“En la literatura intento mantenerme en lugares imprevistos, me gusta ese tipo de desconcierto”: Jorge Carrión

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Un turismo cultural que nos hace pensar en volver a conocer el mundo, en recorrer los pasajes y las librerías, de parte de un autor que trata de escribir de forma experimental, sin hacer centro en la tradición.

Ciudad de México, 3 de mayo (MaremotoM).- “Los pasajes están ahí para que los miremos”, dice el escritor de Mataró, Jorge Carrión (1976) y pienso mucho en Barcelona, en esa ciudad donde Lionel Messi ha hecho dos tiros libres cósmicos, alucinantes (como si uno pudiera encontrarse a algún Klopp de la vida de uno y resolver las cuestiones así).

“Lo miro y lo miro y no veo cómo podría haber sido mejor. Si no se puede mejorar, ¿es que la perfección, al fin y al cabo, existe?”, dice el también escritor Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) y en cierto modo a veces Barcelona me parece perfecta.

Un amigo me cuenta cosas racistas de Girona, pero no de Barcelona y Carrión dice que es “ciudadano de Barcelona, ciudadano del mundo”, porque precisamente esa ciudad es cosmopolita y parece ser un poco el hábitat de los nostálgicos, de los melancólicos, de los que no tienen patria.

Es cierto que los pasajes también nos hacen pensar en los barrios y el autor del libro Barcelona: Libro de los pasajes (Galaxia Gutenberg) ha entendido tanto eso que se ha mudado a El Poblenou, con su familia y todos esos recuerdos que le ha dejado tantos años hacer este volumen, por medio del cual conocemos a  las lavanderas de Horta, los fotógrafos como los Napoleón, editores como los Tasso, a los anarquistas y republicanos, a pintores como José María Sert o Joan Miró, a libreros y comerciantes, a arquitectos como Benedetta Tagliabue o escritores como Eduardo Mendoza.

Un turismo cultural que nos hace pensar en volver a conocer el mundo, en recorrer los pasajes y las librerías, de parte de un autor que trata de escribir de forma experimental, sin hacer centro en la tradición y del cual conocemos precisamente Librerías, finalista en el Premio Ensayo de la editorial Anagrama).

Jorge Carrión es doctor en humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y director del Máster en Creación Literaria de la UPF-BSM. Ha vivido en Buenos Aires, Rosario y Chicago, pero ha pasado la mayor parte de su vida en Barcelona.

Es autor de la tetralogía de ficción Las huellas (conformada por Los muertos, Los huérfanos, Los turistas y Los difuntos) y libros de no ficción, entre los que destacan Australia. Un viaje, Teleshakespeare, Librerías y Barcelona. Libro de los pasajes. Ha publicado dos libros de cómic: Barcelona. Los vagabundos de la chatarra y Gótico.

–Pensaba en Roberto Bolaño, que él vivió en un pasaje de Barcelona

–No hablo mucho del pasaje de Roberto Bolaño porque intentaba no repetirme, con lo que ya cuento en Librerías. Y en ese libro, tanto Bolaño, como otro “pasajerista”, Julio Cortázar, son muy importantes. Sí me parece significativo que Bolaño viviera en un pasaje, porque los pasajes son la periferia de la ciudad y él siempre estuvo en diversas orillas.

­­–Volver a tu ciudad y volver por los pasajes…

–No soy de Barcelona, soy de una ciudad pequeña que se llama Mataró y de algún modo creo que este libro me ha convertido en un barcelonés. No es casual que haya coincidido con mi paternidad. Creo que en forma subconsciente quería explicarle la ciudad a mis hijos, donde hemos elegido mi mujer y yo vivir. De hecho es un libro que para documentarme de muchos de los lugares que doy lo hice con el carrito del bebé en mis brazos. Somos la primera generación de escritores que ha cambiado pañales y dado biberones y que nos hemos implicado directamente en la crianza de nuestros hijos. Todo eso está en el fondo de mi libro.

–Practicas una literatura en el margen, ¿es así?

–Yo intento mantenerme siempre así. En lugares imprevistos. Gracias a que trabajo sobre todo en el territorio del presente, eso es más fácil. Lo que sí que se puede decir es que Librerías y Los pasajes de Barcelona son mis dos libros más clásicos, son libros que despistaron a mis lectores de las novelas, que me perciben como alguien más experimental. O a mis lectores del New York Times, que me perciben como un autor más ligado a las tecnologías o a las series de televisión. Ese tipo de desconcierto me parece muy estimulante y creo que en todo hay una coherencia y esa coherencia es que lo hago yo. Yo me implico en todos mis textos.

–¿A qué tipo de tradición literaria te refieres?

–Yo me siento un escritor universal. Quizás porque me formé en la literatura comparada, porque viví mucho tiempo en América Latina, lo cierto es que veo igual de cercana a la obra de Roberto Bolaño, que es chileno, a la de Juan Goytisolo, español, al trabajo de W. G. Sebald, que es alemán. Me siento muy cómodo como ciudadano del mundo y ahora mismo me siento entre dos extremos. Me siento muy barcelonés y muy cosmopolita. No me siento particularmente ni catalán, ni español, ni latinoamericano.­

–Necesitas encontrar a un editor del mundo, cosmopolita, ¿verdad?

–Yo tuve la suerte a los 40 años de ser padre y de encontrar a mi editor. Después de experiencias agridulces con varios sellos editoriales y en particular con Jorge Herralde, finalmente Joan Tarrida, de Galaxia Gutenberg, apostó por mis novelas y me dijo que quería publicar todo lo que escribiera a partir de entonces. Me parece que ese diálogo es una especie de lujo que me hace sentir muy afortunado.

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­–¿Las expectativas de editarlo en México?

–He tenido la suerte de ser publicado por muchos sellos latinoamericanos, Galaxia Gutenberg no hace ediciones locales en América Latina, pero en efecto te da una presencia en todo el continente. Me hizo mucha ilusión que Néstor García Canclini, en el prólogo de Vértigo Horizontal, de Juan Villoro, compara a ese libro con el mío. Para mí que yo le sirva a un lector para comprender a mi maestro, me pareció alucinante. Es un libro de Barcelona que permite conocer a Ciudad de México, al igual que el libro de Villoro permite conocer Barcelona.

Un libro fascinante sobre Barcelona. Foto: Cortesía

­–¿Hay noticias de los inmigrantes, del racismo, en Barcelona?

–En Barcelona prima el discurso de la tolerancia, de la inclusión, hay muchos barrios como el mío, El Poblenou, donde escuchas hablar en italiano, en inglés, en sueco, en alemán, en catalán, en castellano…y Cataluña en general es una ciudad muy hospitalaria. Mi libro, a la hora de incluir a referentes internacionales, a la hora de tejer puentes entre Barcelona, París, Buenos Aires o Londres, es una apuesta por ese tipo de apertura. El libro se publicó a la vez en catalán y en castellano y salió en ambos idiomas, firmado por Jordi Carrión.

–¿Cómo nos situamos en Barcelona con el tema del independentismo?

–En Cataluña es una fuerza importante, aproximadamente la mitad de la población, pero en Barcelona no es tan significativo. Yo me siento cómodo viviendo en Barcelona, pero no podría vivir en Girona o en Olot. No tengo ni idea qué es lo que va a pasar y prefiero no hablar del futuro, vamos a ver si con Pedro Sánchez se realiza algún tipo de solución, aunque sea provisional.

­–Si se alía con Albert Rivera por supuesto que no

–Eso creo que no va a ocurrir

­–¿Cuánto tiempo te llevó hacer este libro?

–Me llevó muchos años, porque estuve documentándome sobre los pasajes en hemerotecas y en bibliotecas, después recorriendo todos los del centro, cuando decido recorrer todos los de la ciudad, lo que hice fue comprarme una guía urbana, marcar con regulador todos los pasajes, ir a un barrio y hasta que no la agotara toda no ir a la siguiente. Eso me llevó mucho tiempo, porque en cada pasaje hacía entrevistas, tomaba fotos y hacía notas. La escritura fue aproximadamente dos años.

–¿Qué encontraste al hacer toda esta documentación?

–Encontré que este libro me cambió la vida. Yo podría vivir en cada barrio, en una ciudad muy tradicional, con muchas asociaciones de vecinos, donde se recuerda que en el siglo XVIII eran pueblos, que fueron unidos por el ensanche. Me cambió tanto la vida que al ir a conocer los pasajes del Poblenou, incorporé a ese barrio a mi cabeza y después cuando decidimos con mi mujer mudarnos, acabamos viviendo en El Poblenou.

–¿Cómo ha sido recibido por los barceloneses?

–Hay una masa de lectores que leen todo lo que se publica sobre Barcelona, son lectores fanáticos del tema. Algunos de ellos sólo por placer lector, otros por el sistema de paseo. Lo más bonito que me ha pasado con el libro en Barcelona es la cantidad de gente que me ha dicho que ha redescubierto la ciudad. Algunos pasajes de los que hablo han sido reivindicados por la ciudad, lo cual me llena de orgullo.

–¿Te interesa el turismo cultural?

–A mí el turismo cultural junto con el ecológico son los que más me interesan. Dentro de las opciones del turismo el cultural es mejor y me parece una buena forma de que las librerías tengan viabilidad.

No es casual que la mayoría de los escritores que más me interesan han viajado o fueran migrantes, dice Jorge Carrión. Foto: MaremotoM

–¿Qué es un escritor de viaje para ti?

–No es casual que la mayoría de los escritores que más me interesan han viajado o fueran migrantes. Todos ellos escribieron sobre mí, sobre lo que más me interesa. De algún modo para mí el viaje es un vehículo para llegar a algo fuerte. En Los pasajes no soy yo el protagonista, sino la gente que entrevisto o los pasajes. En Librerías es igual, yo soy la lógica para llegar al auténtico protagonista que es la librería. Creo que el periodismo es generosidad, que el ensayo es generosidad y no me interesa hablar de mí sino de realidades fascinantes que no son suficientemente conocidas.

–¿Qué es el lenguaje literario?

–El lenguaje literario es un puente que debe conectar esa realidad fascinante con el lector, de un modo metafórico o indirecto. La literatura trabaja en dos niveles simultáneos: lo dicho y lo insinuado, el referente y el símbolo, eso es súper difícil y por tanto el lenguaje artístico es un estímulo. Es un reto.

–¿Has mejorado, crees?

–(risas) No creo que el escritor evolucione, lo que sí que creo es que en algunos libros he conseguido moldear una forma que no existía, ni siquiera para mí. Cada libro mío tiene una forma particular que es válida para ese libro. En el Libro de los pasajes encontré una forma que es texto mío-cita, que es una forma de caminar.

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