Juan Domingo Argüelles

En el español, todos hablamos mal: Juan Domingo Argüelles

Probablemente, como diría el autor Juan Domingo Argüelles, es porque la gente cada vez lee menos. Si no lees, no escribes bien. Pero, guarda, cuando crees que escribes maravillosamente y aparece el libro ¡No valga la redundancia!, editado por Océano, te vas a querer meter debajo de la mesa.

Ciudad de México, 7 de abril (MaremotoM).- ¿Hablamos bien o hablamos mal? ¿De ese hablar mal, decimos más palabras que lo correcto? ¿Qué es lo correcto? Muchas dudas acontecen con el español, que si tuviéramos que decir que es el idioma más difícil del mundo, pronto aparecería el chino o haría sus puntadas el ruso o el alemán. Claro, como este es el único que conocemos, cada vez se hace más difícil.

Probablemente, como diría el autor Juan Domingo Argüelles, es porque la gente cada vez lee menos. Si no lees, no escribes bien. Pero, guarda, cuando crees que escribes maravillosamente y aparece el libro ¡No valga la redundancia!, editado por Océano, te vas a querer meter debajo de la mesa, porque una cosa es decir con palabras sencillas tu pensamiento y otras enredarte con el abecedario y las frases comunes, para enredarte en lo que querías decir.

Juan Domingo Argüelles
No valga la redundancia, de Juan Domingo Arguelles. Foto: Cortesía

Tras el catálogo de errores en el uso común del español que Juan Domingo Argüelles elaboró en Las malas lenguas, este nuevo volumen continúa su recorrido por las expresiones que el descuido, la insistencia en calcar formas de otras lenguas, la pandemia de la corrección política y la simple ignorancia de las palabras y sus significados han sembrado en los medios informativos, las redes sociales e incluso libros de toda índole.

Como señala el autor en su prólogo, ¡No valga la redundancia! “va dirigido a unos pocos millares de personas a quienes el cuidado del idioma les interesa, sea porque es su ámbito profesional o bien su gozo, además de su prodigioso instrumento de comunicación”. En esta ocasión, se concentra en “los sinsentidos y redundancias, los pleonasmos y ultracorrecciones” que leemos y escuchamos todos los días. Con mordaz sentido del humor y un espíritu tan crítico como didáctico, este libro es a la vez una obra de consulta y un divertido recordatorio de lo que ocurre cuando olvidamos, ignoramos o desdeñamos la precisión en el lenguaje.

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Hemos entrevistado a Juan Domingo Argüelles, que explica su libro, una conversación en video que esperamos no haya caído en ninguna redundancia ni en ningún pleonasmo.

En principio cuando comenzamos a leer el libro, pensamos inevitablemente en ¡Qué mal hablo!

Domingo Argüelles dice que “todos nos equivocamos. No hay nadie que no se equivoque y por lo tanto llego a la siguiente conclusión: ¿Cuáles son las personas que al equivocarse pueden corregirse? Aquellos que dudaron si era correcto o no”, dice, aconsejando por supuesto acudir al diccionario.

Este hombre que parece saberlo todo el idioma, lo que ofrece en este gran libro algo “práctico. Este libro se concentra en pleonasmos, redundancias, sinsentidos, anfibologías y ultracorrecciones que decimos y escribimos en español y que está escrito como continuación de Las malas lenguas”, afirma.

Juan Domingo Argüelles
“En México absorbemos a las lenguas indígenas y cuando uno lee Pedro Páramo, uno se da cuenta de que ese español lo pudo haber escrito un mexicano y no un argentino”, expresa. Foto: Cortesía

“En lugar de sacar un segundo libro de las malas lenguas, me concreté en trabajar en el tema de las redundancias, que ningún lector va a encontrar en un diccionario en general. No es que desde una altura de corrección les diga qué feo hablan todos, sino es decirle que nuestro idioma se está empobreciendo. Nuestro idioma español en México adquiere unas características que no tienen otros países donde se habla también español”, agrega.

“En México absorbemos a las lenguas indígenas y cuando uno lee Pedro Páramo, uno se da cuenta de que ese español lo pudo haber escrito un mexicano y no un argentino”, expresa.

Desde el dueto hasta dúo (una palabra maravillosa, ¿por qué referirnos al inglés?), el español lleno de redundancias hebreas que encontramos en la Biblia, que para decir una oración simple utiliza varias veces la misma palabra, hasta la evolución del español, que utiliza una economía de palabras. Por ejemplo, ¡Qué gran monolito de piedra! ¿Por qué pasa eso? Porque esa persona no ha ido jamás al diccionario, porque si no se enteraría que monolito equivale a decir de piedra. Ahí hay una redundancia que no respeta la economía. Todo está en el libro maravilloso de Juan Domingo Argüelles. Escuchen la nota.

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