Aline Petterson

Escribí Selva oscura, no con un afán de protagonismo, sino para mostrar la condición humana: Aline Petterson

Habla de su viaje a Suecia, de la que es originaria, una lengua que siempre estuvo presente, por parte de su padre, los festejos de Santa Lucía, que los suecos festejan y que la tenía a ella soñando con hacer de la virgen. Claro que cuando se lo ofertaron, tuvo que rechazarlo porque tenía que cantar a capella y “yo soy profundamente desentonada”.

Ciudad de México, 5 de diciembre (MaremotoM).- La escritora Aline Petterson acaba de publicar parte de sus memorias en un libro titulado Selva oscura (FCE). Con ello da una pantallada sobre su vida literaria y al mismo tiempo describe las relaciones que existían entre los grandes creadores mexicanos.

Por un lado, es cierto que había un gran patriarcado, pero por otro, había una gran camaradería entre escritores de ambos sexos. Algunos de sus apartados están dedicados a personajes con los que la autora tuvo contacto y que, de alguna manera, enriquecieron su producción literaria: Juan José Arreola, Octavio Paz, Salvador Elizondo, Juan Rulfo, Ramón Xirau, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Julio Cortázar, Margaret Atwood y Doris Lessing, por mencionar algunos.

Aline Pettersson nació en 1938 en la ciudad de México. Es novelista, cuentista, poeta. Sus exploraciones giran en torno a las preguntas esenciales: amor y desamor, tiempo y destiempo, incomunicación y muerte. Va tras las cimas y simas interiores que se expanden con la pluma. Otra de sus facetas son los libros infantiles. El papalote y el nopal fue premiado en Venezuela y Japón. Su escritura es un intento apasionado por entenderse y entender a los demás. En 1998 recibió por el conjunto de su obra el Premio Latinoamericano y del Caribe Gabriela Mistral en Santafé de Bogotá, Colombia.

Aline Pettersson, ha destacado por ser una de las plumas más reconocidas en el ámbito de la literatura infantil mexicana y, al mismo tiempo, por ser una escritora cuyo sutil estilo le ha permitido explorar en torno a temas esenciales como el amor, el tiempo, la muerte y “el fuerte rumor que nos habita, esos abismos y barrancos que tenemos dentro”.

Por lo cual, el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Nacional Autónoma de México han organizado el homenaje: Aline Pettersson 80 años, el 7 de junio de 2018.

Narradora y poeta, la escritora ha publicado entre otros libros, de Casi en silencio, Proyectos de muerte, Querida familia, La noche de las hormigas, Tiempo robado y Las muertes de Natalia Bauer.

Selva oscura es un libro vigente, a pesar de que tiene muchos recuerdos. “A través de mi tiempo de vida intenté reflexionar sobre distintas cosas, no es que quiera ser el personaje central”, dice Aline Petterson.

Aline Petterson
Selva oscura, editado por el FCE. Foto: Cortesía

“Vivo en un departamento al sur de la ciudad, en Barranca del Muerto. Ya tengo como 35 años de vivir aquí. Me ha tocado ver cómo se va poblando, ahora no te digo que parece Manhattan, pero ha cambiado bastante la fisonomía. Claro que cuando aparecen los pájaros y las jacarandas, siento que entro al cielo”, agrega.

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Petterson al narrar su vida, narra por supuesto los grandes cambios que ha tenido, las diferentes edades que ha protagonizado. “No es lo mismo tener 12 años que tener 82, que son los que tengo ahora. Tengo tres hijos, amores, desamores, éxitos, cosas tristes y en ese sentido quería compartir asuntos que me tocaron, no con un afán de protagonismo, sino para mostrar la condición humana encarnada en mí”, dice esta escritora tal vez un poco silenciada en este momento, aunque muy valiosa para la literatura mexicana.

Todo tiene que ver con el gran esfuerzo que tienen que hacer los escritores para promoverse y eso en ella no es demasiado buena. “He tenido suerte de encontrar resquicios para publicar mis libros. Cuando salió Círculos, mi primer libro, lo fui a ver a Joaquín Mortiz. Nunca se me va a olvidar que en ese momento me dijo Joaquín Díaz Cañedo, el editor, que ya tenía ocho manuscritos de mujeres, cuando tenía 1000 de hombres. Parecía para él que las mujeres se habían desbocado”, dice Aline.

Habla de su viaje a Suecia, del que es originario su padre, una lengua que siempre estuvo presente, por parte de su padre, los festejos de Santa Lucía, que los suecos festejan y que la tenía a ella soñando con hacer de la virgen. Claro que cuando se lo ofertaron, tuvo que rechazarlo porque tenía que cantar a capella y “yo soy profundamente desentonada”.

“Me confrontaba con el resto de la población de la Ciudad de México, que a mí me parecía como Madame Pompadour y el país que era México, que le parecía un cuerno de la abundancia, algo que no entendía”, afirma. El otro en su literatura era lo sueco, porque ella siempre se consideró y se cree mexicana.

Aline Petterson
México me ha dado la vida que tengo, me ha dado la ciudad, el clima benéfico, la variedad, su hermosura, las clases sociales tan distintas. Foto: Cortesía

“México me ha dado la vida que tengo, me ha dado la ciudad, el clima benéfico, la variedad, su hermosura, las clases sociales tan distintas. Qué me da México ahora, una gran preocupación por el COVID-19, esta manera despreocupada de la gente de no hacer caso, sin cubrebocas, protegerse y proteger a los demás”, afirma.

Elena Poniatowska tiene una amistad entrañable con Aline Petterson. “En una ocasión empezamos a hablar de nuestras madres y ambas coincidieron en muchas cosas. Entre ellas, que a Elena no la dejaran estudiar medicina”, dice la escritora.

“Creo que en esos momentos había una gran camaradería entre los autores. Estábamos todos juntos, las mujeres y los hombres. Con Margo Glantz hemos tenido búsquedas diferentes y también soy amiga”, expresa.

Recuerda a José Emilio Pacheco: “tuve mucho cariño por él y la emoción cuando fui al Colmex, cuando me menciona, todavía me dura. Hay una gran similitud en gustos, era una persona muy gentil, un gran conversador, yo tenía un gran rapport con él”, cuenta.

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