Héctor Bonilla

Ese rostro que se negaba a envejecer, muere Héctor Bonilla

“A los de cualquier obra independiente en cualquier ámbito. La hicimos con un staff de dos personas; a veces Ofelia Medina sostenía el espejo, a veces yo”, contó Héctor Bonilla a Fabián de la Cruz.

Ciudad de México, 26 de noviembre (MaremotoM).- “Yo fui el último charolastra mexicano”, había dicho Héctor Bonilla, el inmenso actor, en el libro escrito por Fabián de la Cruz. Fue un intérprete muy querido y al mismo tiempo un artista muy osado y versátil.

Ayer murió, a los 83 años, víctima del cáncer que lo acosaba desde hace años. Decía: estoy viviendo tiempos extras y muy poco antes de caer irremediablemente enfermo se anotaba en miles de proyectos, como aquella vez que le hicimos una entrevista porque iba a estrenar una obra de teatro.

El próximo lunes 28 de noviembre se realizará un homenaje póstumo en el Palacio de Bellas Artes y todos recordaremos su dicción perfecta y ese rostro que se negaba a envejecer.

Actor, productor, director y músico son las facetas en las que incursionó Héctor Bonilla, quien deja un imprescindible legado en las artes escénicas del país.

Fue el 14 de agosto del 2019, cuando la Secretaría de Cultura federal y el Inbal ofrecieron al primer actor aquel emotivo homenaje por sus 50 años de trabajo actoral en teatro, cine y televisión y recibiendo, además, el reconocimiento Trayectorias notables de las artes en México.

En ese homenaje, participaron Susana Alexander, Patricio Castillo, Julieta Egurrola, Damián Alcázar y Mario Iván Martínez, acompañados por Fernando y Sergio Bonilla, recordando la prolífica carrera de quien protagonizó 140 puestas en escena en los más reconocidos teatros de México.

Originario de Tetela de Ocampo, Puebla, Héctor Hermilo Bonilla Rebentun estudió en la ENAT donde tuvo profesores de la trayectoria de Alejandro Jodorowsky.

Su debut profesional fue en el teatro. En su reseña de la puesta en escena de Puños de oro, de Clifford Odets –una de las primeras en las que participó Héctor Bonilla–, publicada el 29 de julio de 1962, en el suplemento Diorama de la Cultura de Excélsior, Marcela del Río aseveró: “Héctor Bonilla es un joven actor de enormes posibilidades, con presencia escénica que logra convencer y emocionar”.

Como actor, intervino en más de 140 montajes, de los que destacan Zaratustra, de Jodorowsky; ¿Mi vida es mi vida?, de Brian Clark; Los argonautas, de Sergio Magaña; El extranjero, de Larry Shue y Almacenados, de David Desola, así como las comedias musicales El diluvio que viene, de Pietro Garinei y Sandro Giovannini y Sugar, de Peter Stone, Jule Styne y Bob Merrill, entre muchas otras.

“Para escribir una carta, piensas. No tiene nada que ver con la guerra de pulgares rápidos”: Héctor Bonilla

Con Cartas marcadas, por la necesidad de regresar a los escenarios se adaptó a las nuevas formas de teatro en línea que impuso la contingencia por la COVID-19.

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Su primer montaje como director fue El tejedor de milagros, de Hugo Argüelles. La misma Marcela del Río, también escribió en febrero de 1966: “Pasando a lo que es la puesta en escena, debe señalarse que la iniciación de Héctor Bonilla en la tarea directiva es, más que una promesa, una realidad. Su forma de manejar las situaciones, de plasmar los caracteres, de componer su plástica, manifiestan en Bonilla dotes indiscutibles para esta nueva actividad, dentro de la cual revela imaginación y seguridad”.

Héctor Bonilla
Lamentaba no haber podido hacer una carrera más importante en el cine. Fotografía: Esaú Ponce Cortesía

En cine y televisión actuó en casi 100 producciones. En 1962 debutó en la pantalla grande en Jóvenes y bellas, de Fernando Cortés, y en 1967 en televisión, en la serie La casa de las fieras. Entre su trabajo cinematográfico se encuentran María de mi corazón, El cumpleaños del perro y Matinée, de Jaime Humberto Hermosillo; La leyenda de una máscara, de José Buil; El bulto, de Gabriel Retes y 7:19, de Jorge Michel Grau.

El doblaje y la narración no le fueron ajenos. Narró Pedro y el lobo, de Serguéi Prokófiev y El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns para la colección discográfica Los grandes maestros de la música clásica. En doblaje participó en las cintas animadas Ratatouille, El libro de la selva, Coco y Ana y Bruno.

Obtuvo el premio Ariel al mejor actor por Meridiano 100, de Alfredo Joskowicz y por Rojo amanecer, de Jorge Fons, cinta que también produjo y en la que interpreta a un padre de familia en medio de la matanza de Tlatelolco. EN 2019 fue galardonado con el Ariel de Oro en reconocimiento a su trayectoria en el cine.

“A los de cualquier obra independiente en cualquier ámbito. La hicimos con un staff de dos personas; a veces Ofelia Medina sostenía el espejo, a veces yo”, contó Héctor Bonilla a Fabián de la Cruz.

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