Estilo Inglés

Estilo británico, una extravagancia funcional

En términos del guardarropa de Mick Jagger, tan británico icono bien podría ser un italiano che vuò fà l’americano; paradojas del rock). Acaso haya que encontrar en esa conciliación de opuestos la explicación a la durabilidad del estilo británico, nunca rígido pero siempre en fascinante tensión.

Ciudad de México, 11 de noviembre (MaremotoM).- Soy un usuario convencido del Metro: en México casi todos los días de mi vida pero también si de visita en Paris o en Nueva York, en Lille o en Monterrey, en Viena o en Montreal. Lo cual quiere decir que celebro muchas de sus bondades para conmigo y para con el entorno urbano –me ahorra minutos preciosos (y hasta de horas) perdidos en el tránsito o en pos de un estacionamiento, me guarda de contribuir al caos vial y a la contaminación (ambiental como auditiva y hasta visual)– aunque no que se traduzca en una experiencia grata y menos estéticamente estimulante: viajar en metro es útil y responsable pero oscila entre lo francamente desagradable y lo meramente pedestre. Con una honrosísima excepción: el de Londres.

Viajar en the underground–o, mejor (y puesto como el aspirante a londinense que soy), en the tube– equivale a pensar que el mundo podría ser, si no un lugar mejor, cuando menos uno mejor vestido. Cierto, el ingreso promedio de los usuarios del transporte público en la capital británica es muy superior al de los de la mexicana, pero ésa no parecería la justificación princeps del fenómeno.

Estilo inglés e italiano
En Milán y en Florencia, en Venecia y en Roma, los pantalones aparecen un pelín demasiado justos. Foto: Cortesía

Primero –cosa harto curiosa, acaso inusitada en cualquier otro país con excepción de Italia–, la tasa de éxito vestimentario en el metro londinense resulta mucho más alta entre los hombres que entre las mujeres, lo que hace unos 250 años que no se verifica en otras partes del mundo.

Y, segundo, y salvo excepciones, las telas de los trajes (porque muchos los llevan) no se antojan especialmente lujosas y la ropa “de marca” o “de diseñador” –los logotipos conspicuos y asaz vulgares– no se ven demasiado. Lo excepcional entonces residirá en tres rasgos acaso irrepetibles en otras latitudes: el corte, por lo general impecable; la minucia en los detalles; y una discreta pero innegable vocación por la excentricidad.

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He dicho irrepetible pero también he apuntado a los italianos como la otra excepción a la regla crudelísima que mantiene a los hombres del mundo en un estado más o menos generalizado de impresentabilidad. Me contradigo y no. Porque el estilo vestimentario masculino italiano es cosa igualmente hermosa pero toda otra, que es posible definir a partir de la palabra osadía o de una intraducible de aquel idioma: sprezzatura.

En Milán y en Florencia, en Venecia y en Roma, los pantalones aparecen un pelín demasiado justos y los sacos una nada demasiado cortos, los nudos de corbata demasiado estudiadamente descuidados y los pañuelos de seda demasiado orgullosamente vistosos, la excentricidad no se asume discreta sino se enarbola desafiante.

En Inglaterra, en cambio –y si digo Inglaterra es porque desconozco el estado de las cosas sartoriales en Escocia, en Gales o en Irlanda–, estos rasgos tenderán a lo puntillosamente correcto. Sacos, pantalones y camisas esposarán con precisión los contornos del cuerpo; las corbatas consignarán un guiño (pero no un aspaviento) de fantasía en su nudo; y los atuendos en su conjunto exhibirán un rasgo incongruente –una combinación inesperada de patrones en camisa y corbata, el uso de una pajarita en un atavío de trabajo, la incorporación de un color inesperado en un paraguas, un pañuelo o el forro de un traje– pero sólo uno.

Estilo Inglés
Jude Law, extravagante y funcional. Foto: Cortesía

Los elegantes pasajeros del tubedisponen de un largo linaje de ejemplos a disposición de su inspiración vestimentaria: Oscar Wilde y Beau Brummell, Cary Grant y Noël Coward, David Bowie y Jude Law, hermanados en su interés por la extravagancia pero todavía más en su supeditación de ésta a la funcionalidad. (He omitido deliberadamente de la lista a Mick Jagger tras llegar a una conclusión sorprendente pero innegable: en términos de su guardarropa, tan británico icono bien podría ser un italiano che vuò fà l’americano; paradojas del rock). Acaso haya que encontrar en esa conciliación de opuestos la explicación a la durabilidad del estilo británico, nunca rígido pero siempre en fascinante tensión.

Fuente: Blog de Nicolás Alvarado / Original aquí.

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