Antonio Ortuño

Esta novela la escribí, porque quiero a mucha gente: Antonio Ortuño

Lo cierto es que es una novela deliciosa y tal como ha dicho el lector y escritor Mariño González: “La Armada Invencible, este novelón de Antonio Ortuño, es un gozo de principio a fin. No sólo da cuenta del metal con erudición y gracia, sino que termina por ser una historia sobre la amistad y la relación de las personas con la música, con el pretexto de un género que, reitero, suele arrastrarte a la locura”.

Ciudad de México, 4 de octubre (MaremotoM).- No puedo discutir de metal con Antonio Ortuño. Sabe mucho y a ese género le ha dedicado su reciente novela, La armada invencible (Seix Barral), en un homenaje a los que dice son de su edad, que según su punto de vista no tienen nada que envidiarles a las generaciones anteriores, que han armado una revolución en beneficio de “sistemas de gobierno fracasados”.

Lo cierto es que es una novela deliciosa y tal como ha dicho el lector y escritor Mariño González: “La Armada Invencible, este novelón de Antonio Ortuño, es un gozo de principio a fin. No sólo da cuenta del metal con erudición y gracia, sino que termina por ser una historia sobre la amistad y la relación de las personas con la música, con el pretexto de un género que, reitero, suele arrastrarte a la locura”.

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“Yo no soy admirador de las generaciones de los 60, en absoluto. Me parece que la militancia es un camino absoluto a la imbecilidad. Tampoco me gusta hablar de generaciones. Suelo pensar en individuos, pero es verdad que hay más individualismos y la militancia se ha convertido en pequeñas tribus, mucho más estéticas. Realmente a mí una gran masa de hippies y de troveros, tratando de imponer sistemas de gobierno fracasados, tampoco me produce ninguna clase de envidia”, afirma.

“Yo escribo sobre gente de mi edad. Aunque son bastante distintos entre ellos, pero los une la memoria de amistad juvenil y el gusto por un cierto tipo de música”, agrega.

Julian y el Barry son protagonistas de esa novela. Lo que para Julian es supervivencia, para el otro es una especie de hobbie. “Son personas totalmente distintas, pero que las circunstancias los llevan a unirse”, expresa.

Antonio Ortuño
Yo no soy admirador de las generaciones de los 60, en absoluto. Foto: Feria Internacional del libro en Guadalajara, México, Lunes 26 de Noviembre del 2018. ( © FIL/Bernardo De Niz)

“El Gordo es un personaje que me resulta bastante simpático, sufrió la tiranía de su padre. Lo que me divierte mucho es que Barry y el Gordo replican las órdenes y los límites de sus progenitores. El Gordo crece, se libera, pero hace escuchar obligatoriamente su música. Cambia un poco el decorado. La verdad es que para mí lo fundamental en este caso que los personajes crearon una especie de fricción que para los lectores crean una familiaridad. Estar sentado a una mesa con metaleros, oyendo lo que dicen, ya no parecieran personajes del exterior, inalcanzables o esos escritores que me parecen aburridísimos, los escritores hipersensibles, sino personas mucho más enraizadas con la realidad”, afirma.

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Antonio Ortuño
Editó Seix Barral. Foto: Cortesía

Ellos viven un mundo de fantasía, porque los cuarentones “si no lograron ser estrellas de rock, no lo serán nunca. Es una fantasía como una suspensión voluntaria de la realidad. Eso está muy en la raíz de la cultura metalera. Las películas son autoparódicas y los metaleros son conscientes de la ampulosidad del metal. No se lo creen. Se pueden dar el lujo de ser vikingos los viernes a la tarde”, agrega.

El metal, para Ortuño, es enorme. “Me fascinaba ver en Alemania a metaleros de pelo blanco o los que se dejan crecer el pelo a partir de la nunca”, expresa.

“Ojo, ellos no son como la fanaticada del club, sino que se critican entre ellos. Gente que en muchas ocasiones tienen discrepancias fuertes. A Julian no le simpatiza el metalero joven que atiende en el hangar, que oye un metal medio rapeadito y melódico, que a él no le gusta”, dice.

“Barry sale de esa languidez de los personajes de la literatura contemporánea. Enamorado de su belleza física a pesar de estar consciente de su fealdad. Es un feo guapo. Es un rockstar en chancletas, municipal, tiene mucha confianza en sí mismo, de la que carece Julian”, afirma.

Antonio Ortuño no da confianza al soundtrack de la novela. Es la novela de Julian. “Comparto algunas de las ideas de él sobre la música. No comparto la repulsa a las canciones de amor, a mí hay algunas que me encantan. Los metaleros son muy talibanes y al mismo tiempo son marginales”, dice.

El tema con la novela es que Ortuño la escribió durante el coronavirus, con muchas pérdidas personales: “sí terminé construyendo espacios habitables. Creo que parte de eso le vino bien a la novela porque refuerza esa clase de melancolía” con que contar la historia.

“La gente que convierte todo en gemidos, no es que no me guste, pero sencillamente me aburre. No podría haber escrito 400 páginas tremebundas. Aquí el lenguaje es muy diferente, que me resultaba primordial en el momento de narrar esta historia. Quise que la novela fuera carnavalesca, soez, prosaica, clasemediera, quería quitarme esta clase de rastro libresco, para formular una clave literaria. Redescubrí ese amor adolescente por la prosa de Manuel Puig. No me comparo con él pero es un juego que vale la pena jugar”, afirma.

“Esta novela la escribí, porque quiero a mucha gente”, concluye.

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