Kylian Mbappé

Enfants de la patrie

¿Cómo llega la Selección de Francia al Mundial? ¿Por qué Macron hincha por el PSG? ¿Cuál es la batalla entre España y sus vecinos?

Ciudad de México, 18 de junio (MaremotoM).-   El Badajoz vistió la cultura de los noventa en Argentina. Al ritmo del Oso Arturo y de Larry de Clay, la pantalla de Videomatch popularizó a un club español. Eran épocas en que salir campeón se legitimaba en la pantalla de Telefé riéndose con el mandamás del prime time. A la par, Marcelo Tinelli arrancaba su exploración en el fútbol de la mano del uno a uno y de las sociedades anónimas detrás de la pelota. La experiencia duró desde 1998 hasta 2002.

El conductor le soltó la mano cuando el equipo estaba por descender. Desde el otro lado del océano, lo acompañaba un abogado. Que un proyecto sea un fracaso no significa que todos los que lo conforman fracasen. Siempre alguien triunfa en la derrota. A Javier Tebas lo parieron en Costa Rica y construyó su poder en España. Apenas tenía 36 años cuando acompañó al Cabezón en aquella historia. Debutaba en el asesoramiento legal en el fútbol. Por años, acumuló poder desde las oficinas del Mallorca, del Betis y del Real Valladolid. Hasta que en 2013 se candidateó a presidente de La Liga. Una institución privada que regula el campeonato. Todavía defiende el mismo sillón y se transformó en un actor determinante en la política europea. En la actualidad, en una cruzada que anuda tensiones entre España y Francia, dijo: “Vamos a iniciar acciones legales. Llevamos años luchando contra los clubes Estado”.

El punto de inflexión aconteció con el anuncio de la renovación de Kylian Mbappé. Durante la segunda parte de la temporada de la Ligue 1, el mejor jugador del mundo coqueteó con el Real Madrid. Florentino Pérez, presidente del club merengue, fortuna incalculable, sombra de la derecha europea, afilaba los colmillos para incorporar a la tierra galáctica al crack. No pudo. El delantero confesó que, antes de anunciarlo, telefoneó al empresario madridista por cortesía. Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG y CEO de Qatar Sport Investment -brazo empresarial del Estado qatarí-, lo anunció como una declaración de guerra hacia Tebas: “Tenemos menos dinero que otros equipos españoles, pero un mejor proyecto deportivo”.

Kylian Mbappé
Kylian Mbappé, el triunfo de Francia. Foto: Cortesía Facebook

La terminología clubes-Estado no es una metáfora. Hay tres clubes que dependen directamente de fondos soberanos: Manchester City de Emiratos Árabes, Newcastle de Arabia Saudita y PSG de Qatar. Países que directamente ejercen control sobre equipos. El principal instrumento que halló la FIFA para incrustarles un freno es el del Fair Play Financiero. El asterisco que les cabe es que un club debe poder justificar cómo produce los ingresos que le llegan. La primera vuelta que le encontraron consistió en que otras empresas de esos Estados invirtieran en publicidad en las camisetas: una aerolínea, por ejemplo o un Ministerio de Turismo. No alcanzó. Aumentó la tensión.

Lo que nunca había ocurrido es que una institución poseyera una doble influencia estatal. Hasta que floreció Mbappé. En esa misma conferencia de prensa del anuncio, comentó que Emmanuel Macron, presidente de Francia, se había comunicado con él para sugerirle que se quedara. Las palabras parecían surgidas de la boca de Napoleón: “No le dije que no al Real Madrid. Sentí el llamado de la Patria y de la capital”.

Lo curioso no sólo fue que Macron lo llamara sino que era el tercer mercado de pases consecutivo en que el presidente se expresaba sobre la situación contractual del delantero. En junio de 2021, había sido la primera: “Es importante que se quede por la liga francesa”. En enero de 2022 había acompañado el mismo lema, pero agradeciéndole haber participado de la campaña de vacunación contra el Covid: “Ha elegido el riesgo del compromiso. Contra la violencia, en comunión con las emociones del país. Kylian Mbappé tiene conciencia de su papel, del peso de sus palabras, de la fuerza de sus actos”. El tercer episodio ocurrió en el último mayo, justificando por qué se había comunicado: “Es el papel de un presidente defender a su país”. Tan importante resultó aquella noticia que la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, twitteó: “¡Qué bien!”. En un español que se tomó como una burla al Real Madrid.

La jugada le salió tan redonda a Macron que no frenó la moto. Tras una temporada en que el PSG conquistó solamente la Ligue 1 y quedó en el camino de la Champions League y la Copa de Francia, se puso en tela de juicio la continuidad de Mauricio Pochettino en el banco. Empachado salió a pedir un nuevo entrenador: “Quiero que vuelva Zidane. Por la influencia del campeonato francés y por Francia, que vuelva y entrene a un gran club francés, sería genial. Mi papel es decir que Francia es una gran nación para el deporte y el fútbol”.

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El presidente no nació hincha del PSG. Asegura que sus colores son los del Olympique de Marsella. Cada vez que visita la ciudad del sur, dedica un rato a tomarse un café con Dimitri Payet, referente del único conjunto campeón de la Champions League en el país. La Ligue 1 intenta ser una bandera, aunque el estandarte es la Selección. Macron claro que no se perdió la tarde en el Luzhniki de Moscú en la que vencieron a Croacia y conquistaron su segunda Copa del Mundo. A su lado, se hallaba sentado Vladimir Putin, quien por esos días todavía no era el Voldemort de la política.

Didier Deschamps es el símbolo del fútbol francés. En el Mundial de 1998, cargaba la cinta de capitán. En el de 2018, conducía desde el banco. Pero antes ya había conquistado el amor de Macron. El 26 de mayo de 1993, ofició de capitán en la victoria del Olympique de Marsella contra el Milan de Fabio Capello y obtuvo la Champions League. Desde sus dos puestos de mando, forjaron un vínculo amistoso. Tras cada ronda pasada en Rusia, hablaban por teléfono. El respaldo es tan alto que, tras eliminar a Argentina en octavos, el presidente mandó a su vocero, Bruno Roger-Petit, a hablar con los medios: “El gol de Pavard dice todo sobre el espíritu de este equipo. Para intentar eso debes tener confianza y eso, a los ojos del presidente, es obra de Didier Deschamps”.

Solo Italia -en 1934 y 1938- y Brasil -1958 y 1962- han logrado ser bicampeones del mundo. Francia se prepara para lograr una gesta que no se da desde hace sesenta años. No carga con sus mejores días. Hace cuatro partidos que no acumula victorias. Cayó contra Dinamarca y contra Croacia e igualó frente a Austria y a Croacia. Aunque tan cierto como los resultados es que el entrenador está probando algunos futbolistas. De un Mundial a otro, ha tenido que modificar su mediocampo. Los tres volantes en Rusia eran Paul Pogba -de regreso a Juventus tras malas temporadas en Manchester United-, N’Golo Kante -continúa en Chelsea, pero arrastra una gran molestia en la rodilla- y Blaise Matuidi -hoy, con 35 años y disfrutando el final de su carrera en el Inter de Miami-. La nueva camada exhibe otros apellidos: Matteo Guendouzi, aclamado el mejor fichaje de la Ligue 1, rompiéndola en el subcampeonato obtenido por el Marsella de Jorge Sampaoli; Aurélien Tchouameni, anunciado esta semana como nuevo refuerzo del Real Madrid, tras una gran temporada en Mónaco; Boubacar Kamara, incorporado al Aston Villa; Adrien Rabiot, centrocampista de 27 años de la Juventus al que le costó años convencer a Deschamps.

Un recambio que se suma a la ausencia de los dos centrales que eran titulares. Raphael Varane ahora viste la casaca del Manchester United y es tenido en cuenta por Deschamps, aunque sus rendimientos distan muchísimos de aquellos en el Real Madrid en 2017/2018. Samuel Umtiti había sufrido molestias en la rodilla en la previa de Rusia y decidió postergar la operación para poder ganar la Copa del Mundo. El problema apareció luego, cuando los dolores se agravaron y nunca más pudo recuperar el nivel. Esos roles pasaron a ocuparlos Presnel Kimpembe -del PSG-, Ibrahima Konaté -del Liverpool-, William Saliba -del Marsella- y Jules Koundé -del Sevilla-. La falta de efectividad atrás llevó al entrenador a cambiar el sistema: dejó de lado el 4–3–3 por un 3–5–2, que se apoya en Kingsley Coman -del Bayern Munich- y en Lucas Digne -del Aston Villa- como carrileros.

La novedad es Karim Benzema. “Para muchos jóvenes salidos de la inmigración es un gran modelo a seguir”, declaró Macron, en junio de 2021, cuando se consolidó definitivamente el regreso del delantero a la Selección de Francia. El atacante no había estado en Rusia 2018 por hallarse en una controvertida causa con un ex compañero. Mathieu Valbuena había sido amenazado con que circularan videos suyos teniendo sexo y se difundió que el delantero estaría involucrado en ese chantaje. Se lo perdonaron. Regresó.

Benzema es el gran representante del Real Madrid en Francia. Hace algunas semanas, Tebas declaró que le daría el balón de oro a este tremendo delantero que resulta la principal figura de La Liga. Florentino Pérez planteó en los micrófonos que esta vez nadie debiera sacarle ese premio a su punta predilecto. Los conductores del campeonato español más de una vez se aclamaron los pioneros en el fútbol globalizado. Tanto que presionaron con la Superliga Europea por ser el conjunto con más hinchas del mundo y no necesitar de otros actores a los que consideran pequeños. Tebas, Al-Nasser, Florentino y Macron disponen las fichas del nacionalismo o los clubes Estado según la posición dominante que les toque.

En el premio de Fair Play, por poder ninguno de estos sale nominado.

Fuente: Cenital / Original aquí.

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