Margo Glantz

En literatura, el orden de los factores altera el discurso

La escritora Margo Glantz dio este discurso memorable al recibir ayer el premio Carlos Fuentes.

Ciudad de México, 11 de noviembre (MaremotoM).- Cuando recibí la noticia de que me habían otorgado el Premio Internacional Carlos Fuentes estaba yo en Argentina  comiendo con dos amigas en una calle de Palermo. Obviamente, me sorprendí; en noviembre de 2021 había recibido en la Feria Inter-nacional del Libro de Guadalajara la medalla Carlos Fuentes. Una reiteración afortunada y fortuita: haber recibido dos años consecutivos un premio que lleva el nombre de uno de los mas grandes escritores mexicanos.

Casi de inmediato, sin embargo, otro amigo me llamaba para anunciarme que acababan de apuñalar a Salman Rushdie. Dos noticias contradictorias, una que me llenaba de gozo y otra que me devolvia a la realidad del mundo en el que estamos viviendo.

No se escribe para ganar premios, pero es obviamente satisfactorio. Te exalta y te deprime al mismo tiempo o por lo menos  a mí. Quisiera tomármelo con mas sentido del humor, sin solemnidad, como se lo tomó Nicanor Parra cuando le anunciaron que había sido el primero en obtener el Premio Juan Rulfo. Cité a Parra cuando me dieron el mismo premio que a él 20 años después. Lo recito, a manera de amuleto:

¿Esperaba este premio? No

Los premios son como la Dulcinea del Toboso mientras + pensamos en ellas

+ lejanas

+ sordas

+ enigmáticas…

Agradezco cumplidamente a la UNAM, mi alma mater y a su rector, el doctor Enrique Graue, a la secretaria de Cultura,Alejandra Frausto, por haberlo creado y sostenido; asimismo al jurado que me lo ha concedido por unanimidad: a María Fernanda Ampuero, a Liliana Weinberg, a Diamela Eltit, a David Huerta, a Pedro Angel Palou.

La década de los cincuenta del siglo pasado significa un cambio fundamental para la literatura mexicana, empezando porque, justo antes de iniciarse esa década, aparecía El laberinto de la soledad de Octavio Paz, ensayo capital, piedra de toque de la literatura y la ensayística posteriores.

Es esencial recordar que en esa  década  también  publicaron sus primeras obras cinco autores fundamentales de nuestra narrativa:Juan José Arreola, Confabulario, en 1952 Juan Rulfo, El llano en llamas en 1953  Pedro Paramo en 1955.“ Rosario Castellanos, Balun Canon en 1957  Carlos Fuentes, La región más transparente en 1958 y Sergio Pitol, Tiempo cercado, en 1959.

Margo Glantz
La reconquista mediante la imaginación y la escritura. Foto: Cortesía

En  cierto sentido, pero muy alterado, Fuentes recoge la tradición épica de la narrativa mexicana, una tradición que proviene de algunas de las novelas fundamentales del siglo XIX, por ejemplo Las bandidos de Rio Frío de Payno o Astucia de Luis G. Inclan, tradición que se sostiene  en la novela surgida después de la Revolución mexicana cuyos temas son obviamente épicos, tradición que trabajara de manera mas tradicional y balzaciana Fuentes en La muerte de Artemio Cruz de 1962, pero la publicación de La región más transparente inicia una forma de narrar y mirar a México de forma totalmente novedosa, el México posrevolucionario, tanto por su lenguaje como por su temática, empezando porque es la propia ciudad el personaje principal de la novela, y sus diferentes clases sociales, comenzando por la emergente clase media y así como las distintas formas de lenguaje que practican los mexicanos y que Fuentes mimetiza con maestría. No sería exagerado afirmar que la Literatura de la Onda no hubiese existido si previamente no se hubiese publicado La región más transparente. Fuentes reconocía sus influencias, la de John Dos Passos del Manhattan Transfer, la del Huxley de Contrapunto, la de Faulkner y, sin lugar a dudas, la de Balzac y su Comedia humana, escritor que se estudiaba apasionadamente en las clases de don Manuel Pedroso, su maestro de Teoría del Estado; clases que también dejaron una huella profunda en la primera parte de la obra de Sergio Pitol, pero quizá de manera mas evidente y notable en Fuentes que en gran medida aspiró a crear una nueva Comedia humana.

Varios ejes temáticos articulan la obra del novelista en su conjunto y Ie otorgan ese signo que desde el principio de su carrera fue su idea fija, la de crear un mundo novelesco que reprodujera, según cánones modernos —reescritos o inventados por él—, el universo novelístico de un Balzac o quizá el de un Thomas Mann, un universo que encuentra sustento en sí mismo y esboza una poética y una praxis novelística  que  a su vez se transforma  en una épica que reescribe la historia, sin dejar de lado los referentes que en esa historia ocupa México. Como los grandes escritores del siglo XIX, a quienes alguna vez Fuentes tildó de primitivos, su preocupación esencial es explicar y entender lo que ha sido y quizá podría ser México colocado estratégicamente en el cruce de varios mundos, México-Tenochtitlan, México-Numancia, México-Descubrimiento y Conquista, México-frontera incómoda de su más que incómodo vecino, México situado en el inicio del proceso de la globalización. Y claro, el México mítico.

Revisando los numerosos libros que  de  Fuentes  tengo,  en  uno de ellos, la nueva novela hispanoamericana, de 1969 va escrita en la primera pagina una dedicatoria que Carlos escribió para mi. La transcribo, dice así:

Querida Margo.

Que esta dedicatoria es una epístola de gratitud. Tu ensayo sobre Cambio de piel es el mejor que se ha escrito, en la calle  Génova, la de Via del Babuino o Park Avenue!

Gracias, Gracias por tu inteligencia, Tu amigo, Carlos.

Y quizá entonces y por ello sea interesante  transcribir  también aquí un fragmento de ese largo texto que ocasionó el elogio  de  mi amigo.

Cambio de piel es una novela de muy pocos personajes, pero sus personajes representan una ceremonia desacralizada en el recinto sagrado   de  un  templo   que  se  contiene  a  si  mismo  en  un  juego de pirámides superpuestas. Los personajes son cuatro:Javier y Elizabeth, Franz e Isabel. Frente a  ellos la historia  de la  Conquista, la historia de unos hornos crematorios, la historia falsa y a la vez verdadera de años transcurridos en diversas ciudades.También hay un Narrador que interviene en la novela dialogando sin interrupción con Elizabeth. Asimismo, hay seis personajes y un Lincoln amarillo; estos personajes llegan a Cholula, casi al  mismo tiempo que las dos parejas mencionadas. La serpiente como símbolo envolvente es soberana.

Dos parejas llegan a Cholula y se instalan en un hotel de mala muerte y visitan las pirámides. Esa estancia y esa visita son un retorno al interior de sus vidas y al interior de sus sentimientos. El destino de una pareja se juega  en  ese retorno  imprevisto, como un destino fatal, pero a la vez cotidiano. Cholula se extiende con sus misceláneas miserables, sus calles polvosas; su dudosa propaganda electoral pintada en las paredes, sus anuncios de Pepsi-Cola, sus perros babeantes y famélicos, la música de vitrola modernizada en aparatos de echar veintes, sus mujeres intemporales de vientre hinchado y rostros disueltos, sus iglesias y su pasado prehispánico. En torno, la serpiente insiste en desplegar su viejo símbolo gastado, su constante cambio de piel.

Están indicados los escenarios, los personajes han recibido su lacónico sentido, la fiesta puede comenzar.

Situada al final de un tiempo en el que el realismo intentaba definir al hombre la nueva novela latinoamericana se confunde con el mito. Lo cotidiano, lo real, lo  que se  desarrolla  en un transcurso lineal de anécdota y en una  definición  exhaustiva del modo de ser de los personajes que pueden ser reconstruidos desde muchos angulos, ya desde el vértice en que se coloca el narrador-personaje, ya desde el  del espectador-lector. El  hombre y la  mujer —Elizabeth  y Javier— son seres humanos  inscritos en un amor cotidiano, normal y pendenciero, son igualmente seres humanos mitificados en una creación imaginada y seres simbólicos que ejercitan una realidad. Pareja de seres vivos, reales, mensurables, pero a la vez mitos deslavados de una época en busca de héroes, héroes resueltos en el celuloide, en la mirada  enigmática de la Garbo, en las actuaciones desgarradas de Joan Crawford, en las figuras ambivalentes de John Garfield  y  Humphrey  Bogart, en la musicalidad sensacional de Los Beatles, en el Gabinete expresionista del doctor Caligari, imagen de la imaginación y la locura. Quedan sueltos por alli los cabos de un James Bond o un James Dean, cabos que se anudan imperfectamente  en  los  personajes del Lincoln, beatniks  o  hippies  o  representaciones  de  beatniks y hippies. O quizas héroes envueltos en la leyenda  de  un  corrido cantado con acompañamiento de guitarra, después de que el Narrador pide permiso primero para empezar a cantar.

La historia se contiene en los limites sslidos del “pido permiso primero” y el “vuela, vuela, palomita”. Lo que haya en medio lo proporciona la leyenda, los breves incidentes de la vida de un hombre o una mujer que murieron ya sea en la revolucifin (en cualquiera de las revoluciones, la de Juarez, la  de Hidalgo  o la de Zapata) o por una mala mujer (y lo contrario). Los tiros, las balas (es lo mismo) le tocan por suerte. Aqui el corrido y el héroe son Benjamin Argumedo.

En este contexto de héroes devaluados y seres imaginarios pero vivos, se intenta la ceremonia en Xochicalco primero, corte en el camino —las dos parejas recorren el pais cortándolo  según el recorrido tradicional, el que hizo Cortés, el que hacían los viajeros que llegaban de Europa, el camino de México a Veracruz—, Xochicalco es una desviación, pero es principio de ritos, y ofrece de nuevo el símbolo reiterado, la serpiente  que  rodea la base de  la pirámide, cordón  externo  y a la vez cordón   umbilical  de Cholula, el Gran Cu, el centro del mundo. Franz inicia el juego: a la manera de los sacerdotes cretenses y de los matadores modernos, juega con un toro, parodiando una Tauromaquia envejecida; luego, la misma lucha se repite, pero son los dos hombres los que la ejecutan, ya en Cholula. La novillera, Isabel, contempla el juego. Estamos en una red de mitos, en una transfiguración bastarda de religiones. Es el viejo,“dualismo greco-cristiano-judio-protestante-marxista-industrial”, dualismo representado en  la  civilización de Pepsicóatl, a bordo de un Volkswagen, a ritmo de corrido y con fotografías fijas de estrellas de los treinta.

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De Bernal dijo Fuentes en un texto publicado en Babelia en agosto de 2011: “El mito ya es épica”.Y concorde con esta idea me interesa destacar una coincidencia entre Carlos y yo, nuestra mutua pasión por Bernal Diaz del Castillo. En su libro Los círculos del tiempo dedica el primer texto llamado “Las dos orillas” a Jerónimo de Aguilar, el otro lengua, el que sabía maya y español y le sirvió a Cortés de intérprete en su transcurso de Yucatán a Veracruz, donde descubrió que necesitaba quien entendiera y hablara  tanto el náhuatl como el maya, para poder afianzar su conquista. Ahí se encontró con Malintzin, la joven india, descrita por Bernal como de   buen   parecer,   entremetida,   bulliciosa    y   desenvuelta,   Marina, la que sabía ambos idiomas y le podría servir como enlace con Aguilar para que éste le tradujera a Cortés lo que ella le traducía del maya.

En su ultimo discurso pronunciado en la Feria de Buenos Aires en 2012 Fuentes afirma:

El novelista crea otra historia.

La verdadera historia es lo que sucedió pero también lo que no sucedió o lo que pudo —o puede— ser.

Y eso es lo que hace en este relato el novelista, narra lo que pudo haber sucedido y lo encarna en la voz de un ya fallecido Jerónimo de Aguilar como protagonista. Empieza su historia tomando como punto de partida lo que nos ha contado Bernal, pero lo ficcionaliza, le inventa otro destino y lo hace dialogar, encarnizado, cainita, con Malinche, asumiendo para sí el papel del traidor, pero  traidor a Cortés en tanto que en Malinche se reitera la figura de quien ha engendrado el malinchismo. Aguilar y Gonzalo Guerrero reconquistarán el viejo mundo, en su papel de españoles indianizados.

La reconquista mediante la imaginación y la escritura.

Mis padres me dejaban leer todo lo que había en la casa: Shakespeare y Calderfin, mitología griega, novelas pornográficas, folletines, novelas rosa; aventuras de  exploradores  por  el Polo  Norte y por el Polo Sur, descubridores desde Colón, y más atrás aun, desde los argonautas. Un libro muy curioso: Florilegio de poesías varias o de varia poesía, que traducía al español poesías de los poetas jónicos, de Safo, Anaximandro, Anaximenes, de Catulo, de Virgilio, Leopardi, ademas de Rubén Dario. Y yo me aprendía de  memoria los  poemas. A los 14  empecé  a leer  folletines,  a Julio Verne, a Salgari, mucha literatura estadounidense, Faulkner, Dos Passos, Sherwood Anderson, literatura en lengua alemana, Kafka traducido por Borges, Thomas Mann, Broch, Hesse. Muchas cosas las leía sin entenderlas. Me metía en la sala con un radio  a oír la  hora del tango y a leer. Y me compraba bombones rellenos de cereza con aguardiente: la lectura esta totalmente asociada al tango y al sabor aguardentoso, pero  muy dulce, del chocolate. Pero  también a la música clásica. A mi papa le daba por llevarme los domingos a Bellas Artes. Y allí iba ie tout Mexique: un día me presenté a Diego Rivera, de overol, gigantesco, junto a María Félix, con un vestido blanco, escotado, collar de diamantes y unos aretes maravillosos, como si fuera a la opera en tiempos del zar, y él, vestido como un obrero leninista.

El proceso de escritura es a veces muy difícil de seguir conscientemente. Hay una idea que se sabe que puede ser objeto de ficcionalización, pero ¿cómo darle una estructura? Se tienen muchas obsesiones, pero ¿cómo hacer que varias obsesiones de repente converjan y cómo lograr que lo hagan de una manera armónica? Se puede hacer un trabajo de investigación muy largo e ir tomando una serie de elementos y descartando otros, porque es imposible incorporar todo lo que se ha trabajado. Entre lineas quedan elementos que se trabajaron, pero lo que esta textualizado es algo que ha exigido una depuración muy grande; si no, el texto se cargaría demasiado, se llenaría de excrecencias.

Además de tomar en cuenta las Unriacioites Coldberg de Bach y ese tipo de estructura musical, muy común en la historia de la música, en mi novela El rastro parto también  de una idea  que Pascal sintetiza de manera genial : “El corazón tiene razones que  la razón desconoce”: la familiar polarización entre cabeza  y  corazón tan manejada a lo largo de los  tiempos.  Me interesaba  el corazón en  sí  mismo,  como   el órgano   principal   de  nuestro   cuerpo  que puede también enfermarse, dañarnos o matarnos si no funciona correctamente y a la vez utilizarlo en su acepción mas trillada, como un símbolo del sentimiento, es decir, todavía  creemos  que es en el corazón donde se generan los sentimientos. Esa creencia origina una inmensa gama de expresiones y lugares comunes muy populares cuyo punto de partida es el corazón, está en los boleros, en las canciones rancheras, en los tangos que uso una y otra vez en la novela como el de Malena que “en cada verso pone su corazón”, y en la frase “la vida es una herida absurda” del tango “La última curda” que sirve de leitmotiv en la novela y termina sabiamente, “corriéndole un telón al corazón”.

Igualmente, de los sonetos  de  Sor Juana, donde, como  en la mayor parte de los poemas de amor, el Sor Juana juega el papel principal. Ademas, el protagonista de la novela muere de un infarto al miocardio. Por ello, era muy importante establecer una relación con lo biológico, volviendo a la idea del cuerpo, pero ya no del cuerpo enfermo, sino del cuerpo muerto. Lo que hice en la novela fue introducir, narrativizándolo, un texto que escribí sobre Sor Juana, “El jeroglífico del sentimiento”. Creía que podía caber en una novela sobre el Sor Juana, lo reelaboré y logré instalar esa reflexión sobre un soneto especifico de Sor Juana, “El Sor Juana deshecho entre tus manos”, en el Sor Juana de mi  libro, el  verso con el que termina el soneto de Sor Juana, que era otro leitmotiv también; “el Sor Juana deshecho entre tus manos” y la manera más literal de deshacer el corazón entre las manos seria una operación a corazón abierto, cuando se fractura el esternón, se saca el corazón, se pone encima de las costillas y se opera. Es un tema novelesco maravilloso.

Creo que cada uno de mis libros tiene una estructura diferente, y con todo, en ellos rige ese juego de fragmentación  y  dispersión que finaliza por hacerse coherente al ordenarse. A menudo repito lo siguiente: No creo en la fórmula  matemática  de que el orden no altera el producto, creo que en literatura el orden de los factores altera definitivamente el producto, la manera de insertar un fragmento textual en situaciones narrativas distintas altera totalmente el sentido que tiene ese fragmento por sí mismo, como algo específico; funciona también perfectamente así aislado como por ejemplo en mi libro  Saña, donde cada texto  tiene su propia  densidad  y opera como pueden funcionar los aforismos o los  haikus, pero  el conjunto produce un impacto diferente; en Saña me interesaba destacar aspectos de ese sentimiento o de esa acción, la saña, esa violencia, esa rabia, pero también el encarnizamiento necesario para lograr algo que merezca la pena y a la vez analizar las muy diversas formas del odio, la destrucción, la invalidez, la intemperie, la abyección. Hice algo parecido, pero con otra estructura y partiendo de una anáfora, en Yo también me acuerdo (2014), y me inserté en la tradición que inauguró Joe Brainard en remember y que continuó un autor que admiro sobremanera, Georges Perec, en Je me souviens.

Más tarde y delineando otra estructura narrativa, aún más fragmentaria, publiqué en 2018 Y por mirarlo todo, nada veía, título que reproduce un verso de Primero sueño de Sor Juana, donde literaturalizo mis experiencias con las redes sociales y compongo una autobiografía pulverizada donde convergen tanto mi vida personal como lo que a lo largo de los años ha producido en mi la constante y definitiva frecuentación con la literatura.

Fui la tercera mujer en recibir este  premio, también fui la tercera en recibir el Rulfo, sí, es cierto, pero  me  sorprende  sobremanera que sea necesario subrayar que es una mujer la que lo recibe, cuando no lo es cuando se da la noticia de que ha sido un hombre quien lo ha recibido. Por ello, pienso indispensable dar por terminado este discurso reproduciendo las palabras de mi querida amiga y magnífica escritora Diamela Eltit, ganadora del premio en 2020:

Margo Glantz
Margo Glantz

Pero aquí, ahora mismo, quiero detenerme  en  el  campo  literario. Efectivamente la literatura puede y debe ser entendida  como un espacio de libertad. [.. .] Sin embargo, más allá de la creación misma, en el afuera de la letra, en los lugares donde se cursa el libro, persiste el binarismo, la vocación clasificatoria: literatura de mujeres y en otro  espacio, literatura. [.. .] Y allí, en  esa fórmula, se establece una biologización de la letra. O el cuerpo autoral genitaliza la letra como marca indeleble.Y esta desigualdad es la que habría que pensar [.. .] Hoy —termina diciendo— me parece indispensable democratizar el espacio literario, repito, desbiologizar la escritura.

Lo subrayo, lo suscribo, si no lo hacemos, caemos en el tradicional esencialismo donde siempre se ha encasillado a la mujer.

 

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