El curioso incidente del perro a medianoche

En mi infancia no sobraban diagnósticos  si no encajabas: El curioso incidente del perro a medianoche

El autor no necesita en ningún momento nombrar el Espectro Autista y sin embargo creo que la literatura de ficción nunca había reflejado tan fielmente a un niño neurodiverso.

Ciudad de México, 19 de febrero (MaremotoM).- Hacía muchísimo que no me topaba con un personaje literario tan   entrañable como Cristopher Boone, protagonista de la novela El curioso incidente del perro a medianoche (Salamandra), escrita por Mark Haddon. Uno acaba involucrándose emocionalmente con el periplo de este sui generis  adolescente de Swindon, Inglaterra.

Esta es la primera vez que me encuentro con una novela capaz de reflejar el mundo a través de la mirada de un chico ubicado dentro del Espectro Autista. Cristopher es el narrador en primera persona de esta  historia que está estructurada bajo su lógica. Tiene 15 años de edad, es experto haciendo operaciones mentales matemáticas y recitando números primos. También le apasiona la astronomía y los procesos deductivos de Sherlock Holmes, pero le aterran los lugares públicos atestados de gente, el ruido excesivo, el tacto con extraños y los colores amarillo y marrón.

Su vida diaria está circunscrita a una serie de procesos y rituales inalterables, pero su mundo colapsa cuando Wellington, el perro de la vecina, es asesinado y entonces Cristopher decide emular a Sherlock Holmes y empezar su propia labor de detective, lo cual lo llevará a descubrir y destapar una serie de secretos familiares. La trama está llena de sorpresas de las cuales no hablaré en afán de no caer en el odioso spoiler. Solo les diré que en verdad vale la pena leerlo. No deja de ser simbólico concluir este libro el 18 de febrero, Día Internacional del Asperger.

El autor no necesita en ningún momento nombrar el Espectro Autista y sin embargo creo que la literatura de ficción nunca había reflejado tan fielmente a un niño neurodiverso.  Yo no soy muy dado a celebrar los “días internacionales de…”, pero en este caso creo que es muy necesario tomar conciencia, visibilizar e integrar a la neurodiversidad.

Hans Asperger nació en Viena el 18 de febrero de 1906 y en 1944, en plena Guerra Mundial, publicó un artículo donde clasificaba un patrón de comportamiento dentro de la psicopatía autista producto de sus experiencias de trabajo con cuatro niños. ¿Solo lo que se nombra existe? Fue hasta 1994 cuando el Síndrome Asperger apareció por vez primera en el manual DSM-IV dentro de los Trastornos del Espectro Autista.

En mi infancia no sobraban diagnósticos  si no encajabas. Pasabas por ser simplemente un niño raro y medio loco al que le faltaba un tornillo y los maestros se limitaban a frustrarse o de plano a rabiar. Es extraño que un movimiento tan simple como un aleteo de brazos  o una mirada ida puedan generar un estereotipo tan inmediato.

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En la vida diaria podemos ver manifestaciones físicas y emocionales mucho más contundentes y radicales, pero no nos sorprenden porque  forman parte de un contexto normalizado. Un borracho vociferando en una cantina, un aficionado maldiciendo a grito pelado en un estadio de futbol, un predicador orando en fingido éxtasis místico, un político perorando como merolico forman parte de eso que llaman normalidad. Sus manifestaciones pueden ser extremas o disruptivas, pero al final del camino son integrantes  del vasto,  ordinario e hipócrita  mundo de los neurotípicos.

En cambio, un simple aleteo de brazos, una mirada ida y unos murmullos a veces inaudibles bastan para que en un instante alguien te ponga la marca de lo raro y lo anormal.

Lo más difícil si eres Asperger, es aprender socializar. En el mundo de los neurotípicos las relaciones sociales y el cortejo implican a menudo todo un proceso actoral lleno de máscaras,  fingimientos e hipocresías (los políticos y los diplomáticos son el non plus ultra de la neurotipicidad). Un Asperger, en cambio, es pura honestidad y transparencia. El habla neurotípica está llena de dobles sentidos,  frases cortadas,  abreviaturas y muletillas que por estos rumbos  a menudo terminan en “güey” o “caón”, pero en el caso Asperger existe una forma a veces demasiado profesoral de estructurar las oraciones y marcar las pausas. También una obsesión por  las fechas,  lugares, estructuras  y con el acomodo y la colocación que guardan ciertos objetos, aunque de eso casi nadie se entera.

 El curioso incidente del perro a medianoche
Editó en español Salamandra. Foto: Cortesía

En los últimos años se ha avanzado muchísimo en el conocimiento de la condición del Espectro Autista, pero la realidad es que en México la Secretaría de Educación sigue padeciendo una descomunal ignorancia en torno a la forma de tratar al niño que es diferente y lo que es peor, es que no se ve por parte de las autoridades educativas una actitud que refleje interés por superarse y documentarse para saber educar y tratar a un niño neurodiverso.

Mi experiencia dice que  a menudo lo que hace la diferencia es la personalidad, la empatía y el cariño de una maestra que los lineamientos de un sistema educativo o una escuela. Los mejores maestros que he tenido son aquellos que no intentan forzar al alumno a ajustarse a chaleco a un sistema y a un método, sino aquellos que entienden que cada cabeza es un mundo y que cada niño tiene necesidades y habilidades distintas. En fin: visibilicen, acepten, integren. Hay un universo vasto, profundo y  complejo dentro de un  niño que aletea con los brazos como si quisiera levantar el vuelo.

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