Simón Vargas

“En Colombia hemos tenido un problema con la estética de la violencia”: Simón Vargas

Simón Vargas es, además de escritor, músico, bajista de la banda Morat, nació en 1993, tiene apenas 27 años y traduce sus impulsos creativos no sólo a partir de canciones como “Nunca te olvidé”, sino también a partir de estas historias ilustradas que hacen pensar en una ciudad a veces inexistente: A la orilla de la luz (Alfaguara juvenil).

Ciudad de México, 20 de julio (MaremotoM).- Una novela juvenil dice la editorial, aunque los miedos y esas situaciones a veces de horror nos hacen pensar que A la orilla de la luz (Alfaguara juvenil), del colombiano Simón Vargas, puede ser para cualquier edad. También para pensar en cómo piensa el autor, que vive en una ciudad, Bogotá, donde todo puede ser una sospecha o un peligro y donde él creció.

Simón Vargas es, además de escritor, músico, bajista de la banda Morat, nació en 1993, tiene apenas 27 años y traduce sus impulsos creativos no sólo a partir de canciones como “Nunca te olvidé”, sino también a partir de estas historias ilustradas que hacen pensar en una ciudad a veces inexistente, otras pesadas como esos sitios donde viven los taxistas de gustos perversos, los personajes que beben del agua amarga de los recuerdos, los seres misteriosos que habitan las nieblas de la ciudad, los niños que podrían ser padres, por sectas de oscuras intenciones…

–Aquí hay muchos músicos que escriben, como Joselo Rangel, de la banda Café Tacvba…

–Mira, yo escribo desde que me acuerdo, ha sido una actividad paralela a la de la música. Sin embargo, hace poco empecé a pensar en mostrarle a la gente lo que escribo y fue una experiencia bonita. Estoy acostumbrado a trabajar en grupo y siento que con el libro es distinto. Ahora pongo lo que me gusta, algo que me resulta genial, es la culminación de un trabajo de muchos años.

Simón Vargas
Es como un viaje hacia mi ciudad y en lo que yo creo que produce en la gente. Foto: Cortesía Facebook

–Todo transcurre como en un viaje…

–La idea es esa, abrir una ventana a una ciudad que no es representativa para nadie y ni el acento bogotano no es el acento de nadie, pero ha sido tan esencial para mi manera de ver el mundo. Es como un viaje hacia mi ciudad y en lo que yo creo que produce en la gente.

–Se me ocurre como una ciudad desconocida, tú hablas de una zona oeste, una zona decaída…

–El barrio me lo inventé yo, como abrir un espacio en Bogotá para que juguemos con mis propias reglas, inventando un sitio nuevo. Ese espacio geográfico en el que pudiera jugar a mi estilo.

–Pero es una Bogotá que al mismo tiempo existe

–Por supuesto, el barrio Tokio, que es esa zona oscura, nos ayuda a asumir el conflicto armado y la violencia. Siento que en Colombia hemos tenido un problema con la estética de la violencia. No hemos sabido tratar con estética nuestro propio conflicto y siempre se cae en la narconovela, en la parte más amarillista de la violencia. El paramilitar y el paranormal comparten universos y ese día cambió mi manera de escribir. Comparte ese mundo paralelo, esta idea de que las cosas están a la orilla de la luz. ¿Cómo convivir con ello, con la corrupción, con la droga? Quedan muchos remanentes de la violencia viviendo en nuestro país y en nuestra ciudad.

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Simón Vargas
A la orilla de la luz, un libro escrito e ilustrado por Simón Vargas. Foto: Cortesía

–Vivir en un sitio donde uno puede pasar cualquier accidente, cualquier violencia

–Sí, por completo. Es algo que pasa en cualquier capital latinoamericana. La desigualdad social se ve en la calle, te toca tener los ojos en la espalda, la corrupción está comiéndose el país y el futuro de tu gente. ¿Cómo afectan las drogas a la vida de la gente normal? En el libro se cuenta la historia de un mundo paralelo en el que se armó un complot para destruir la ciudad. Esa sensación de que hay un complot en contra tuyo es lo que yo quería plasmar en el libro.

–Tú eres muy joven, ¿Hablas de la corrupción como si fuera una conspiración?

–En el libro hay una conspiración, pero la corrupción es un poco eso. La idea de la conspiración entrelaza a los políticos, a la guerrilla, a los narcotraficantes, a los militares y a los paramilitares. Ese es mi país. Hay algo detrás, hay algo que no puedes ver, que está jugando en tu contra.

Simón Vargas
Una de mis constantes búsquedas es darle una estética a esta violencia diaria. Foto: Cortesía Facebook

–Cuentas historias que tienen un final feliz, pero hay mucho terror en ella

–Sí, es un poco no tomarse en serio la situación que vive la pasajera de Barrio Tokio, por ejemplo. Tú dices un final feliz porque el taxista no la mata ni la viola, pero es muy agresivo y es más perverso. Tú piensas en todo lo peor y al final se resuelve “muy bien”, lo que es horrible y es asqueroso. Tuve muchas conversaciones con amigas mujeres y relataban ese grado de agresión que se vive, aun cuando no haya consecuencias graves. Lo horrible que puede ser todo incluso si no te violan o si no te matan. Una de mis constantes búsquedas es darle una estética a esta violencia diaria.

–Entre la guerrilla y los paramilitares están decidiendo quiénes se quedan con el país, claro, sin preguntarle a los ciudadanos

–Por supuesto, lo más terrible de todo es que el ambiente político colombiano se pone sus propias zancadillas. Hay muchos políticos que tienen nexos con el narcotráfico y con los paramilitares. Por más acuerdos de paz que haya, todo se hizo con los mismos paradigmas. Y luego miras a la izquierda, todos son iguales de puercos. Al final, todos los políticos latinoamericanos nos han estafado y por la parte que nos toca. Hay que hablar de estos temas, de la corrupción, porque es importante verlo y es importante salir a votar. Mi libro no trata sobre eso, pero busca generar reflexiones en los lectores sobre todo lo que hemos venido hablando.

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