Ludwig van Beethoven

En Beethoven, la sordera no fue una deficiencia, sino una diferencia

Como parte del ciclo Músicos y medicina, dentro del programa especial por el 250 Aniversario del natalicio de Beethoven, se transmitió la conferencia-concierto Ludwig van Beethoven: la creación en el silencio, a cargo de Adolfo Martínez Palomo, miembro de El Colegio Nacional.

Ciudad de México, 10 de noviembre (MaremotoM).- Los problemas de sordera de Ludwig van Beethoven suelen acompañar cualquier biografía sobre su vida y su obra, pero el miembro de El Colegio Nacional, Adolfo Martínez Palomo, reconoció que si bien fue un artista que “encontró nuevas formas de expresión musical cada vez más innovadoras, forjando música sublime que él nunca pudo escuchar, menos conocido es que haya realizado esa labor titánica con su organismo arruinado desde los 25 años de edad por una enfermedad intestinal y, atormentado al final, por los efectos del padecimiento del hígado que acabó con su vida.”

Al impartir la cátedra Ludwig van Beethoven: la creación en el silencio, dentro del ciclo Músicos y medicina y del programa espacial por la la conmemoración del 250 aniversario del natalicio del compositor alemán, el colegiado recordó que Beethoven llamaba “mi enfermedad habitual” no a la sordera, sino a la enfermedad intestinal, cuyas dolencias llegaban a ser tan intensas que lo obligaban a guardar cama durante varias semanas.

“Los síntomas intestinales se agravaron, sobre todo en los últimos años. Este padecimiento intestinal y sus causas han interesado poco a los biógrafos, aun cuando afectó seriamente a Beethoven durante más de la mitad de su vida. Lo más probable es que haya sido enfermedad inflamatoria intestinal”, enfatizó Martínez Palomo, sin hacer a un lado la importancia que la sordera tuvo en su creación musical.

Ludwig van Beethoven
El doctor Adolfo Martínez Palomo. Foto: Cortesía

Infancia difícil

Nació en 1770, en la ciudad de Bonn. Se desconoce el día de su nacimiento y sólo se sabe con seguridad que fue bautizado el 17 de diciembre de 1770, por lo que estaríamos a poco más de un mes de la fecha exacta de su nacimiento, hace 250 años.

“La primera infancia de Ludwig fue difícil, sobre todo por el alcoholismo de su padre, quien decidió sacarlo de la escuela antes de que cumpliera 11 años al ver el poco provecho que tenía en ella, para que se concentrara en la interpretación del piano y en sus primeros escarceos como compositor, que pronto dieron fruto en la forma de tres sonatas para piano, dedicadas por el mismo Beethoven al elector, la autoridad de Bonn, a quien el pequeño le escribió ‘espero que usted le brinde la aprobación alentadora de sus amables y paternales ojos’.”

Cuando tenía 10 años de edad, a Beethoven no le interesaba otra cosa que no fuera su música: no se interesaba por el aspecto social, estaba mal dispuesto hacia otras personas, aislado, descuidado, su apariencia externa llamaba la atención por falta de limpieza.

Desde la perspectiva del doctor Martínez Palomo, esos años difíciles moldearon su carácter tímido y retraído, al mismo tiempo que terminaba de gestar el espíritu indomable que lo llevaría a superar sus limitaciones físicas y psicológicos, “hasta convertirlo en uno de los grandes genios universales de la música: la música era lo único extraordinario en la vida de Beethoven.”

De su infancia sólo se sabe que padeció viruela, “tal como quedó registrado en las huellas de la infección que marcaron su rostro a lo largo de su vida”; a los 17 años de edad empezó a dejar por escrito algunos problemas físicos que le aquejaban, como una bronquitis, “me preocupa que se convierta en tuberculosis y, además, está la melancolía que es una calamidad tan grande para mí, como mi enfermedad”, porque desde esos años estaba propenso a ciertas depresiones y, tenía horror de tener tuberculosis, “enfermedad de la que murió la madre a la que tanto quería.”

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“A los 26 años quedaron registrados por escrito los primeros síntomas de su enfermedad principal, posiblemente iniciada un poco antes: las molestias abdominales y la fiebre siguieron presentándose con frecuencia hasta su muerte a los 57 años.”

Los años del silencio

En su relato, Martínez Palomo, quien ha desarrollado las historias médicas de varios compositores, habló de lo que pudo ser lo que causó la sordera del compositor: una tarde regresó a su casa acalorado y sudoroso. Abrió de forma brusca las puertas y las ventanas, se quitó la ropa y se refrescó en la brisa: “el resultado fue una enfermedad peligrosa, cuyos efectos alteraron el oído durante la adolescencia, después de lo cual, la sordera, aumentó progresivamente.”

A Beethoven le preocupaba que los demás se enteraran del problema, por lo que durante mucho tiempo sólo los más cercanos lo supieron: no alcanzaba a comprender las palabras, pero sí los sonidos, y aquello se convirtió en un periodo “de extraordinaria creatividad.”

“Su música ha sido dividida en tres periodos de creatividad, en relación con su sordera: una etapa inicial, exuberante, hasta los 30 años, antes del inicio del problema de la sordera, seguido de un periodo intermedio entre los 30 y los 45 años, con muestras evidentes de sobreponerse a ésta, y un tercer periodo desde los 45 años hasta su muerte, de notables innovaciones coincidente con la pérdida de audición.”

Para ejemplificar el papel que jugó ese problema en la música de Beethoven, el colegiado recordó unos párrafos de quien es considerado uno de sus biógrafos más autorizados, Maynard Solomon: “el cierre gradual del contacto auditivo de Beethoven con el mundo produjo sentimientos de dolor y aislamiento, y aumentó sus tendencias hacia la misantropía y la suspicacia, pero no alteró y, de hecho, tal vez incrementó sus habilidades como compositor, al excluirlo de la interpretación pianística como competencia para su creatividad y, tal vez, al permitirle una total concentración en la composición, dentro de un mundo de reclusión auditiva en aumento.”

“En su mundo sordo, Beethoven podía experimentar con nuevas formas de experiencia, libre de los sonidos intrusos del ambiente externo, libre de la rigidez del mundo material, libre, como un soñador, de combinar y recombinar la realidad, de acuerdo con sus deseos en formas de estructuras nunca soñadas. Beethoven transformó todas sus derrotas en victorias. Hasta su pérdida de la audición fue, en alguna forma indefinida, necesaria o útil para completar su impulso creativo”, en palabras de Solomon.

Para el doctor Adolfo Martínez Palomo, la vida y la obra de Beethoven son poderosos ejemplos de la superación de una severa discapacidad, que ha facilitado “la comprensión de esta discapacidad no como una deficiencia, sino como una diferencia.”

“Sus últimas composiciones pueden interpretarse como manifestaciones de su genio absoluto, escritas no a pesar de la sordera, sino tal vez, gracias a ella”, dijo el especialista.                                                                                             -0-

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