Humo, de José Ovejero

Estamos en una epidemia mundial, el virus es naturaleza: José Ovejero

Ahora por la pandemia, este Humo (galaxia Gutenberg), que refleja un cambio en su narrativa, lo da a conocer de forma virtual, aunque el próximo 16 de febrero, el autor y su colega Marta Sanz, hablarán sobre el libro, en una conversación organizada por la Fundación Telefónica.

Ciudad de México, 29 de enero (MaremotoM).- El escritor español José Ovejero presenta su libro 25. No puedo decir que haya estado atenta a todos sus libros, pero lo conozco hace mucho tiempo y en cierto modo es bastante conocido en México, donde viene a menudo.

Claro, ahora por la pandemia, este Humo (galaxia Gutenberg), que refleja un cambio en su narrativa, lo da a conocer de forma virtual, aunque el próximo 16 de febrero, el autor y su colega Marta Sanz, hablarán sobre el libro, en una conversación organizada por la Fundación Telefónica.

Lo hago reír un poco cuando le digo que su presentadora no será nada fácil, sabido como es que es una de las narradoras más provocadoras de España y que no suele quedarse callada, en virtud también de lo que él mismo plantea con Humo.

Dice que los hombres estamos totalmente alejados de la naturaleza, que no sabemos cómo es ese “natural” de lo que hablamos a cada rato y que cuando volvemos a lo que consideramos distinto a esta gran masa de ciudades donde vivimos, lo hacemos porque es mucho más barato que vivir en las grandes capitales y en realidad retornamos a “lo rural”.

Dice la presentación que darán Sanz y Ovejero: “El proceso civilizador ha consistido en buena medida en la liberación de la tiranía de la naturaleza; pero también ha supuesto la destrucción de esta. ¿Es volver a la naturaleza una solución? ¿O significa asumir la derrota de la idea de progreso permanente? ¿No es más brutal la ley natural que la humana?

José Ovejero
Una novela que marca otros destinos narrativos. Foto: Cortesía Facebook

En este conflicto se encuentra la mujer protagonista de Humo, que se ha refugiado en una cabaña en un bosque y se niega a dejarse atar por el cariño del hombre que la visita o del niño que un día apareció en su casa. Solo el instinto la lleva a la supervivencia frente a una naturaleza cada vez más hostil.

El tema es candente y José Ovejero lo presenta en una novela corta con una prosa salvaje y a veces muy dolorosa. Da escalofríos leer algunos momentos como la muerte de la gata o el accidente de la mujer, pero también en cierto contexto uno ve a la naturaleza como algo extraño y absolutamente invivible. Por otro lado, el hambre se entremezcla en el relato con una voluntad matadora.

–Es un libro bastante raro, la naturaleza es ajena a nosotros

–Yo creo que en países como España la naturaleza no existe, existe el paisaje. La naturaleza es mucho más brutal. Aquí, que vivo en el campo a veces, llega la canalización del agua, llega Internet, es una zona que ha sido civilizada. Cuando se habla de volver a la naturaleza, no es la verdad. Uno puede recuperar cierto contacto con el paisaje, con un entorno rural, pero la naturaleza es así. Todo el proceso de civilización consiste en independizarnos de la naturaleza, que no nos someta. En Humo, hay una mujer que vive en el medio de la naturaleza y tiene que vivir la dureza de las condiciones.

Te puede interesar:  El primer día de la Feria, una infausta noticia: Muere Almudena Grandes

–Hay muchas fuerzas de la naturaleza como los terremotos, los tsunami, que nos hacen volver a ella

–Sí, nos recuerda lo que es. Estamos en una epidemia mundial, el virus es naturaleza. Este retorno a lo rural, incluye una cierta mentira. Todos vuelven a lo rural por el placer, pero lo que oculta es la precariedad. Mucha gente se va al campo no porque le gusta más el campo, sino por la necesidad.

–Hay en Humo una suerte de relaciones humanas…

–Está claro que la llegada de esa mujer a la cabaña no nos queda claro por qué es. El matrimonio ahí no tiene sentido. Hay que decidir de nuevo sobre las relaciones. La mujer trata de llevar una vida autónoma.

–Una vez que se hiere si no la salva al niño, no se salva

–Ella como decía intenta que los afectos no la limiten, pero es imposible vivir sin afectos. Con el niño se puede comunicar poco, puede tocarlo poco, porque el niño lo rechaza. A la hora de sobrevivir esos lazos son fundamentales.

José Ovejero
Creo que hay una parte de la novela que tiene que ver con la fragilidad, pero también con el placer del propio cuerpo. Foto: Cortesía Facebook

–El sexo ocupa un lugar central dentro de esta dinámica

­–En relación con los dos hombres que va a la cabaña. En una hay una relación sexual, el hombre querría algo más, pero ella no quiere. Y luego una relación de violencia, donde sucede una violación, ella lo llama “el intruso”.

–Entre el gesto humano y lo que pide la naturaleza, la mujer está en esta distinción

–Sí, claro, está aprendiéndolo. Está haciendo un aprendizaje, está claro que ella no ha vivido del mundo urbano. Creo que hay una parte de la novela que tiene que ver con la fragilidad, pero también con el placer del propio cuerpo, a pesar de las condiciones tan duras que pasa.

–También juzga su cuerpo

–La cultura es un aprendizaje que se queda ahí. Aunque nos podemos mudar de lugar, seguimos llevando quiénes éramos con nosotros.

–“Quiero sobrevivir, aunque sea hambrienta, dolorida, rabiosa…”, dice la mujer

–Sus decisiones no tienen que ver con asuntos morales, sino la idea de cómo puedo sobrevivir mejor. Vive una serie de momentos que son extremos.

–Esta literatura es muy distinta a lo que es clásico en la tuya

–Es una novela que rompe con bastantes de mis temas. Pongo a una mujer aislada en el medio del monte, supongo que tiene que ver con un proceso de crecimiento, de estar buscando otras formas de expresarse. Desde hace año y medio he empezado a venir al bosque, a las montañas y empiezas a ver otro entorno, cuando te quedas aquí un tiempo empiezan a cambiar cosas, tus sensaciones, la rapidez de las cosas que te rodean, la simultaneidad que es propia de lo urbano prácticamente aquí desaparece. Hay que encontrar otro lenguaje. El tiempo lo vivo de otra forma, el tiempo cambia, mis sensaciones corporales también. Por eso cambia mi lenguaje, se vuelve más poético, tiene otra duración, otra respiración. Cuando irrumpe el hombre también irrumpe una relación de poder. Está armado, tiene más fuerza y puede imponer otras cosas. La naturaleza no tiene voluntad, a veces ocurre de una manera destructiva, en la relación con las personas es distinto. Eso modifica mucho más la vida en la cabaña, mucho más que las abejas.

Comments are closed.