Mayra Inzunza

En memoria de Mayra Inzunza (1975 – 2019)

Xalapa, Veracruz, 13 de junio (MaremotoM).- Pero Mayra Inzunza se había ido varios años atrás, cuando no publicó el libro que esperé leer después de Índigo (Práxis, 2007). La última vez que la vi fue en la librería El Péndulo, de Álvaro Obregón, 2011 me parece. “Maga”, me llamó, pero al darme la vuelta no veía quién me habló, dos mesas de libros enfrente de mí, estaba una mujer con el cabello recogido, vestida con un saco con hombreras demasiado amplias para el cuerpo pequeño. No reconocí su rostro, estaba hinchado y camuflaba la nariz y labios finitos de Mayra, sin embargo era su voz cariñosa y los ojos de siempre. Nos dimos un abrazo de años sin vernos, no hubo oportunidad para platicar y cuánto lo lamento. Ahora que veo fotos suyas en sus treintas, así la recuerdo y así quedó ya en mi mente.

A Mayra la conocí en Ciudad Juárez, gracias al Encuentro de Escritores Tierra Adentro, encuentro creado por iniciativa de la ex Mano Fría (César Silva, Jorge Humberto Chávez y Édgar Rincón) en complicidad con el querido Mtro. Enrique Romo cuando estaba al frente del Programa Tierra Adentro y Epigmenio León.

César me había advertido que Mayra era “bien mamona pero bien buena onda”, y sí, el día que coincidimos, ella fue directo a saludar a César y a mí me transparentó. El hielo se rompió en la primera parada a una de las cantinas de la frontera, con la primera chela compartida. Mayra siempre me cayó bien, era divertida, sarcástica, coqueta, entrona y muy buena copa, así que nos hicimos compañeras de bohemia de inmediato y así nos topamos en varias esquinas de mesas o barras en Monterrey, en CDMX, en Xalapa, en Juárez de nuevo; y nos escribíamos mails y después por chat. Me contó de Canadá y luego de Inglaterra y Buenos Aires y siempre sobre lo que deseaba escribir y también de sus amores contingentes unos y clandestinos otros. Mayra leyó cuentos míos en ciernes, me acuerdo que de uno de ellos opinó sobre el final, le parecía moralista y sí lo era. Gracias a esa lectura pude reflexionar no sólo sobre aquel relato sino en general sobre la escritura. Cómo luchar contra nuestros propios prejuicios.

Mayra, ya lo escribí en otro lado, fue espíritu de nuestra generación, la llamada por Claudia Guillén como la del Cambio de Milenio. Hace unas semanas intentaba explicarles a mis alumnos cuál era el sentimiento finisecular de los que nos tocó el cambio de milenio a través de películas como Asesinos por naturaleza, Perros de reserva, Trainspotting o Dobermann. La literatura también tamizada por estas violencias “festivas”, un oxímoron que no alcanza más que a delinear las apologías que exaltábamos en torno a las adicciones y las psicopatías (y a los psicópatas). Había algo de abismal y tanático. Algo de vórtice y caos. No logré transmitirles a los chicos por qué nos atrajo estos discursos de destrucción y falta de límites, por qué fue importante (para algunos) zambullirnos hacia el fondo de lo que no reflejara nuestro rostro. Sólo que a mí el vértigo me regresó a la orilla y yo me aferré a la escritura.

Inzunza se distinguió entre el grupo por su buena y sagaz pluma en el ensayo, por su espontaneidad y agudeza al discutir y sus habilidades como editora. En 2005 apareció su antología Novísimos cuentos de la República Mexicana: 32 relatos cortos, cuentos postmodernos y minificciones (Tierra Adentro), 32 relatos correspondientes a cada uno de los estados. A mí me invitó por Veracruz y me tocó compartir el proceso de este libro; las vacas de la portada, le dije un día, me recuerdan a las de los alrededores de Xalapa. Eran esas, las de La Joya, me contestó. El autor de la portada se había inspirado en este paisaje y se supone que cada mancha blanca en las vacas, tienen la forma de algún estado. Pero esto yo no lo vi muy claramente, la verdad. En 2008 la invité a la Autónoma de Ciudad Juárez a dar un curso sobre la edición de estética emergentes, ella expuso sobre el Spoken Word, el fenómeno Blogg y los “Derecho de autor” versus copyright, entre otros temas.

From: mayrainzunza@hotmail.com
To: cucaniavv@hotmail.com
Subject: RE: Celebrando
Date: Thu, 7 Feb 2008 19:51:16 +0000

Queridísima, pues festejemos juntas, ¡ayer me dieron mi libro, la novela, se llama Índigo!
¿Nos los intercambiamos?
Todo mi cariño,
Mayra

Índigo (única novela conocida hasta ahora de Mayra) fue publicada por Praxis a finales de 2007, un año después saldrían las primeras novelas también de Brenda Lozano (Todo nada, Tusquets, 2008), de Daniela Tarazona (El animal sobre la piedra, Almadía, 2008) y de Socorro Venegas (La noche será negra y blanca, ERA-UNAM, 2009).

Como es tradición en una primera novela, las autoras eligieron la voz en primera persona. Sus protagonistas estudian letras y sólo una trabaja como periodista, en Índigo de Inzunza, el narrador es un nonato que habla sobre su madre, una estudiante de Letras de 17 años que pretende vivir de las becas pagadas con los impuestos de otros.

La portada que eligió Praxis para esta novela breve, fue realmente un desatino; sigue intrigándome por qué la editorial Praxis pensó que un jarrón con flores sería la imagen apropiada para Índigo. Me encantaría ver esta novela reeditada ostentando en su fachada, cual mascarón, a la Jolly Roger, y es que en el discurso laberíntico y apretado de Inzunza la bandera pirata es un leit motiv.

El narrador es el nonato Índigo que decide suicidarse con el cordón umbilical y ser una suerte de terrorista poético. La primera persona da voz también a Nina (la estudiante de Letras de 17 años y embarazada) y, brevemente, a Billy, el padre del nonato. Índigo es un destilado de lenguaje trabajado obsesivamente, de ritmo acelerado y formas churriguerescas.

Mayra jugó con la forma desempolvando palabras y buscando texturas en su semántica: “Analítica por ociosa entre tanto adulto, Nina de deleitaba, con esa hedónica crueldad solo observada en los perversos polimorfos a escasos años, disfrutaba desarmando a los mayores profiriendo términos detectados tanto en enciclopedias cuanto en las pláticas sostenidas entre tía Micaela y sus múltiples compañeros –los cuales gran influencia habrían de procurar en la conformación si no de su acervo lingüístico sí en un temprano interés, digamos terminológico, hacia los peores refraneros de la cultura popular-. […]De ahí su terrorismo poético, esa inclinación de hacer pedazos el discurso, hacer estallar la lengua” (46).

Te puede interesar:  “La literatura, arma para abatir el miedo”, John Boyne

Índigo planteó la angustia de la escritora y de la escritura (mentiras, ineptitud, silencios y abstinencias) alegorizándolo con un embarazo fallido. De esta forma el conflicto del personaje de Nina se espejea en una Nina ciclotímica (oso bipolar, dice ella) con dos rostros: la chica anoréxica y gafosa tan miope como su generación, que adopta la “pose botana” para acentuar su intelectualidad, que desde niña “destaza” clásicos literarios iniciándose con Ásterix, Mafalda y La familia Burrón, analítica por ociosa y escritora por mito urbano. Y la Nina hipersexual y bulímica, para quien la vida es un thriller si no aparece el dealer, bella de noche y cruda de día.

La escritura (writers’re liars) reconcilia las dos Ninas pero ese genoma inédito que sería Índigo, como el lector nonato ideal, como el hijo new age, queda suspendido en el limbo de la abstinencia, en “ese beatífico paraíso que es la irresponsabilidad” (7). Los trastornos y adicciones de Nina la llevan a recluirse no sólo en sí misma (afirma ser una casa habitada, una casa que canta), sino dentro de un hospital, ¿siquiátrico, de desintoxicación?, no lo sabemos, el hecho es que para Nina el texto es la única forma de aprehender las mentiras para que existan y sean verdades. El texto y sus proyecciones es lo que le concede a la chica gafosa y algo esquizoide, la certeza de estar y la posibilidad de renacer: el ciclo.> Date: Fri, 28 Dec 2007 14:45:38 -0600
> From: mayraeleonora@yahoo.com.mx
> Subject: Re: besos y abrazos navideños
> To: cucaniavv@hotmail.com
>
> Maga, sé que ya no me quieres nada… al menos nunca
> contestaste mis mensajes de celular, celular que ya no
> tengo más, desde el extranjero, En ellos te decía que
> finalmente me vine a Buenos Aires, regreso en enero,
> Por favor, no dejes de escribirme, di que no recibiste
> mis mails… anda, me tienes peor que novia de pueblo.
> Te quiere desde este absolutamente maravilloso puerto,
>
> Mayra
>
> — CUCANIA VV <cucaniavv@hotmail.com> escribió:
>
> > Las golondrinas le dijeron: “Nos vemos en Egipto”
> >
> > No me voy tan lejos, es sólo Xalapa y pocos están
> > ahí. Te abrazo fuerte a sabiendas de que recibirás
> > muchos más aunque este saludo esté cargado de
> > nostalgia. Neto, neto no recibí tus mensajes, ¡güerita porteña!, jajaja qué increíble que estés allá.
> >
> > Te deseo un fin de año luminoso, sobre todo, te
> > deseo que estés con la gente amadísima muy cerquita,
> > muy abrazada.
> >
> > Besos y salud!!!!! (de la buena y de la que se bebe,
> > claro)
> >
> > Magal

Ayer que recibí la noticia, además de la nostalgia y la tristeza, entendí también que los espíritus libres, como ella, así emigran, igual que golondrinas. Es la primera del grupo de los ’70, al menos del grupo que me ha sido muy cercano por coincidir en estéticas y formas de percibir la vida, que se va. No dudes querida Mayra Eleonora, que todos te estamos recordando en tus momentos de luz, los de oscuridad se quedarán ahí, sólo para dar profundidad a la esencia.

Sé que tú también nos saludas desde donde estés ahora:

Mayra Eleonora Inzunza Sánchez <mayrainzunza@hotmail.com>

Lun 28/12/2009 02:12 PM

  • Mayra Eleonora Inzunza Sánchez;
  • laura guerrero;
  • lauro zavala;
  • Daniel Chiachio.Giannone;
  • leon placencia;
  • luis felipe fabre;
  • luis horacio heredia

y 26 más

Queridos todos, reciban mis mejores deseos para el fin de año: ¡que el año que comienza empiece con todos los parabienes posibles!
Abrazucle para rizar el rizo,
Mayra Inzunza

Poema que Cesar Silva Marquez le escribió hace una década a nuestra generación ’70, a Mayra Inzunza como símbolo, amiga escritora, esencia de esta generación que nos tocó conocernos y coincidir en cada rincón de México gracias al FONCA , a Tierra Adentro y sus encuentros de escritores. Hoy Mayra, la delgadísima que hizo los novísimos y que dejó una breve pero intensa novela, Índigo, se fue volando de aquí porque, seguramente, le pesaba demasiado el cuerpo humano. Te recordaremos siempre, Mayra Inzunza.

A Mayra Insunza le escribí este poema hace ya muchos años. Esa noche en el ya inexistente Bull pen nos encontrábamos Luis Robles, Carlos Antonio de la Sierra, Carlos Oliva y Sergio Valero. Luego, la fiesta nos la llevamos a la casa de Luis. Ahí, Mayra y yo vimos llegar el amanecer (César Silva Márquez)

generaciones

a mayra inzunza (1975-2019)

en el bar
hay hombres
vestidos de mujeres
que sonríen

en el bar a las 5 de la mañana
mi amiga la delgadísima
bebe fuma aspira y habla
sobre un futuro
que ya gastamos

y los hombres vestidos de mujeres nos miran
y mis amigos abrazan
a la delgadísima
y ella los besa y se muerde las uñas
y pienso que no sé qué piensa

cuando levantamos la copa
nos bebemos el sol
y tallamos poemas
en el respaldo del esqueleto

cuántos de nosotros quedaremos
en un charco borracho de horas
cuántos hígados y caricias más
aguantarán nuestras vidas
mi delgadísima conoce de sexo
por noches como ésta
mientras el futuro
se va en fríos cocteles
años y aguas alucinantes
clavicordios y piedra
cristal por abrazo
sustitutos de azúcar
palabras atruidas
que se enjuagan
en el paladar
piruetas y pirámides
cascadas blancas
niñas que hablan de hijos
a punto del suicidio
amigos que disparan contra su hermano
plantas cigarros y pláticas
con muertos llenos
de lecturas que alimentan
el pase y la botella
hombres resignados al embarazo
mujeres que fingen serlo y se tropiezan cuando buscan el baño

la ciudad se quedó en un rincón de la barra
se quedó entre las uñas y la nieve
y el sujetador suelto de la delgadísima

la mano fría sostiene los rezos
de una generación acostada
y la felicidad se acurruca
en las alas de la calle
en el presagio del ciempiés
en el gusano que hemos bebido todos
y comido y fumado los que no fuman

manos suspenden
este alcohol perpetuo

Comments are closed.