. Y sí, en cierto modo también sobre el yoga, que el escritor practica para superar la depresión. El resultado es una descarnada expresión de las flaquezas y los tormentos humanos, una inmersión en los abismos personales a través de la escritura.

“El hecho de usar el término yoga lo hago de una manera muy amplia, no tiene que ver con hacer el yoga en el piso con posturas, pero en el fondo es demasiado amplio y demasiado vago decir que yo denomino yoga todo aquello que quiere desear que nos mejoremos, que tengamos una versión más abierta con el mundo. Si quieres podemos decir que el sentido original del sánscrito significa que yoga es el yugo por donde se hacen avanzar dos animales que realmente no tienen ningún deseo de avanzar. El yoga es un trabajo sobre el cuerpo y la consciencia, que mejora lo que nosotros somos. Esta interpretación es demasiado englobadora del término yoga, pero no es errónea, está incluida en la palabra yoga misma”, afirmó Carrere frente a su colega, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, reciente ganador de la Bienal Vargas Llosa.

“Lo que es interesante en el yoga y en la meditación es que en el fondo son prácticas de poner atención. Me alegra que me digas que mi libro, son como ensayos de Montaigne, esta cosa de cómo escribimos los escritores y que nos encanta conversar sobre ello. Elegir estas pequeñas unidades, que no llevan más de 5 o 6 páginas, buscarle un título a cada una de esas unidades, me divirtió hacerlo, fue descubrir algo que me gustó mucho. Es como un montaje de cubos, uno lo puede ir moviendo y como dices tú uno puede tomar en cuenta una materia bastante dispar, a la vez también hablo de una manera relajada de todo eso, pero lo que contamos no tiene nada de divertido”, expresó.

Emmanuel Carrere
Foto: FIL en Guadalajara / Cortesía

El autor francés habla de la pianista argentina Martha Argerich, que en un momento dado ocurre que alguien como regalo le da un enlace hacia un video de ella, tocando precisamente una versión de la “Polonesa heroica”, de Chopin.

“En esos 5.35 minutos que dura la pieza, sucede algo mágico, es como un momento del paraíso. Es un regalo para los lectores”, dice Emmanuel Carrere.

Habló también de la depresión melancólica que padeció, que no significa “estar triste, sino como estar en un abismo”.

“Esta especie de camino psiquiátrico que me llevó a estar internado en un hospital, me llevó a una circunstancia de bipolaridad. Era como una biografía psiquiátrica que fue como el núcleo del libro. El poder hablar de todas estas cosas de un libro sobre yoga, hace que este libro se haga más legítimo. Hay momentos muy agraciados de la vida, pero hay momentos de profunda oscuridad, de tempestades, de relámpagos y en el fondo la vida humana combina los dos. La bipolaridad es algo que exagera lo que tenemos todos nosotros. El problema de la bipolaridad es incrementar la amplitud de estos dos estados. El yoga es como mantener a estos dos caballos en forma simétrica y que puedan ir avanzando”.

Este viernes recibe el Premio Princesa de Asturias y alguien como un amigo mirará al cielo y agradecerá que exista la literatura.

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