Óscar de la Borbolla

“En las redes sociales se ha impuesto un gusto por la banalidad”: Óscar de la Borbolla

Esta obra es irónica, amena y despiadada, analiza con una prosa clara e irreverente temas centrales de la filosofía: el sentido de la vida, el problema del ser, la libertad, la acción y la felicidad, entre otros.

Ciudad de México, 16 de agosto (MaremotoM).- ¿Qué es pensar?, es lo primero que le preguntamos al filósofo y escritor Óscar de la Borbolla, autor entre otros libros de La rebeldía de pensar, editado por el Fondo de Cultura Económica.

Se trata de una obra provocadora, reeditada en este tiempo donde pensar, esa actividad que hace el cerebro y que nos distingue como especie, está muy traída de los pelos. Como si pensar y hacer reflexiones sobre la realidad fuera un pecado o algo que sólo hacen los filósofos, como Óscar de la Borbolla.

Ha escrito Ucronías, Las vocales malditas, Introducción a la filosofía de Nietzsche y La libertad de ser distinto. Galardonado con los premios Internacional de Cuento Plural 1987, por Las esquinas del azar y con el Nacional de Humor La Sonrisa 1991, por Nada es para tanto.

Con este libro vuelve a la filosofía y nosotros a escucharlo atentamente.

El libro agotó la primera edición. Foto: Cortesía
El libro agotó la primera edición. Foto: Cortesía

–¿Qué es pensar?

–Pensar es reflexionar. Cuando se nos presenta un problema articulamos todos los elementos que están al alcance para alcanzar alguna solución. Eso lo hacen los animales, también. Lo propiamente humano es pensar relacionando palabras, las palabras tienen diferente alcance. No es lo mismo la palabra silla, que se relaciona con mueble, que la palabra mueble que alcanza a todos los muebles en general. Las palabras mientras más alcance tienen, más abstractas se vuelven. Cuando uno piensa con categorías eso es pensar propiamente: relacionar categorías.

Óscar de la Borbolla
Cuando tienes un problema delante entonces sí le das vueltas y vueltas al asunto, para ver cómo lo solucionas. Foto: MaremotoM

–Tú dices que no es natural en el ser humano, el hecho de pensar…

–Lo que sucede dentro de nuestra consciencia es lo que los escritores llaman un flujo de pensamiento. No es que se articule el pensamiento con algún propósito. Ese flujo de conciencia lo hace Faulkner o lo hace Joyce. Pensar en nada, uno piensa en una bola de cosas deshilachadas. Cuando tienes un problema delante entonces sí le das vueltas y vueltas al asunto, para ver cómo lo solucionas. Ese pensamiento necesita de algunos refuerzos de tipo cultural. Si tú relacionas lo que sucede con una causa o un efecto cualquiera, seguramente puedes caer en un pensamiento mágico; tenemos una estructura causal, no se nos hace independiente el antes y el después, sino que creemos que están eslabonados. El pensamiento mágico es eso. Sin haber hecho una revisión objetiva, simplemente lo damos por sentado. Se conectan, aparentemente dan una explicación, pero no. Lo que hace falta es un elemento cultural, que es la lógica, que es el método y eso hace que el pensamiento se vuelva un instrumento de desciframiento del mundo.

–Ahora, dicho por un intelectual, ¿no tiene un sentido moral?

–Tiene un sentido social, más que moral. Hay una escena en la República de Platón, en el mito de la caverna, uno de los que está amarrado logra zafarse y se sale y descubre que la verdadera realidad no son esas sombras que se proyectan en la pared, sino que está afuera. Libre ya, muy bien podría agarrar y estar en contacto con las ideas y con la verdad, sin embargo, el impulso de regresar a la cueva, a tratar de liberar a los presos, es un detalle que pasa por alto Platón, pero creo que marca el compromiso social del pensamiento. Uno no quiere encontrar la verdad y ya, sino que quiere encontrar la verdad para algo. Tratándose del pensamiento, porque el pensamiento es liberador, es algo que tiene que contagiarse para que la sociedad no siga extática en un punto. Lo que pasa en este mundo, cuando cobramos conciencia, en la adolescencia, encontramos un montón de verdades ya dadas y tenemos pensamientos adocenados. Son nuestras certezas y con ellas vivimos, hasta que morimos. Mi idea es que vale la pena revisarlas.

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Óscar de la Borbolla
Se generaliza una falsa impresión del mundo, porque es un mundo editado. Foto: MaremotoM

–En la realidad está el tema de las redes sociales, el mundo de la tecnología no nos está haciendo pensar mucho más

–Es una paradoja. Ni tan paradoja. En las redes sociales se ha impuesto un gusto por la banalidad. Además, no sé si por mala fe o uno publica lo que es mostrar a los demás, las redes sociales es un compilado de momentos gratos, felices, uno se deprime cuando lee a sus amigos, porque parece que a todos les va bien menos a uno. Se generaliza una falsa impresión del mundo, porque es un mundo editado. Esto va imponiendo un curso de decisiones. Publicamos cosas que nos “likeen”. Rige un pensamiento conforme a un nivel de edad bastante limitado. Por los cinco o por los seis años. La manera en que se toman a nivel literal las cosas, comprueba eso. Cuando se viraliza una “posverdad”, una tontería, muestra un cacumen intelectual de los usuarios bastante bajo.

–A veces las redes sociales también traen el “mal banal”

–Yo estoy pensando en los linchamientos. Hay poco sentido del humor y se toman las cosas en sentido literal, es muy fácil ser el blanco de todos los odios. Es terrible. Ciertamente campea el mal por las redes sociales, pero lo pensaba más bien como lo que sucede en El Señor de las moscas, una sociedad de niños que establece una crueldad terrible. Lo que está pasando es eso.

–¿Qué piensas tú de México, cómo está ahora?

–Está polarizado de una forma ciega, está el conflicto de los chairos con los fifís, eso impide que haya un terreno común, que sería México. Hay quienes defienden a AMLO y otros que lo atacan, con un fanatismo cerrado por las dos partes, veo a México sumamente desgarrado. Muy polarizado. El pensamiento y su otro nombre es la duda es lo que permite limar las aristas y hace que uno no esté tan seguro de sus propias convicciones. Cuando uno piensa se da cuenta de que no las trae todas consigo. Pasear por los zapatos del otro nos enseña que pensar es relativizar. Es escaparse de los dogmas. Cada vez que hay un golpe de pensamiento alguna verdad se tambalea y se pasa a otra cosa. Cuando no hay pensamiento, son las pasiones que enconan, hay gente que repite consignas a favor o en contra del gobierno. La duda, es cierto, no va bien con los hombres de acción. Si algo se incendia uno reacciona inmediatamente, no se va a poner a reflexionar sobre si el fuego es o no es, pero en una circunstancia normal el pensamiento sí vale la pena.

–¿Lo publicaste ahora por eso?

–No, es un libro reeditado, lo publiqué en el 2006. Se inscribe en una cadena de libros míos en donde pongo a la filosofía como crítica social. No como crítica política, sino crítica de la condición humana. Está Filosofía para inconformes, El arte de dudar y este viene en esa línea. Son reflexiones que valen la pena de manera atemporal. Por casualidad coincide de manera favorable a mi gusto. Sí creo que es el tiempo de este libro, ha agotado una primera edición de 3000 ejemplares, raro para un libro de filosofía.

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