Cristina Rascón

“Es más difícil escribir sobre el lugar propio, que sobre el lugar ajeno”: Cristina Rascón

La autora mexicana presenta Mi Patagonia, un libro que plantea un viaje interior y que termina en Culiacán, la tierra donde ella nació. Editado por NitroPress es probablemente uno de los mejores libros del año que pasó y que continua su periplo con estas crónicas que nada tienen que ver con el periodismo.

Ciudad de México, 16 de junio (MaremotoM).- La Patagonia de Cristina Rascón es un viaje de ida. Comienza en el norte de México, pasa por Bahía de San Salvador y llega a Uruguay y a Argentina con una voluntad de encontrarse a sí misma, en ese viaje –que como dice Fernando Pessoa- “lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”.

Mi Patagonia, editado por NitroPress, tiene un registro de crónicas, pero no vayamos a creer que hay periodismo en este libro. Hay literatura. Y de la buena.

Hace mucho que oímos hablar de Cristina Rascón, incluso en uno de estos líos entre el gobierno “cultural” que no es atendido por Andrés Manuel López Obrador y se tuvo que ir del INBA, pero no es esa “mancha en su pasado” lo que la caracteriza. Es narradora mexicana contemporánea y eso puede decir mucho.

Nació en Culiacán en 1976, es traductora de poesía japonesa, ha editado los libros de cuentos El agua está helada (ISC, 2006), Cuentráficos (ISC, 2006), Hanami (Tierra Adentro, 2009) y Puede que un sahuaro seas tú (FORCA, 2010), explora temas como la migración, el viaje, la ilusión del Yo, la incomunicación, la metaficción, así como la mujer y sus fronteras personales, mientras retoma las experiencias de haber crecido en la frontera Sonora/Arizona y haber residido en Austria, Brasil, Canadá, China y Japón, desde cuyas literaturas, geografías y lingüística retoma la creación de su propia ficción y poesía.

Es viajera y como tal enfrenta esas aventuras terminales que plantean los recorridos: un viaje hacia el interior, donde tal vez el ser se devaste en paisajes desconocidos, pero no es cierto, uno aparece más entero después de esos periplos existenciales.

Mi Patagonia
Mi Patagonia. Editó NitroPress. Foto: Cortesía

–Son crónicas para adentro, no son crónicas para afuera…el paisaje te modifica

–Yo empecé con motivaciones externas, miraba el paisaje, pero irremediablemente el viaje fue interior. Estuve trabajando cómo las imágenes pueden representar y resignificar lo que uno está pasando por dentro.

–Pensaba también en esa crónica un poco dura donde hablas de Culiacán, de tu madre, de tus sueños y pensaba que uno puede escribir algo desde allí

–Sí, sobre todo entre más conoces el lugar, más borrosa es tu imagen de ese lugar. Es más difícil escribir sobre el lugar propio, que sobre el lugar ajeno. Como vi que iba el libro progresando, empieza con una narrativa más de ficción y termina con un texto que termina con prosa poética, me di la libertad de llamarle crónica porque estoy recorriendo un lugar, pero es un viaje interior. Tal es así, que lo que cuento tiene recovecos en la memoria y trato de narrar lo que está detrás, debajo, de los antepasados. Me impresionó mucho que en Culiacán esté enterrada toda mi familia, tanto materna como paterna.

Cristina Rascón
Yo nací en Sonora, pero el último texto es Culiacán porque es el retorno a la matriz. Foto: Cortesía Facebook

–Sobre todo tu origen

–Claro. Yo nací en Culiacán y el último texto es Culiacán porque es el retorno a la matriz. Sonora es la infancia, esa extrañeza familiar, ser extranjera en la tierra donde crecí.

–El año pasado conocí Culiacán y me enamoré de esa ciudad

–El narco es un estereotipo. Claro que está la presencia del crimen organizado, pero es una ciudad de ríos, de árboles frutales, de artes, de música, de hacer ejercicios…Los sinaloenses se molestan cuando se los quiere reducir a un solo aspecto de la ciudad.

–Este libro hay que leerlo de página a página, no como una lotería

–Sí me parece una hermosa percepción. Los textos van cambiando su lenguaje porque la protagonista va cambiando su lenguaje. Como escritor de ficción para mí fue un gran descubrimiento, crear un alter ego: una mujer llamada Lucía, cuya vida se parezca a la mía pero que no fuera exactamente la mía y ese alter ego me ayudó a descubrir la pasión por el lenguaje y los lenguajes. Ella misma está usando un lenguaje propio. Empieza con un español articulado, una crónica elaborada y termina con poesía, porque ella está inventando un lenguaje propio. El hilo narrativo es un viaje y el lenguaje se va volviendo cada vez más libre, como el propio personaje.

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–Creo que hay una gran diferencia entre periodista y escritor, aunque el periodista escriba maravillosamente bien…tiene que ver con esta libertad del lenguaje que muchas veces al escritor lo lleva al abismo

–Tienes toda la razón, nunca intenté escribir crónica periodística. De hecho, vacilé mucho con poner el género en la portada, en realidad cada texto mezcla la técnica de crónica con la técnica de cuento. Lo hice de manera muy consciente e intento que cada cuento ingrese a un mundo nuevo, experimentarlo, tratar de nombrar y de conceptuarlo y salir de ese mundo nuevo. Narra una doble historia, una historia visible y otra velada, escondida, que pretendo se revele al final. El periodismo es un lenguaje diferente, es una búsqueda diferente. En Mi Patagonia intentaba escribir ficción.

Cristina Rascón
Nunca intenté escribir crónica periodística. De hecho, vacilé mucho con poner el género en la portada, en realidad cada texto mezcla la técnica de crónica con la técnica de cuento. Foto: Cortesía Facebook

–La libertad del lenguaje corresponde a la poesía y también corresponde a esa motivación que tienen los escritores: el silencio total

–Ojalá, sería un gran halago que encontraras en alguno de mis textos algo de silencio. Es muy difícil de lograr, también para los músicos, para que el silencio dentro de la música tenga valor es necesario componer de una manera magistral.

–Lo que sí me sucede es que el silencio se da en los viajes ¿Lo crees tú?

–El viaje solitario está lleno de silencios, por eso es que el paisaje podría acompañar ese silencio y revela a Lucía que estaba pasando ese silencio.

–Empiezas con Bahía de San Salvador, con Brasil. Juan Villoro decía que todos queremos ser brasileños, aunque en este momento seguramente no…

–Yo me iría a la parte del mestizaje. Brasil me sigue pareciendo atrayente y un camino al que hay que volver para conocer el mestizaje. Esos diversos orígenes que tiene el mexicano. Estuve en 2012 a raíz de una residencia artística, me encantó el ciudadano de a pie de Brasil como tiene integradas todas sus raíces. Esa parte de vivir en paz con la amalgama que somos los latinoamericanos. Ese primer texto es un poco de sanación, dejar de temer a la muerte, a la desaparición de uno mismo y Brasil es sanador.

–Es un país que antes tenía todas las respuestas, hoy parece ser una pregunta absoluta

–Esperaríamos a que volviera a darnos todas las respuestas. Creo que México es el que tiene que buscar sus respuestas y encontrar la salvación en lo individual y en lo colectivo tiene mucho que ver con aceptar todas nuestras raíces.

Cristina Rascón
Creo que México es el que tiene que buscar sus respuestas y encontrar la salvación en lo individual y en lo colectivo tiene mucho que ver con aceptar todas nuestras raíces. Foto: Cortesía Facebook

–Hablas de México, ¿qué te dejó este viaje con respecto a tu propio país?

–Yo quería dejar muy claro en estas crónicas que quien viaja a Sudamérica es una mujer del norte de México. No me detuve en el sur, en las culturas más conocidas de México que son esas. Quería dejar esa sensación de no estar en el centro jamás. No voltear a ver a mi país estereotipado, con tequilas y mariachi, sino que mi país era desierto, cráter, cactus, frontera, narcotráfico, era un México que también tiene su magia, su cosmogonía. Cuando estaba en Brasil, con Argentina, busco comunicarme con los que ya no están a partir de conocer el norte de México. Eran culturas nómades, que tenían sus creencias, en las brujas gigantes, en el gran Dios, veo a mi lengua, al norte de México desértico y noto la cosas que nos juntan más que las que nos separan. Mi Patagonia es como mi Norte de México. El lenguaje es el español no correcto que se habla allí y se habla en mi país. Cada región hace su propio español. Regresé a México más tranquila con respecto al antagonismo muerte-vida y más tranquila ante la dicotomía hombre-mujer. Sentí que en Argentina y Uruguay el machismo no era tan marcado. Por dentro algo se vuelve a pegar.

El Norte de Argentina se parece muchísimo al Norte de México.

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