Alma Delia Murillo

Este monolito de la familia va destruyendo seres humanos: Alma Delia Murillo

El relato es sincero y tiene un poco esas cosas que guardan las autoficciones, no hay un personaje o una sustancia entre el lector y el autor, sino más bien  el desencadenamiento de una turba que a todos nos envuelve.

Ciudad de México, 8 de junio (MaremotoM).- Una mujer trata de buscar a su padre, tal vez sólo para sentirse completa, para saber de dónde viene. Es la hermana de 8 y sus hermanos no están tan urgidos, a veces las familias son cada una en cada persona. A ella, en una novela autobiográfica, se mete en una road trip “sin más referente que una fotografía vieja. Mientras narra la decisión de ir a conocerlo y el viaje que la lleva de Ciudad de México a Michoacán, iremos construyendo, junto a ella, el pasado, los amores, las alegrías, los accidentes, las ausencias”, dice la sinopsis.

En sus anteriores libros, Alma Delia Murillo ha seguido un poco la ruta de la narrativa, haciendo cuentos, novelas, basados como siempre en sus sentimientos, pero al mismo tiempo echando por vuelo la imaginación. En La cabeza de mi padre (Alfaguara), la escritora se ha corrido para el cuarto de la autoficción, poniéndose ella misma como centro y planteándose que “todos somos hijos de Pedro Páramo”.

El relato es sincero y tiene un poco esas cosas que guardan las autoficciones, no hay un personaje o una sustancia entre el lector y el autor, sino más bien  el desencadenamiento de una turba que a todos nos envuelve.

La cabeza de mi padre es un libro transparente, en el que los lectores acompañaremos el viaje para dar con ese hombre de destino misterioso y, quizá, alcanzaremos a ver destellos de nuestras propias búsquedas. Una historia escrita desde la entraña, desde donde sólo se puede transitar el camino hacia el origen”, afirma Alfaguara.

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“No sólo es una realidad la ausencia del padre en México, es milenaria, es arquetípica y está la ausencia en el relato. El 95 % de la gente con la que he hablado me han dicho: Mi padre se fue. Estoy encontrándome con la cercanía de un montón de gente y que no habíamos relatado todo esto”, afirma Alma Delia Murillo.

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“Yo en la novela paso por la deconstrucción del arquetipo. Pensar en el padre como si fuera un escudo, el gran proveedor y cuando se va queda la madre, con la camisa prendida hasta el cuello y que no se consagra más que al cuidado de los hijos, pero si los niños están mal es porque es permisiva…este monolito de la familia va destruyendo seres humanos con tal de encajar en los arquetipos”, expresa.

“La ausencia es la que hace la literatura o la búsqueda que empieza con una ausencia. Esta sensación de ir con el origen roto, con una pata que me falta. Siempre me refiero al fantasma del miembro mutilado, nunca dejé de sentir nunca que me faltaba el padre. Esta aventura es que tengo que ir a averiguar de dónde carajo vengo”, dice.

Alma Delia Murillo
Yo en la novela paso por la deconstrucción del arquetipo. Foto. Cortesía

“Ese padre finado, que yo decía refinado, mis hermanos decidieron matarlo. Luego había datos de que no estaba muerto. Cada quien se hace su ficción familiar. Es elegir una forma de narrarla, de los ocho siempre fui la que dijo: yo quiero saber”, afirma.

“Es la primera vez que yo escribo en este registro, todos mis libros anteriores hay personajes, aquí soy yo. En algún momento pensé en hacer personajes, pero no se sentía bien, me lancé a contarlo de esa manera. La sensación de estar expuesta hay que tratar de acallarla, porque de otro modo no escribes”, agrega.

La manera de escribir de Alma Delia Murillo es cercana a los lectores, aquí relata el relato del viaje y el tercer camino son los intertextos, “pues estoy hecha de esos libros que me rescataron de tantas cosas”.

Alma les dijo a sus familiares que iba a escribir La cabeza de mi padre y todos la autorizaron, “la escribí con esa venia”.

En el cumpleaños de su madre les dio la novela y es hasta la fecha que no han dicho nada.

“Yo no tengo la menor duda de que escribir es mi oficio y me confirma que escribo con cierta carga emocional. Soy muy kamikaze”, afirma.

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